domingo, 6 de enero de 2013

Complejos de inferioridad

Todos tenemos ciertos asuntos o cuestiones que cuando nos acordamos se nos puede borrar nuestra sonrisa de la cara, y comenzamos a acomplejarnos y a empezar a balbucear cuando tenemos que hablar sobre ello: son asuntos no resueltos o cabos sin atar. Pero en esta entrada me voy a referir a los popularmente conocidos como "complejos de inferioridad" solamente.

Muchos complejos de inferioridad los tenemos por experiencias negativas, como frustraciones o humillaciones, y como también por prejuicios propios, sean puramente de origen interno o porque la realidad nos dio un indicio de que las cosas no podrían salir muy bien. 

Físicamente nos encogemos, sentimos que de repente la realidad es monstruosa y preferimos quedarnos en un rincón quietos, esperando que todo pase, o huimos a una dirección opuesta respecto al asunto, que puede ser tanto un tema como una situación bien específica por supuesto. 

Ni hablar de los vuelcos en el estómago o la sensación de que nos cae un balde de agua fría cuando ciertas personas nos cuentan cómo experimentan o viven ciertas situaciones o experiencias que venimos esquivando o evitando porque nos superan de alguna forma. 

Y acá en general hay dos caminos para elaborar las cosas: o empezás a odiarte a vos mismo, reprochándote las voces en tu cabeza cosas bastante fuertes y constantes, como humillaciones y denigraciones ("sos un/a pelotudo/a", "sos horrible", "sos un/a loser", "das pena", "sos patético/a", "sos débil", "no sos digno/a de tal o cual cosa", etc.), o... comenzás a detestar a todo el mundo y a comenzar a construir una coraza de orgullo y miedo que te ayude a protegerte ("la gente es una mierda", "la vida es injusta", "¿por qué me siento así?", "envidio a los otros que siempre se sienten bien", "ya fue, no necesito de eso"). Personas que constantemente denigran a su propio yo o que siempre tienen un aspecto sombrío o melancólico con ciertos temas, como pueden ser asuntos estéticos, sociales, sexuales, académicos, etc., son personas a las que evidentemente cierto asunto o situación evocada en una charla les meten el dedo en la llaga, y es porque hay una herida abierta que nunca fue curada.

Si en general decís que no necesitás tener amigos, es porque posiblemente siempre quisiste tener uno y saber lo que sentían los otros al tener uno, si decís que está bien solo y que no te dan ganas de tener pareja es porque posiblemente te quedaste esperando y te dejaron plantado. Si sos una persona que odia que le den cariño y que "no necesita" que la escuchen, posiblemente sea porque cuando necesitaste cariño nadie estuvo ahí para vos, y por eso optaste por desvalorizarlo y auto-convencerte de que no lo necesitabas. 

Si decís que no te gusta verte bien física y/o estéticamente es porque posiblemente te sentís tan poca cosa que ni siquiera considerás que sos digno de arreglarte, porque vanamente intentarías verte bien. Si nunca aceptás ayuda ajena y te gusta hacer todo solo quizá es porque en tu pasado te hicieron sentir tan inferior que te arrastrás dolorosa y orgullosamente demostrando que podés solo con tu carga, poniéndote firme contra el mundo y demostrando que sos fuerte y que nadie te va a pisotear. Hay muchos ejemplos de muchas situaciones, pero estos son los más comunes.

Como leí una vez en unos apuntes de psicoanálisis, se podría decir que pasa esto: hay una supresión de un deseo o necesidad porque tiene que ser aniquilado, antes que ello nos aniquile a nosotros. Es decir, aprendemos a decir "no" a algo por más que nos duela en el alma, rechazamos oportunidades por miedo a fracasar o a que el dolor supere nuestro umbral y nuestra tolerancia, negamos escuchar posibles razones o soluciones al asunto porque demostraría que estamos equivocados o demasiado sesgados con ese estilo de vida que tanto tiempo nos costó formar para protegernos de lo molesto, doloroso o desesperante. 

A veces además optamos por no vivir ciertas cosas para no conocerlas, y así sumirnos en la ignorancia o ingenuidad para mantener a salvo y estable el baluarte que creamos para protegernos, como así también aprendemos a usar máscaras y creamos personajes o roles que usamos como disfraces con los demás, para adaptarnos al apremio injusto de la realidad, fingiendo que todo está bien, tapando o maquillando las heridas y escondiendo nuestros puntos débiles. 

Podés ser un genio de las bromas, ser súper sociable y simpático o ser súper exitoso en algunos aspectos de tu vida, pero una cosa no compensa a la otra, y si tenés un asunto irresuelto te va a seguir jodiendo, tengas un excelente promedio, tengas miles de amigos o seas súper sociable y exitoso con el sexo opuesto, más si tus logros y buenas experiencias nada tienen que ver con el asunto en cuestión (porque en caso de tener alguna relación o asociación, podrías tener un efector rebote que ayudase al menos).

En general las personas orgullosas entran en esto, porque les enferma demostrar que se equivocan o que alguien está por encima de ellas, y ni hablar de que no admiten sus debilidades y su intolerancia al fracaso. 

Las personas "frías" se incluyen también, puesto que no son personas insensibles muchas veces: son personas que son extremadamente sensibles y prefieren evitar ciertos estímulos que las afecten y perturben demasiado, además de preferir no conectarse con ciertos sentimientos que les molesten bastante. 

Las personas cobardes e inseguras también entran (sea porque se tornaron así por el asunto irresuelto, o porque los rasgos de su personalidad de base la predisponen a eso), y es porque su falta de carácter, perseverancia, insistencia o iniciativa las inhibe y bloquea penosamente para avanzar en solucionar las cosas.

Podés tener una vida sexual plena, pero sentirte vacío de un cariño genuino de una persona cercana. Podés ser un alumno ejemplar en la facultad pero ser un frustrado sexual. Podés ser una persona estéticamente llamativa pero aun así ser torpe a la hora de hacer sociales. Podés ser bastante popular pero aún así sentirte una persona insegura y cobarde en el fondo. Las combinaciones son bastantes si uno lo piensa muy por arriba.

¿Conclusión? Una manera de enfrentar nuestros complejos es intentando refutar nuestras creencias o sentimientos respecto a esos asuntos o situaciones específicas, tratando de conocer excepciones, casos donde no se cumple la regla, observando la realidad tal como es, intentar recordar a partir de cuándo nos comenzamos a sentir así, observar si ahora que pasó el tiempo tenemos recursos para sobrellevar esas cosas, como también ver si en realidad no somos nosotros quienes nos auto-boicoteamos las oportunidades de estar bien. ¿Es fácil? Obvio que no, no es fácil enfrentarte a algo o siquiera mirarlo cuando te aterra o te angustia tanto, pero muchos complejos se solucionan re-experimentando (o justamente, experimentando por primera vez) ciertas cosas. Y pensar que tantos autores se hacen ricos escribiendo estas cosas en veinte mil libros que dicen lo mismo... ay ay ay...

No hay comentarios:

Publicar un comentario