martes, 11 de diciembre de 2012

Cuando la mayoría gana

A veces cuando sentimos, pensamos o hacemos algo, el que más de una persona lo repruebe o lo ignore nos hace considerar esa acción, pensamiento o sentimiento como algo inútil, fútil o tonto. En caso de abandonar o desmerecer ese "algo", intentamos auto-convencernos de que los otros tienen razón, porque es algo llamativo que más de una conciencia nos diga lo mismo, o al menos no lo apruebe. En caso de continuar sosteniendo, fomentando, aplicando o creyendo ese algo, lo hacemos secretamente, porque que todos lo sepan podría producirnos vergüenza o humillación.

Por ejemplo algo que nos guste: algún deporte, alguna música, alguna persona, algún lugar, alguna postura política, religiosa, ética, etc. Muchas veces nos pasa que creemos estar seguros de los cimientos, de las bases que nos componen o nos permiten comprender el mundo o tomar decisiones, pero cuando varias personas nos plantean estar en desacuerdo (o cuando directamente nos humillan) surge varios dilemas, que abarcan desde la veracidad de algo (qué es cierto y qué no), la bondad del acto (qué es bueno y qué es malo), la utilidad (qué es útil y qué es vano), la dimensión estética (qué es más bello/agradable/lindo y qué es desagradable/repulsivo/poco atractivo) y demás.

Ahora uno dice "oh, yo me la re banco solo, no necesito de nadie para tomar decisiones y me chupa un huevo lo que digan o piensen de mí". Se, seguro. Todos necesitamos muchas veces aprobación o de que nos confirmen las cosas, por más que seas el ser más autocrático o badass del mundo, simplemente porque somos seres que necesitamos de los otros (quienes muchas veces son nuestro espejo de hecho). 

Por más que seas muy inteligente u orgulloso, vas a necesitar que una persona importante (o muchas personas conocidas o random) te confirmen o no alguna decisión que vayas a tomar. También vas a hallar alivio si encontrás a alguien en el mundo que te comprenda o entienda cuando postulás o planteás algo que experimentás o que aplicás, y más aún te regocija saber que sos parte del género humano cuando una cantidad de personas (variable obvio depende de la situación y del asunto) lo hacen.

El problema es que muchas veces, la mayoría de las personas censura, ignora, minimiza o repudia muchas cosas que podrían llegar a experimentar, tales como nuestro estilo de vida, nuestras emociones, actitudes con los demás, formas de ver el mundo, de explicar las cosas, etc. Y uno sin hacerse mucho la cabeza razona esto: "muchas personas postulan lo mismo, pero yo no, por tanto: o todas están mal, o yo estoy mal. ¿Y qué es más probable? Que yo esté mal", lo cual puede o no ser cierto, pero que produce duda o angustia muchas veces es algo seguro.

En general tendemos al conformismo muchas veces, y nos forzamos a que ciertas cosas nos gusten o no guiándonos por la mayoría o por una cantidad importante de personas que para nosotros es significativa. Tendemos a ignorar cosas originales, muy personales o innovadoras para no desencajar, para no ser alguien tan complejo que ni nosotros podamos entendernos. Además, da más seguridad y menos ansiedad el guiarnos por patrones, reglas o tendencias de los demás que intentar forjar un propio sistema de leyes, valores, de ponernos límites o de concebir maneras de sentir, actuar y pensar rompiéndonos la cabeza dudando o sobreanalizando todo. 

Es decir, uno razona "dah, todos lo hacen, mal no les va, así que ya fue, yo también". En pocas palabras: muchas veces nos contenemos y nos mandamos a imitar a los otros "porque sí", nos guardamos opiniones, negamos sentimientos, dejamos de hacer ciertas cosas y comenzamos a hacer "obligados" otras, modificamos nuestra forma de ver y concebir las cosas, como así también la manera de relacionarnos con los otros, todo porque la masa juzga, tambalea y desmerece nuestras convicciones y creencias más de lo que querríamos.

No es lindo tener una discusión con alguien defendiendo una postura personal y que entre media docena de personas te ataquen y refuten, como tampoco es agradable ver que algo te produce placer y a los otros les resbala, inclusive puede ser perturbante. 

Lo mismo cuando uno cuenta un chiste que no le hizo gracia a nadie, como también cuando uno postula algo que nadie entiende: "algo" (sea lo que sea) está mal con nosotros o con los demás. ¿Pero uno está dispuesto a enfrentarse contra todo el mundo? A veces es mejor abandonar el debate, la tensión y la discusión y simplemente mecanizarse a la par de los demás, por medio de la mímica, ahorrándose tiempo, stress y molestias.

Como dije en otras entradas de este blog, los críticos y los excéntricos por ejemplo superan esto, pero oh casualidad siempre caen en extremos. Las personas autistas, soberbias o muy orgullosas también pero la sufren, porque muchas veces se sienten solas en el mundo o hasta llegan a dudar de su "normalidad" y su cordura. 

Y el problema principal consiste en que somos seres sensibles que fácilmente nos podemos sorprender o asustar por muchas cosas, y por ello preferimos caminar por terrenos conocidos y no por lugares desconocidos de los cuales nos advirtieron que no nos conviene ir, o que de repente vemos que no están habitados o que son poco circulados. Por eso las personas siempre buscamos guía, apoyo, sostén, consejo, amparo, o la confirmación de aquello que planteamos o experimentamos.

¿Pero esto significa que la mayoría siempre tiene la razón y que hace cosas sanas, correctas, útiles o convenientes? No, y Erich Fromm (un autor que me encanta por cierto) lo ilustró muy bien con esta frase: “El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos errores no convierte estos en verdades; y el hecho de que millones de personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de estas personas gente equilibrada”.

Conclusión: ¿Hasta qué punto estamos influidos por la mayoría? ¿A partir de qué cantidad de personas consideramos el juicio colectivo como correcto o importante? ¿Qué cosas REALMENTE nos gustan, importan, interesan y cuáles no? ¿Qué tan ciegos estamos por el apremio social? ¿Cuánta cobardía nos inhibe o nos hace echar para atrás para desafiar pensamientos o conductas enfermas, vanas pero aún así populares? ¿Podemos ganar la batalla contra todo el mundo? ¿Es realmente malo o patológico ser diferente a los demás? Dilemas, dilemas everywhere...

jueves, 6 de diciembre de 2012

Imagos ilusorios

El término "imago", para el que se pregunte qué es, es una palabra en latín que significa "imagen" o "representación", y esta entrada justamente trata sobre cómo las imágenes nos determinan en la manera que vemos y experimentamos la realidad, o qué consideramos verdadero o falso. Sin embargo, como eso es todo un asunto bastante complicado, voy a intentar analizar y plantear todo de la manera más sencilla que pueda.

Básicamente, cuando me di cuenta que muchas cosas que creemos ciertas o reales en realidad son representaciones basadas en errores, prejuicios o mentiras, me surgieron los siguientes planteos: ¿hasta qué punto ciertas cosas que creemos o consideramos con mucha confianza reales lo son? ¿cuántas mentiras nos dan seguridad o nos configuran la manera de valorar o ver ciertas cosas? ¿Qué pasaría si nos enterásemos que ciertas cosas a las que estamos acostumbrados no son lo que eran realmente?

Voy a dar varios ejemplos, algunos de los cuales van a ser exageraciones que ilustren bien a lo que voy:

1) Supongamos que a alguien le dan de comer algo con los ojos cerrados, y uno dice "oh, ¿pero qué me vas a dar de comer?", a lo que el otro dice "naaada, vos confiá en mí, te va a gustar". Bueno, uno prueba la comida y es rica, y entonces el otro le dice: "¿te gustó? era caracol hervido", siendo que uno tiene un asco y repulsión bastante importante a bichos y cosas así como caracoles y babosas. Uno de nunca enterarse quizá hubiera creído que era una gelatina o algo así, pero uno al saber realmente qué era es capaz de vomitar instantáneamente y disgustarse bastante. Lo mismo con otras comidas: probás algo que se ve rico y resulta que estaba podrido o vencido cuando lo probaste, comiste algo que creía que iba a tener menos sal y por sorpresa te diste cuenta que se te fue la mano, etc. También podemos asociarlo a otros sentidos, no solamente el gusto: podemos estar sintiendo que se nos quema la mano, pero en realidad era porque estábamos apoyándola en algo demasiado frío, podemos ver ciertas cosas porque alucinamos (y no porque estén ahí), podemos escuchar voces que en realidad están grabadas, etc, etc, etc.

Resumidamente: los sentidos nos pueden engañar, o pueden ser engañados.

2) Estás viajando hacia otra provincia en un colectivo y el viaje es tranquilo y bastante cómodo. Pero apenas llegás a destino te enteraste que el colectivo estuvo toda la madrugada trasladándose por el borde de un precipicio y estuviste en riesgo constante de caerte y hacerte pelota. ¿El mini-infarto se te dio en el momento? No, sino en el momento que te enteraste esa realidad. Lo mismo pasa cuando creés estar en un lugar y te enterás que estuviste en otro, mucho más cerca o mucho más lejos de lo que creíste, como cuando uno no se ubica geográficamente en una zona, o cuando por ejemplo pierde la memoria (por el alcohol por ejemplo).

En términos más simples: nuestra percepción y orientación de dónde, cuándo y cómo puede estar incompleta por falta de información.

3) Imaginemos que uno recuerda con cariño un lugar al que viajó una vez, por ejemplo otra ciudad, y recuerda que había un lindo parque lleno de flores, pasto, con muchos juegos, produciéndonos eso buenas sensaciones. Uno entonces decide volver a ver qué tal está todo desde que uno se fue, y se encuentra que ese parque ya no existe y que encima construyen una empresa. ¿Qué pasó ahí? Una representación persistió en el tiempo y no se actualizó, se quedó con una impresión vieja del pasado. Lo mismo podría pasarnos si recordamos con cariño a alguien, y de repente nos enteramos que falleció hace mucho por ejemplo.

En otras palabras: nuestros sentimientos pueden seguir siendo estimulados por cosas que ya no son, pero que alguna vez fueron.

4) Otro ejemplo: supongamos que uno tiene a sus padres de toda la vida, pero de repente ellos te dicen que sos adoptado. ¿Cómo te afectaría esto? Bueno, depende mucho de la situación, el cómo y cuándo se dice esa verdad, y también el carácter y la personalidad de uno. Pero ese no es el punto: el punto es que básicamente rompemos una imagen o representación de ellos, eliminando o quebrando ciertas fantasías relacionadas a unos padres sinceros, honestos, sin secretos y que eran biológicamente de uno. ¿Consecuencia universal posible? Desconfiar de los otros y verlos como totales desconocidos. Esto pasa también cuando nos enteramos que alguien nos omitió, alteró o guardó cierta información sobre ellos mismos, sea cual sea: una metida de pata que hicieron con nosotros, la manera en que realmente nos ve, alguna cosa que hizo a nuestras espaldas, etc. Hasta la desnudez del otro en cierta forma es algo que tiene que ver: no podemos volver a ver de la misma forma al otro luego de conocer ciertas partes suyas (literalmente) que estuvo ocultando de nosotros, como también sucede cuando conocemos su hogar, o cómo es la persona en la convivencia por ejemplo. No por nada decimos "no conocía esa parte/faceta tuya", ¿no?

¿A qué voy?: que enterarnos de informaciones nuevas, raras o a la que no estamos acostumbrados puede superarnos y saturarnos, desconfiando o dudando de repente de lo que nos rodea.

5) Supongamos que uno está saliendo con una persona con la que pegó onda, que le gusta y bla bla bla, pero de repente esa persona le confiesa a uno que es un agente secreto al que mandaron a matarte, y que además ha asesinado a mucha gente y que sabe bastante sobre cosas oscuras e ilegales. "Eso es estúpido y fantasioso" me dirá uno, pero la sensación es básicamente la misma: de repente estuviste al lado de un total desconocido, o inclusive de un hipócrita. Ahora, si esas personas tuvieron salidas románticas, como también así juramentos y promesas: ¿fueron reales? ¿o fueron simplemente cosas para endulzar nuestros oídos?. En casos románticos también podemos citar ejemplos más concretos y realistas: preferimos no enterarnos las experiencias románticas y/o sexuales previas de nuestra pareja, preferimos no saber si mira a otras personas por la calle, o menos enterarnos si mira porno en su casa cuando está solo por ejemplo. Aunque también podría ser al contrario: querer cada vez más a alguien, poner nuestra atención en él (o inclusive admirarlo) por empezar a tener un concepto más rico y complejo de su persona, por ejemplo cuando nos dan buenas referencias de ella o cuando la conocemos más entre charla y charla o en momentos de convivencia.

6) Imaginemos que hace dos años más o menos tenemos un amigo: nos invita a su casa, conocemos a sus papás, es bueno, amable, gracioso, nos hace favores, nos escucha y demás. Pero de repente nos enteramos que es un actor que se aburre de la vida y que quiso engañarnos, contratando actores mayores que él para fingir que eran sus padres, y de paso usando una casa que no era propia. ¿Hasta qué punto vamos a confiar y creer de ahora en más en todo lo que diga esa persona? ¿La amistad se basó en cosas reales o en cosas puramente ilusorias? ¿Qué con esos sentimientos que experimentamos de afinidad, compañerismo, confianza y cariño? Y el planteo principal es el siguiente: ¿era esa persona real? ¿o sólo una parte de ella? ¿y a dónde fueron nuestros sentimientos inspirados por ella?

¿Qué significan los ejemplos 5) y 6)?: que nuestros sentimientos y la manera en cómo queremos o vemos al otro pueden cambiar con pizcas mínimas pero potentes de informaciones que contradigan o enriquezcan el concepto que tenemos de la persona. Nuestra actitud y postura frente al otro se modifica, al igual que nuestros sentimientos y conductas, todo por una alteración en los pensamientos que conforman la imagen o concepto que tenemos del otro.

Básicamente cambiamos nuestra forma de ver y relacionarnos con el otro cuando nos enteramos más cosas de él, que generalmente en las pelis, series y libros son a) malos hábitos de las personas (como compulsiones, vicios o defectos), b) un pasado oscuro (asesinos, trabajos secretos, personas con una vida muy mal vista asociada a los malos hábitos previamente dichos, etc.), pero que en la realidad son pequeños secretos descubiertos o confesados: ¿tu mejor amiga mira porno y es una ninfómana? ¿tu hermano es un drogadicto? ¿tu mamá engaña a tu papá? ¿tu papá espía y sigue gente por la calle? ¿te enteraste que un compañero tuyo te mintió en varias cosas? ¿de repente tu profesor no usa su nombre y apellido real? En internet llaman a eso "mindfuck", que es básicamente atorar tu cabeza o desestructurar tu mente espontáneamente con algo que te toma por sorpresa y te deja helado o pasmado.

Extremos de esto pueden ser personas perseguidas, desconfiadas y/o que dudan de todo y todos, como también así pueden surgir consecuencias tales como vértigo a la realidad, vacío existencial, angustia, ansiedad, tristeza o desesperación por constantemente estar desestructurando y reestructurando sus representaciones, modificando así los sentimientos y conductas que tengan relacionadas con ellas. 

¿Conclusión?  Da algo de angustia cuestionarse todo como hacen en la peli Matrix, pero es una realidad que muchas cosas no son lo que parecen, cosa que, personalmente, de a ratos me aterra. Sin embargo, ¿todo está basado en una mentira? No, porque justamente nuestras sentimientos funcionan de acuerdo a cosas que son CONSIDERADAS reales, y que podrían serlo. El verdadero problema es cuando esas cosas reales alguna vez fueron y ahora no, o cuando las exageramos o reducimos su realidad por mucho conocimiento, falta de conocimiento o prejuicios. Inclusive al ser estimulados por cosas "irreales" nos basamos en sensaciones de algo que alguna vez fue previo o que podría llegar a serlo (es decir, nunca son cosas totalmente descabelladas). Interesante dilema el de qué es y qué no es, ¿no?

domingo, 2 de diciembre de 2012

Querellas y disputas

Varias veces ya escribí que a las personas nos gusta complicarnos las cosas cada tanto en lo referido a los demás. Inclusive pareciera que muchos no podemos estar en un período de paz y tranquilidad con todos los que conocemos y/o nos relacionamos porque o metemos la pata o nos pasamos de bocones. El conflicto es algo que siempre está al acecho y muchas veces cruzamos una raya que es bastante difícil de reconocer.

Supongo que todos hemos tenido riñas, peleas, discusiones, golpes o toda una escena con al menos una persona con la que nos relacionemos (sea alguien que no soportamos, sea alguien a quien queremos bastante), pero eso no siempre desgasta una relación o hace que tengamos una aversión al otro: muchas veces hacemos catarsis y hasta conocemos más lo que el otro siente y piensa.

Los quilombos básicamente empiezan cuando dos personas opinan distinto, o peor: totalmente opuesto. Hay ciertos temas que evitamos tocar con ciertas personas porque sabemos bastante bien que si decimos lo que pensamos o sentimos se pudre todo: fanatismo religioso, sexismo, ciertos tipos de chistes, opiniones en lo concerniente a lo moral, formas de ver el mundo, etc.  Somos adultos, así que supongo que esa es la manera en que empiezan los problemas, no porque alguien venga aleatoriamente y te meta un puñetazo y uno de reflejo se lo devuelva como si fuéramos infantes.

Muchas personas tienen lengua bastante afilada a la hora de defenderse cuando se sienten ofendidas y/o amenazadas, otras empiezan a brotarse diciendo cosas random y sin sentido - pareciendo más una persona poseída hablando en otro idioma que alguien cuerdo - y otras simplemente prefieren estar de acuerdo con la última opinión para evitar problemas. Esto, obviamente, tiene mucho que ver con las necesidades de uno, la situación, el tema a discutir, nuestro carácter, nuestro temperamento, nuestras formas de descargarnos, de expresarnos o hasta de razonar, así que hay de todo.

En realidad no es necesario pensar en un campo de batalla con balaceras y explosiones de fondo para imaginar conflictos o "guerras" entre personas, porque tranquilamente en nuestra vida la mayoría de nosotros podemos reconocer que tenemos ciertas fricciones o roces con ciertas personas y preferimos no meter el dedo en la llaga diciendo o haciendo algo. ¿Cuántos de nosotros tenemos que hacerle la vista gorda a la conducta de alguien? ¿Cuántos tenemos que tragarnos palabras para no fomentar el conflicto cuando el otro se tara? ¿Cuántos tenemos que respirar hondo o controlar nuestros impulsos o emociones violentas cuando nos sacan la paciencia? La verdad que creo que todos hacemos eso, salvo que haya gente que cree que aplicar sus nudillos contra el otro repetidas veces sin pensar en las consecuencias sea una solución súper útil y a largo plazo...

También puedo agregar que con ciertas personas tenemos que evitar hablar a toda costa ciertos temas o hacer referencias (hasta en chiste) sobre algunas cosas: maltrato animal, chistes de humor negro, comentarios o posturas feministas o machistas, preferencias políticas o críticas a las religiones, etc. Podemos tener una amistad o un vínculo genial con una persona, pero cuando le tocamos ciertos temas (como dije en una entrada una vez): booom, se pudre todo y la persona se brota, y el problema es que cuando nos taramos se nos activa el modo cavernícola y comenzamos a tirar golpes para todos lados, y si nos intentan calmar o controlar es peor, porque desatamos a la bestia que tiene que estirarse un rato para distenderse.

Las personas que más pueden ser propensas a esto son las criticonas, que hieren sensibilidades por todos lados, los impulsivos, que básicamente son imbéciles que no pueden elaborar su tensión sin ir a romper o golpear algo (o a alguien), aunque también la ligan las personas independientes, originales, excéntricas, creativas o que van contra lo común, justamente por no encajar en lo que la mayoría hace, cree o siente.

Pero, ¿podemos evitar el quilombo con todos? No, porque hay gente que se siente aludida de cualquier cosa, otras que no saben respirar hondo y contar hasta diez, y otras que justamente buscan provocar y confrontar porque no tienen nada más que hacer o porque evidentemente tienen rasgos psicopáticos. Básicamente esa es la gente "buscarroña", "bardera", "provocadora", "soberbia" o "sobradora". Tampoco podemos evitar tener situaciones incómodas con otros porque no todos tenemos las mismas formas de ver el mundo y de experimentarlo, y que alguien nos venga a plantear algo distinto u opuesto básicamente ofende, porque nos están diciendo indirectamente muchas veces o que estamos equivocados, o que nuestras creencias no son verdad absoluta.

Por otro lado también están las treguas: por conveniencia las personas con diferencias (a veces irreconciliables) hacen un pacto que puede ser tanto explícito como implícito de evitar tocar ciertos asuntos y esquivar riñas para una situación en común, que puede ser desde un lugar en el que les toque convivir hasta una situación donde ambos necesiten la ayuda del otro. En la tregua todos se creen que las cosas están bien, pero en realidad es puramente un "alto el fuego", es un "por ahora paremos", nada más. Esto se ve miles de veces en pelis, series, libros y hasta en la vida real, donde dos "enemigos unen fuerzas" y hasta inclusive "trabajan en equipo" para una meta en común. La verdad, si bien este es un fenómeno común, me sigue sorprendiendo mucho de ya recordarlo o pensarlo por un rato.

Otra cosa que también complica las relaciones entre personas es que muchos tenemos la tendencia (nuevamente hablando en términos bélicos) de considerar como "enemigo" o "amenaza" a una persona que tuvo problemas con un "aliado" nuestro - sea un conocido o un amigo - y tendemos a tener mala predisposición con ella o al menos mirarla mal de lejos. Además, algo que sucede en esta particular situación, es que la persona "aliada" podría llegar a molestarse o desconfiar de nosotros si ve que tenemos un trato amable y/o asiduo con la otra, razonando de manera simple que podemos traicionarla o que no tenemos juicio o criterio para distinguir gente "buena" y "mala". Dependerá de cada caso obviamente si uno puede aceptar y tolerar que hay personas que intentan ser neutras y que inclusive se relacionan con personas que no soportamos o que no queremos.

Ahora, ¿todos nos reconciliamos y nos unimos más después de una pelea? Respuesta: no. Hay peleas que llevan a diferencias irreconciliables, donde uno ya no puede ver al otro de la misma manera, lo cual obviamente influye en los sentimientos o actitudes que tenga para con esa persona, y muchas veces no queda otra que alejarnos de ese ser humano, al menos hasta que se disculpe por lo que hizo, o al menos hasta que madure. Esto es lo más lamentable que hay pero sucede muchísimas veces...

Cooonclusión: Los quilombos entre personas pasan seguido, y suscitan desde treguas hasta enfrentamientos constantes que suponen alejarte del otro, como también así evitar hablar de ciertos temas o aprender a controlar nuestros impulsos o emociones violentas...