domingo, 9 de septiembre de 2012

Refugiándonos de fragmentos de la existencia

O en otras palabras: negar la realidad (o al menos un aspecto de ella) de alguna manera. Todos tenemos distintos recursos psíquicos o afectivos que preferimos poner en marcha (o que al menos nos conviene o es fácil ejecutar) ante ciertas situaciones, principalmente cuando la tiránica realidad nos está por dar un azote que sabemos de antemano que no estamos preparados para recibir, ni menos el poder siquiera hallarnos en una pieza luego del golpe.

Hay personas que directamente ponen la otra mejilla ante una realidad que las llama, a veces a los gritos inclusive, y son quienes no la quieren ver, que no quieren asumir que algo sucedió, pasa o está por acontecer (sea contingente o necesario). Es la famosa frase de la Biblia "no hay peor ciego que el que no quiere ver". Uno en el fondo sabe, siente, tiene una tendencia interna que alerta o advierte que algo de hecho está aconteciendo por fuera, y que mejor si nos resguardamos de la tormenta, por más que a veces suponga un tiempo indefinido o indeterminado. Cuando se les habla de un asunto o comienzan a manifestarse síntomas de una realidad que demanda atención como un enfermo, la persona puede desde justificar todo con frases como "naaa, no pasa nada" hasta confirmar desde su persona directamente su aversión a ese aspecto o fragmento de la misma ("no quiero hablar del tema") inclusive con bastante agresividad encima ("no jodas con eso", "no me toques ese tema porque me enojo"). Se podría decir que en estos casos, generalmente, se tiene un conocimiento mínimo de una realidad que está pisando fuerte cerca.

Por otro lado, hay personas que directamente niegan dicha realidad, no la recuerdan o no tienen conciencia de ella, y esto sucede en las personas psicóticas, o con al menos un brote psicótico (algunos autores dicen que todos tenemos una posible potencial psicosis inclusive), que maníacamente niegan algo que puede llegar a realmente desestructurarlas psíquicamente al menos. Se puede ver en personas que con toda tranquilidad sostienen que todo está perfecto, que no ven lo que uno les está planteando, y que de hecho parecieran totalmente ciegas, inclusive si el problema les caminara por en frente. Uno queda atónito y hasta es capaz de decir "¿me está cargandooo? ¡¿cómo no va a ver eso?!", y estos casos son muy comunes a mi parecer, así que podría decirse que muchas veces todos podemos llegar a actuar como psicóticos, o al menos emular su funcionamiento, (aunque no de manera tan alevosa supongo).

Sea como sea, ambos son extremos presentados, pero no todo es blanco y negro en estas cosas y hay distintas variaciones obvio. En fin, volviendo al asunto sin entrar en el debate de "negación neurótica o negación-súper-enfermiza" (no sé de psiquiatría, no quiero mandarme cualquiera con los nombres), la razón evidente por la que negamos la realidad, es que nos puede producir mucho dolor, o supondría una reestructuración interna nuestra. ¿A qué voy con esto? Que realmente podemos quedar traumados si damos cuenta de que algo sucedió/sucede/sucederá, o por simple comodidad y conveniencia propia (pero sin que sea grave el asunto necesariamente). 

Ahora viene la pregunta, ¿pero esto es gradual o es algo de golpe? Y la respuesta es: puede ser de ambas maneras. A veces nos damos cuenta de a poco de cómo se desenvuelven las cosas, o a veces tenemos un conocimiento súbito (y generalmente violento) de las mismas. El elaborarlo a veces puede ser casi instantáneo, pero en general es algo progresivo, que lleva su tiempo, y molesto/doloroso. ¿Por qué sucede eso? Porque estamos introyectando algo de la realidad a nuestra estructura, nos estamos reconstruyendo o modificando interiormente, porque somos seres sensibles abiertos al mundo, y puede ser desde una pérdida de algo querido (objeto o persona) hasta una realidad nueva que nos produce mucha ansiedad o miedo por desconocida. Podemos temer a males familiares como a abismos desconocidos.

Y la siguiente pregunta: ¿siempre es por algo externo esto? La respuesta es un "no". Muchas veces pensamos o sentimos cosas que resultan experiencias decepcionantes, vergonzosas o confusas, y por eso las tendemos a reprimir o expulsarlas hacia afuera, desentendiéndonos de ellas, como si fueran entes independientes de nosotros. Respecto a lo concerniente a lo traumático y el contacto con la realidad, el psicoanálisis creo que acierta respecto a que muchas veces tenemos elementos internos que proyectamos hacia afuera como peligrosos, y tratamos de escondernos y huir de ellos, siendo que en realidad es como intentar huir de tu propia sombra, que siempre está ahí con uno. Las personas proyectamos porque a veces es más fácil lidiar con algo externo y culparlo, reconocerlo como ajeno y despreciable, siendo que en realidad son nuestra cruz que cargamos, aunque justamente intentemos no reconocerlo de esa forma expulsándolo hacia afuera. Es decir, aparte de negación voluntaria (esquivando el asunto), la negación más grave (ya más de psicótico y que es bastante disfuncional), tenemos la proyección.

Pero sin intentar meterme en mecanismos de defensa (también aporte psicoanalítico, y del bueno), puedo hacer breves referencias a un par más, relacionados con el pensamiento: 1) la racionalización, cuando buscamos explicaciones a ciertas cosas (y explicaciones con mucho sentido y coherentes llegan a ser por cierto) para justificarlas o para darles un sentido a conveniencia, y 2) la intelectualización, como cuando huimos a lo intelectual/mental y evitamos volcarnos al mundo sensible y de la experiencia. Otro más a agregar puede ser la represión, dicho allá arriba, cuando queremos arrojar a las tinieblas ciertos elementos (sean pensamientos, recuerdos, sentimientos, deseos, etc.) esperando que nunca más vean la luz del día, como cuando los titanes griegos fueron encerrados en el Tártaro bajo llave, para evitar que arrasen con el mundo con su tremenda ira y sus poderes ilimitados.

Resumidamente: podemos negar la realidad tanto a voluntad como no, podemos intentar mandar al olvido ciertos elementos relacionados con algo potencialmente traumático/molesto/doloroso, y hasta inclusive podemos dar explicaciones para intentar hallar orden y sentido en aquello que nos perturba/angustia/aflige de tal o cual manera.

¿Cómo se termina esto? Depende de cada persona, es un trabajo muy personal donde se combinan distintos recursos con la voluntad, la libertad y la vitalidad de cada persona, además de su capacidad de resistencia o resiliencia respecto al asunto. En un final feliz, la persona no tiene que andar huyendo de fantasmas o espantos de algo que está intentando negar o esquivar, ni tampoco va a necesitar rellenar huecos o intentar comprender ciertos asuntos para disminuir su ansiedad teorizando o haciéndose la cabeza de manera morbosa: simplemente ver el hecho, contemplarlo, y mejor aún, hacerle frente, ya sea modificándose (por adaptación) o modificando la realidad (construyendo o dominando).

¿Todos hemos vivido esto? Más que seguro: ya sea con un asunto académico, porque no quisimos aceptar de alguna forma que alguien nos decepcionó, porque alguna explicación contradice nuestras firmes creencias o porque hemos perdido algo que hizo que una parte nuestra se conmoviera severamente... Esto se ve en las analogías cotidianas de las personas que también se relacionan con el asumir problemas, no precisamente con negarlos: "siento que esto me puede, me sobrepasa", "no tengo fuerzas para luchar", "me siento en una burbuja", "Fulanito es duro y parece que tuviera una coraza", "Fulanita pareciera en una burbuja", "me siento indefenso", "quiero irme bien lejos y huir del mundo", "me dan ganas de desaparecerme", "no puedo negar más esto" y otras frases bien dignas de un poser emo o de alguien que realmente está pasando un mal rato.

Conclusión: El que enfrentemos algo supone que tenemos que estar preparados para hacerlo, no a nivel de vida o muerte como un guerrero preparado para enfrentar a una bestia, pero sí a nivel de enfrentar los demonios de la realidad, tanto externos... como internos...

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