viernes, 12 de octubre de 2012

El lastre del pasado

No le voy a dar muchas vueltas al asunto porque no tiene sentido, simplemente voy a limitarme a recordar cómo el pasado no siempre es pretérito y es de hecho una marca en nuestra vida. Como somos animales con memoria, la misma nos sirve para recordarnos no solamente quiénes somos, sino que también nos recuerda hechos o sucesos para posiblemente tener una mejor orientación en el mundo y además poder aprender a evitar o no repetir ciertas cosas.

El problema es que muchas veces el recuerdo tiene una impronta muy fuerte e intensa y eso nos condiciona bastante, cegándonos en el presente o inclusive influyéndonos para tener una visión distorsionada o incompleta del mismo.

Si una chica tuvo un pasado interesante con los hombres, sea siendo una perra manipuladora o una tipa a la que le gustaba mucho revolcarse con desconocidos, y de repente dice que cambió y quiere algo serio, no lo vamos a creer de la nada. Ahora, si uno fuera el novio de esa chica y supiera todo eso, ¿se sentiría 100% cómodo instantáneamente? No.

Si una persona fue conocida por el mal hábito de robar y de inventar historias, torciéndolas a su conveniencia, ¿vamos a confiarle las llaves de nuestra casa y vamos a tomarla como testigo preferido a la hora de declarar cosas o de saber cómo sucedieron? No.

¿Qué acaso no nos cuesta perdonar las malas acciones de las personas porque contradicen la imagen que teníamos de ellas, siendo la misma de alguien bondadoso, amable, educado y recto por ejemplo? ¿Y por qué no nos sorprende que la gente mediocre o de dudosa moralidad meta la pata? Por el simple hecho de que al ver un patrón o una constancia tenemos un cierto margen de expectativas en nuestro interior.

Uno cree que apenas sale de su casa va a comenzar automáticamente su marcha para ir hacia algún lado, ¿pero qué pasaría si de repente, un día cualquiera, uno da un paso fuera de la entrada y se cae o se hunde en un pozo porque están reparando la calle? A lo que quiero ir: nos confiamos demasiado de las constancias y las regularidades, ignorando o no considerando posibles cambios o quiebres en patrones.

Otra marca interesante del pasado también puede expresarse en aquellas personas con un sentimiento de sameness, donde quieren que todo se mantenga igual siempre porque están cómodas y seguras con lo constante, siendo el cambio algo desestructurante y ansiógeno para ellas. ¿Ir a los mismos lugares? ¿Seguir firmemente tu protocolo o tus rituales para relacionarte con los demás? ¿Evitar las situaciones nuevas o desconocidas? ¿No tocar nunca temas que antes no se tocaron? Esas cosas posiblemente a todos nos han sucedido y demuestran que muchas veces vivimos aferrados al pasado.

¿Personas que nunca olvidaron a su primer amor o que tienen un lindo recuerdo de alguien que fue especial en su vida por primera vez? También más de lo mismo. Pasan los años y las personas tienen el recuerdo fresco y no quieren admitir que crecieron varios centímetros desde esas épocas. ¿Por qué? Porque algunos prefieren lidiar con el pasado, aferrándose a ciertos recuerdos o sentimientos, sea porque no han tenido hace mucho nuevas experiencias o porque simplemente tienen alguna tendencia a ser nostálgicos, sobrevalorando ciertos recuerdos que quizá no son realmente la gran cosa.


¿Cuántas veces algunos no se perdonan cosas que hicieron hace años? El típico cliché de las pelis y series de "oh, ¡todos estos años no pude perdonarme haberte abandonado, hijo!", "¡lo siento tanto, mi amor! ¡Ni con mis otras esposas pude olvidarte!", "nunca olvidé el día que nos dejamos de hablar" hace un eco interesante y por rebote nos podemos identificar con el personaje.


¿Qué de las personas que se sienten feas o poco atractivas por haber tenido una adolescencia donde quizá realmente lo eran, pero siendo que ahora están igual o más partibles que cualquiera que las trató mal o humilló? Una chica que fue rechazada o humillada en la escuela difícilmente se vea como una chica bonita o preciosa frente al espejo, como un chico que nunca tuvo muy bien físico de adolescente difícilmente se vea como alguien deseable para una chica si tuviera el torso al aire.

¿Y qué hay de la indefensión aprendida? ¿Esa que hace que bestias gigantes les tengan miedo a seres más pequeños que ellas porque alguna vez ellos las dominaron por mayoría o tamaño, siendo que ahora podrían comérselos vivos? Animales de circo, personas dominadas por sus jefes o por algún pariente que tiene dos cabezas menos de altura, etc. etc. etc.

¿Qué hay también sobre los sueños recurrentes? ¿Sobre fobias o miedos a ciertos objetos o situaciones porque de chicos un perro nos mordió o porque casi nos quedamos atascados en un ascensor? ¿Y sobre los recuerdos instantáneos e involuntarios por ciertos olores o lugares por los que pasamos? ¿Y qué tal esas juntadas nostálgicas que van desde "fiestas del recuerdo" hasta ver fotos de álbumes familiares o charlar con amigos de anécdotas para reírse durante un buen rato?

No voy a empezar con esa basura de libros de auto-ayuda o de pseudo-maestros iluminados espirituales de "deja ir tu pasado", "ve hacia la luz", "perdónate a ti mismo en el amor de Lo divino" y bla bla bla: cada uno sabe qué hacer y sabe cuánta fuerza o voluntad tiene para superar ciertos asuntos en tal tiempo o de tal manera. El pasado se hace presente siempre que lo evoquemos, y como dicen en mi carrera popularmente: "lo que no se elabora, se repite"...

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