viernes, 9 de noviembre de 2012

Cuando humillamos al otro

La típicas escenas de "humillar" que se nos vienen a la cabeza, cuando se usa ese término, van desde una mamá retando a su hijo a los gritos o de un grupo de compañeros escupiendo y abucheando a otro o cosas así, demasiado explícitas. El problema es que humillar no es solamente hacer una burla pública y estruendosa a una persona frente a un público considerable: hay muchas maneras de humillar al otro que muchas veces ni nos damos cuenta, y es por eso que pueden surgir problemas o el otro puede sentirse incómodo o molesto con nosotros, sin saber precisamente el porqué.


El sentirse humillado conlleva generalmente el sentirse expuesto y vulnerable, como también el considerarase insultado o menospreciado por medio de un "ataque" del otro. Pero, ¿cómo podemos humillar al otro sin darnos cuenta? En realidad hay muchísimas maneras y depende del tipo de relación que tengamos con la persona y hasta qué tono de voz usemos para un comentario, como también el contexto donde acontece todo y el carácter de la persona, pero creo que puedo dar varios ejemplos breves para ilustrar:

  • Si una persona es orgullosa y cree saber mucho sobre tal o cual cosa, y otra viene y le demuestra que está equivocada, que su conocimiento es incompleto o que no es muy abarcativo, esa persona va a sentirse humillada, ya sea porque cree que es "tonta" o "inferior" a la otra, o porque hasta podría perseguirse que el otro es su "rival" en una "competencia".
  • Otra manera es cuando alguien nos cuenta una intimidad o nos confiesa ciertos sentimientos o pensamientos que pueden ser considerados infantiles, tontos o muy ilógicos, sin necesidad de que mosqueemos siquiera: la situación, el acto ya de exhibirse frente al otro produce vergüenza, y es por eso quizá que muchos usan la expresión "me siento desnudo" cuando se muestran tal cual son, ¿coincidencia?
  • El tener ciertas cosas (que el tercero en cuestión no) también puede producir humillación, además de celos y/o envidia. En general pasa porque nos comparamos con alguien y aquello de lo que es dueño, que puede ir desde una prenda que nos hace ver poco finos a su lado o "posesiones" más inmateriales como ser amistades o ideales o valores firmes que son dignos de admiración, y esto sucede porque nos tendemos a sentir "pobres" al lado de otros (otra analogía curiosa).
  • Ejemplos más explícitos son el burlarse de alguien haciendo un chiste que no fue tan gracioso o que al menos no le cayó muy bien al otro, el hacerlo bolsa por una crítica bastante cruda y fuerte, y el reírse explícitamente de algo que otro dijo o hizo o el juzgarlo públicamente con intención de montar un show.

Creo que una manera de intentar demostrarle al otro que no es nuestra intención humillarlo, es decir, hacerlo sentir expuesto o denigrado, poniéndose así a la defensiva, es intentar lograr un grado de intimidad donde haya una confianza suficiente para que el otro descarte que vamos a reaccionar de una manera que pueda llegar a ofenderle o hacerlo sentir mal. Creo que el respeto, el no juzgar al otro, el no hacer muecas exageradas o simplemente escucharlo sin comentar son buenas "técnicas" para que el otro pueda mostrarse (espontánea y progresivamente). 

Ahora: ¿siempre tiene la culpa el que supuestamente humilla? No: hay que recordar que hay gente que le tiene miedo al mundo, que es recelosa, resentida o víctima de todo, y que se tienden a poner a la defensiva ante cualquier estímulo mínimo que puedan considerar como provocación o ataque, y con esto hay que tener cuidado, puesto que hay personas muy perseguidas o que por tener su ego inflado no aceptan admitir que se lo pueden pinchar.

Si bien esto es obvio, yo puedo decir lo siguiente: "si es obvio, ¿por qué hay gente que sigue humillando a otra?". Eso es porque las relaciones humanas son dinámicas, complejas, y también porque no es fácil dar en el clavo con nuestros comentarios o con las cosas que expresamos o comunicamos al otro, es decir, somos torpes de a ratos, sin contar también que tenemos naturalmente tendencia a sentir vergüenza, frustración o "cosa" ante ciertas situaciones.

Ni hablar además de que hay gente que por orgullo o delirios de grandeza se la pasa criticando y atacando a todos, con el propósito de hacerlos sentir humillados para que le dejen de discutir o para simplemente pasarles por encima, nunca dando la razón o pretendiendo tener siempre la última palabra, ignorando cómo el otro podría sentirse o quedar afectado luego de la escena acontecida.

También están los manipuladores que, al conocer los puntos débiles o partes vulnerables de la persona, comienzan a influir de una manera bastante perversa y negativa para hacer sentir una porquería al otro, sin necesidad de que haya una persona frente a ellos para hacer sentir mal al otro, tirando a la basura sus pensamientos, creencias o sentimientos, haciendo sentir a uno como algo desechable o sin valor alguno en muchos casos.

¿Conclusión? Creo que si uno no anda con ganas de frustrar, avergonzar o hacer sentir inferior al otro, es mejor que comience a cuidarse en su discurso y en cómo se expresa frente al otro, salvo que tenga reales intenciones de hacerle sentir al otro que es poca cosa o que es un tonto iluso que cayó en su trampa...

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