martes, 12 de marzo de 2013

Las cosas implícitas

Algo que muchas veces me pregunto cuando ando aburrido o después de juntarme un rato con la gente es "¿por qué la gente en general no es de decir las cosas directamente?", "¿por qué quedan asuntos no hablados o pendientes?". Me refiero a esos cabos sueltos, asuntos sin cerrar, cosas a tratar o elaborar que a veces nos producen angustia, bronca, frustración o que hasta inclusive nos quitan el sueño.


No estoy hablando de una sociedad utópica donde todos digan la verdad porque, como ya dije en mis entradas anteriores, mi postura es la de ahorrarse todos los comentarios u opiniones sobre otro que a uno se le raje porque uno tiene derecho a la intimidad, además de no estar obligado a comentar todo lo que uno siente o piensa respecto al otro. Pero no me refiero a eso: estoy hablando de cómo hay cosas que realmente necesitan ser habladas, que son importantes y/o urgentes, que perturban a uno, que lo alteran, que no lo dejan tranquilo, pero que sin embargo la gente prefiere negar, evitar o inclusive hacer como si nada, como así también están quienes reducen la "gravedad" o "importancia" del asunto y cuando tienen que hablar cara a cara - hablando en criollo - arrugan, la pechean, se echan para atrás, le entra el "cuiqui", etc.

Amo cómo la gente siempre se queja de otras personas y no van a hablar con quien deben. ¿Motivos? Más que obvios y esperables: timidez, miedo, angustia, dolor, culpa, cola de paja, orgullo, falta de voluntad o pensar que "ya va a pasar todo"/"ya se va a arreglar"/"seguro con el tiempo todo mejora". ¿Qué resultados se obtienen de esto? Enterarte por terceros cosas que sorprenden y/o que desagradan mucho respecto a otro, tener charlas donde constantemente se tiran comentarios con significados o mensajes implícitos, intentos estúpidos de llamar la atención, discusiones por malentendidos, personas ofendidas que están meses o años sin verse por no aclarar o arreglar las cosas, personas que de repente están ofendidas con vos y no sabés porqué, situaciones donde se evitan hablar ciertos temas, gente que rechina los dientes de tener a otra en frente, quejas, quejas y más quejas.

Lo sé: es difícil hablar algunas cosas, y las frases típicas de "tratá de hablar bien", "sé delicado", "tratá de no confrontar" o "sé amable" parecen una utopía inaplicable ante ciertas situaciones que de hecho son bastante sensibles como así también complejas. ¿Qué quiero decir? Que hay situaciones que sí o sí van a ser incómodas, que el otro puede resultar ofendido casi obligadamente por un contenido expresado (sea de la manera menos dramática y más informalmente posible dicha) y puede haber un desenlace bastante desagradable que va desde una sarta importante de insultos hasta inclusive violencia gestual o física.

¿Saben? En este tiempo me puse a analizar todos y cada uno de los quilombos que tuve con todas las personas que mi memoria me ofrece por esta época, y mis conflictos siempre se debieron a estas cosas:

1) Un tercero aburrido/metido/enfermo que se mete en el asunto y transmite cosas que una parte jamás dijo sobre la otra, distorsionando cómo la realidad fue expresada(o al menos siendo sacada de contexto)

2) El guardarse muchas cosas respecto al otro y nunca comentarlas, explotando ante la más mínima confrontación con esa persona, largando de repente cosas que uno jamás imaginaba que iba a decir o escuchar respecto a la relación que se tiene con el otro.

3)  Por ambigüedades nunca aclaradas, ya sea a nivel conductual o verbal por ejemplo, que llevan a sacar conclusiones erróneas.

¿Qué resultados obtuve? Desde gente que de repente estaba ofendida conmigo sin saber porqué hasta personas que no podían sostener la mirada al verme por ocultarme cosas que sentían o pensaban respecto a mí.

¿Por qué a veces somos tan ilógicos y nos complicamos las cosas? ¿Por qué andamos jugando al "dígalo con mímica" con otras personas? ¿Por qué expresamos lo contrario de lo que sentimos o pensamos? ¿Por qué dejamos ciertos asuntos pendientes, abiertos o sin tratar? ¿O por qué inclusive los esquivamos? ¿Tenemos miedo a que el otro nos salte encima, nos rechace o nos haga ver que quizá estamos equivocados?

Ejemplos bieeen comunes: 

1) Tenés un problema con alguien por sus comentarios ácidos u ofensivos constantemente. ¿Qué vas a ir a hacer? ¿Ir a hablar con esa persona? ¿O quejarte de ella y aguantarte cómo te humilla o denigra con sus comentarios soberbios y sobradores?

2) Te gusta una persona posta y tenés ganas de intentar algo con ella. ¿Vas a ir a sincerar tus intenciones/intereses/sentimientos respecto a ella? ¿O vas a empezar a ignorarla o histeriquearla para ganar su atención?

3) Hay dichos o conductas de alguien que constantemente se contradicen y la persona parece mentirte o dar imágenes falsas de ella. ¿Vas a ir a señalarle esas cosas? ¿O simplemente vas a tener un intento de vínculo decente con alguien en quien realmente no confiás?

4) Hay un cierto tema que querés hablar con alguien porque realmente te parece importante o urgente. ¿Vas a arreglar un día para hablarlo? ¿O simplemente vas a hacerte el boludo esperando olvidarte mágicamente del tema o que la persona venga a planteártelo primero?

5) No te bancás ciertos compromisos sociales como juntadas con personas que no conocés o cumpleaños llenos de gente. ¿Vas a expresar tu preferencia a tener momentos íntimos con gente puramente cercana o vas a meter excusas siempre para juntarte?

6) Una persona que te parece insoportable te invita a juntarte con ella, ¿pensás hablar y comentarle que no tenés ganas de verla o en cambio de eso vas a estirar como chicle la fecha de juntada?

 7) Sabés que tenés que plantearle algo groso a alguien y lo tenés en frente porque posta lo necesitás, ¿lo planteás firme o reducís la importancia del asunto para no incomodar al otro y evitar que se largue a llorar o te putee?


Y así puedo tirar infinitos ejemplos que comparten las mismas cosas en común: uno haciéndose el boludo y tragándose las cosas, además de comunicar de manera ambigua o fallida lo que uno siente o piensa respecto a la situación actual que se tiene con el otro. Y ojo con esto, presten atención: no digo solamente NO hablar las cosas y quedarse callado aguantándose, también digo expresarlas y de manera hasta inclusive contraria. No puede ser que haya gente que me saluda y sonría siendo que me detesta, como así tampoco puede haber gente que está muy encariñada conmigo pero que en lugar de ser tierna se pone violenta o aparentemente indiferente conmigo. ¿Esta es otra prueba de mi tesis de que los humanos somos fallados de fábrica y hasta somos ilógicos por más que tengamos un cerebro más que evolucionado y capaz de ponernos en una posición mejor?

Y uno comienza a maquinarse como siempre: ¿cómo sabemos que el otro realmente confía en nosotros y en realidad no disimula su recelo con falsas sonrisas? ¿hasta qué punto podemos estar seguros que alguien nos quiere con abrazos que pueden ser fingidos o hasta por compromiso? O al revés: ¿cómo no sabemos si esa persona que no nos dirige más la palabra en el fondo nos extraña o nos aprecia muchísimo? ¿cómo estamos seguros que aquel que se muestra frío con nosotros en el fondo no siente ganas de abrazarnos por dentro? ¿Cómo podemos dar por seguro que no estamos enamorando a alguien, formando una amistad casi eterna o produciendo admiración inclusive si esa persona demuestra inclusive lo contrario? ¿Por qué creemos que ciertos temas "ya fueron" o "ya están" porque la persona jamás los volvió a tocar, siendo que en realidad los está esquivando o hasta quizá le siguen dando vueltas en la cabeza?



No es mi intención provocar paranoia ni recelo para poner a unos contra otros, pero sí es mi intención señalar el cómo las personas no siempre somos sinceras, claras o abiertas a la hora de expresarnos en muchos asuntos o cuestiones que - sea por su forma o su contenido - son incómodos de tal o cual forma, por tal o cual razón. Sé que muchos tienen remordimiento, culpa, pena o arrepentimiento, además de quedarse mirando fijos en un punto en el vacío o mordiéndose el labio por no haber hablado un asunto con alguien, pero eso demuestra que como nos pasa a nosotros, puede pasarle a un tercero cualquiera este asunto con nosotros. 

¿Tanta indiferencia, miedo, rechazo o pudor podemos llegar a producir? La respuesta: sí, y mucho, o una mezcla de todo lo antes dicho. ¿Y el carácter o la fortaleza de la persona influyen? La verdad que no, porque conozco gente que tiene las agallas (para no decir "huevos" en el caso de los masculinos y "ovarios" en el caso de las féminas) para putear a toda cosa existente que le moleste, pero no así para enfrentar a quienes debe, como así también conozco gente de carácter débil o que es sumisa o masoquista, pero que cuando se harta bien que se expresa firme.

Y btw las viñetas las tomé prestadas con permiso como siempre de Misantropía Gráfica

¿Conclusión? No estoy diciendo que vayas y plantees, reclames o exijas al otro explicaciones sobre él de manera directa y cruda porque "decir la verdad te va a ahorrar quilombos" o porque "no te banques la ambigüedad", pero la verdad que antes que andar dando vueltas, hablando en chino mandarín o haciendo lenguaje de señas o posturas incómodas con tu lenguaje corporal, soportando sentimientos o pensamientos realmente molestos como esperando que mágicamente el otro se de cuenta, andá y hablá las cosas sea como sea, porque el conflicto y la tensión siempre están, e inclusive sirven para mejorar las cosas, pulir asperezas, dejar de lado diferencias, sacar dudas o resolver misterios...

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