lunes, 14 de octubre de 2013

Conmoviendo profundamente al otro

Bueno, esta entrada la hice porque como me la paso haciendo teorías sobre todo, creo que logré sintetizar varias ideas mías concernientes a por qué las personas entre sí se empiezan a querer, encariñar, sentirse unidas, cercanas y demás. Siempre me pregunto el qué factores hacen que las personas logren tener realmente una conexión profunda e íntima entre ellas y por qué muchas veces no se llega a eso, y creo que al fin encontré una manera de expresar lo que veo y creo de manera bien sencilla.

Vamos con las ideas:

Digamos que todos vemos en series, pelis, libros y en la vida real cómo las personas logran un apego especial entre ellas y cómo muchas veces simplemente no. Digamos que, entre los ejemplos que más se ilustran, las personas tienden a encariñarse mucho con otra - hago referencia a una relación entre dos personas, no simultáneas con otras - por ciertas palabras o gestos particulares, y no precisamente porque de un día para el otro se den cuenta de cuán especial, importante o lo que sea es para uno el otro.

Ejemplos muy concretos y exagerados (como así intensos) se reflejan en personas que realizan un sacrificio por otra, gestos tiernos y educados, palabras dulces y demás. Ahora, ¿por qué no siempre "funciona" eso? Es súper fácil: depende cuánto podamos conmover a la persona. Dejando de lado el cliché de regalarle flores a una chica o ser toda una dama para un hombre, como así también el tener una aventura extraordinaria e intensa que una a otro, hay muchas cosas que dependen de la otra persona y qué la puede llegar a conmover, afectar o conquistar.

Digamos que en general hay cosas que conmueven a todo el mundo, sean halagos, palabras tiernas y dulces, pasar momentos juntos o un gesto muy en particular que puede dejar al otro atónito o inclusive "sensible" ante nosotros, y eso puede hacer que inclusive se encariñe más con nosotros y nos extrañe, nos quiera ver, bla bla bla. Pero por otro lado, ciertas cosas son específicas de cada persona, y no "funcionan" para todas por igual. Obviamente hay situaciones totalmente extremas como las ilustradas en historias y fantasías que lo ilustran claramente, como cuando alguien realiza un sacrificio por otra persona o cuando con un gesto tierno y puro le demuestra su interés o aprecio, pero otras cosas - tales como los modales, compartir tiempo juntos, hablar, tener mismos gustos e intereses - simplemente no afectan al otro sí o sí de una manera en especial.

Por eso se ve claramente que hay personas que no nos gustan, no nos interesan o que simplemente no pinchan ni cortan para nosotros, por más amables o decentes que sean, ni siquiera como un posible amigo a futuro en nuestra vida.

A ver, vamos con dos ejemplos más concretos y muy específicos, uno para amistad y otro más para algo romántico.

1) En las amistades generalmente uno recuerda o sabe que quiere al otro, cuando por ejemplo recuerda todo lo vivido con él. ¿Importan que la cantidad de tiempo que lo conozcas sean años o que tengas muchos intereses o gustos en común? No, importan ciertos momentos, ciertas situaciones específicas que uno nunca olvida o que no son muy difíciles de recordar. Algunas personas saben que otra es su amiga por compartir un gran viaje juntos, porque fue escuchada, contenida y comprendida cuando contaba intimidades suyas, o cuando inclusive tuvo un hombro sobre el cual llorar cuando realmente estaba quebrada o desgarrada por dentro. Es decir, con que ambas personas vivan juntas ciertos hechos, bien concretos e "intensos", ya puede surgir un respeto, consideración o aprecio especial por el otro, dejando de lado charlas tontas o superficiales sobre tal o cual cosa o la cantidad de veces que hayan tenido que convivir forzosamente o porque quisieron.

2) En el tema romántico es un tanto más intenso y complejo, porque para las personas funcionan distintas cosas para que el otro te interese/guste/predisponga sexual o afectivamente. Para algunas personas que una persona tenga un lindo rostro y le dirija una mirada tierna o simpática ya es motivo para sentirse conmovida, para otras lo son tener charlas íntimas donde se cuentan pensamientos, sentimientos u otras cosas de manera segura, tranquila y cómoda, por más que sean un par de charlas inclusive en muchos casos, y en otros casos el simple hecho de ser admirable para el otro ya puede predisponerlo a caer bajo sus encantos con un par de gestos más que se dirijan a esa persona "débil" por uno.

A lo que voy en otras palabras: la manera de lograr conectar con uno, ser realmente cercano, ser íntimo y especial - sea de la manera que sea - es viviendo ambas personas una experiencia compartida y valorada de una forma similar que sea "intensa", que atraviese las barreras que otras personas no pudieron, que logren captar su atención e interés, que entren como un gesto cargado de afecto en sus recuerdos y que realmente sepa tocar sus "puntos débiles" como ser humano sensible y afectado por otro.

Es por esto que las personas buscan conquistar a otras o inclusive simpatizar por una simple amistad: quieren demostrar, imponerse, buscan activamente conectarse (a veces atolondrada, tonta, inmadura o vanamente), y realmente ponen su esfuerzo y voluntad en marcar la diferencia, en llegar a acercarse al otro de una manera muy próxima y dulce, de romper sus esquemas mentales o conmover sus mociones tiernas que yacen quizá por ahí dormidas. ¿El problema? Depende qué quiera o necesite la otra persona, y si está predispuesta a abrirse a nosotras y compartir o "invertir" un espacio de su vida en nosotros.

Lamentablemente la superficialidad están presentes en las personas y cosas como el verse bien físicamente, el ser simpático, gracioso, "buena onda" o alguien "conocido e interesante" a simple vista o a primera impresión regulan y pautan el cómo las personas se predisponen con uno y con los demás, y eso puede inclusive anular las cosas que tenemos para ofrecerle a otro, quien tiene su atención en otros aspectos o rasgos de quizá otro ser humano, y por supuesto que debe haber una reciprocidad.

Esta es una manera de reconocer cuánto, cómo y el porqué queremos a tal o cual persona: saber reconocer en nosotros mismos cuántas veces hemos tenido un contacto íntimo, dulce, tierno y humano con ella, y no cuán bien nos llevemos con ella y hace cuánto la conozcamos. Uno puede tener una potencial afinidad con otro increíble y totalmente nueva, pero si ambas personas lo único que hacen es hablar tonterías o no profundizar su vínculo de manera emocional, o sin interés en conocer facetas del otro ocultas a simple vista - o en todo caso profundizarlas - obviamente que nunca va a haber un aprecio profundo, firme y único por esa persona, por más que esté latente en esa relación una posible naturaleza "especial" que podrían construirse.

Concluyo que hay que intentar, cada tanto, tener un contacto íntimo con alguna persona que veamos que vale la pena para tal o cual cosa (sea amistad o algo romántico, me es indiferente), acercanos a ella cautelosamente, sin tontamente espantarla o invadir su espacio personal, sino tocando primero su puerta, esperando en el umbral, y ver si está dispuesta a recibirnos.