lunes, 3 de septiembre de 2012

Obra de tal manera que...

En general todos distinguimos en las historias a los buenos y los malos. De chicos nos enseñan qué esta bien y qué está mal, además de agregar la existencia de figuras o modelos a seguir. A medida que crecemos, comenzamos a ser más independientes con las cosas que hacemos y los motivos que tenemos para hacerlas o no. Ni siquiera la filosofía o toda ciencia puede ignorar este asunto moral, que es el de cómo actuar.

No es una cuestión: son muchas cuestiones dependiendo de nuestra situación vital singular y particular. Algunos sujetos son moralistas (me harté que me dijeran así, así que tuve que buscar la definición y familiarizarme con el término) como personas pseudo-liberales o cínicas. ¿Qué hacer y qué no? ¿Hasta qué punto se justifica lo que hacemos? ¿Cuáles son las posibles consecuencias de lo que vayamos a hacer? ¿Realmente vamos a poder evitar el margen de error en lo que vayamos a hacer? ¿Actuamos por mera libertad o condicionados o determinados por tales o cuales factores? Esas preguntas se nos pueden venir muy fácilmente a la cabeza, y de a ratos nos marean, cuando no angustian inclusive.

Creo que todas las personas, al relacionarnos con otra, comenzamos a captar voluntaria o involuntariamente una constancia en su obrar, viendo cómo se desenvuelve o inhibe en tales contextos o situaciones. El problema es que, como ya dije en entradas anteriores, nunca terminamos de conocer bien al otro, ni tampoco a nosotros mismos. A veces hacemos "travesuras" que se nos van de las manos, otras veces hacemos cosas que en el fondo nos retuercen la conciencia y las justificamos luego de haberlas hecho, también actuamos con la conciencia totalmente limpia permitiéndonos dormir con tranquilidad.

¿Pero hasta qué punto estuvo bien o correcto lo que hicimos? ¿Fue algo útil? ¿Fue algo realmente necesario? ¿Obtuvimos lo que quisimos? ¿Nos hace mejores personas? ¿Nos ejercita el buen obrar? ¿O en cambio somos muy rígidos y estamos condenados a reglas y normas sin darnos cuenta?

Situaciones que van desde arrepentirnos de cosas que hemos dicho, pensado o hecho hasta ir con la frente en alto y firme dando la cara por ellas, como también el hacer algo mal e ir a pedir perdón para que esa molestia interna se vaya, son situaciones que creo todos hemos vivido. El problema es cómo afecten a los demás directa o indirectamente, o qué intenciones hayamos tenido. ¿Manipular a alguien? ¿Ponerlo a prueba? ¿Evitar un mal menor? ¿Satisfacer una necesidad propia usando al otro como medio? Todas estas cosas pueden ser.

Sin embargo hay extremos, y son bastante reconocibles muchas veces:

Primero los moralistas, que sobrevaloran el buen actuar o que se toman muy rígidamente el actuar de tal o cual manera, juzgando excesivamente conductas ajenas y propias. En esto pueden entrar desde personas rígidas, obsesivas, mojigatas, sobre-educadas, sobre-adaptadas o fanáticas. También entran puritanos, ingenuos, inocentes o personas dominantes.

Luego de los moralistas están los pseudo-liberales, que creen que básicamente todo está permitido, que no hay límites, que hay que expandirnos y expresarnos como se nos cante, y también los cínicos, los que obran descaradamente, como si no tuvieran conciencia o un interés en analizar o reflexionar lo que hacen. En ambas posturas pueden entrar, a mi parecer, personas rebeldes, incultas, egocéntricas, egoístas, personas que necesitan llamar la atención o sujetos con un sistema de creencias o valores muy deficiente o confuso, como también personas con problemas en asumir responsabilidades o muy inmaduras afectivamente.

El problema es que constantemente vivimos con dilemas morales, porque siempre estamos relacionándonos con personas y tenemos que optar al menos dos caminos para hacer las cosas: y la mala noticia es que vamos a meter la pata más de una vez, a veces sufriendo feo y a veces saliendo airosos de la situación.

Las personas pueden tender a hacerse cargo de lo que hacen, piensan o dicen, como también culpar a otro, justificar lo que hicieron, como también el ocultarlo, dramatizarlo o quitarle importancia por conveniencia. Pero una persona sana, a mi parecer, es una persona que sabe bien lo que hace, y que puede medir con algo de precisión las posibles consecuencias de lo que va a proceder a ejecutar. También debe ser una persona que esté abierta a críticas de su conducta y que realmente sienta asco o rechazo moral a algunas cosas que normalmente están consideradas por su sociedad como malas, tachables o reprochables (esto es discutible, pero indicaría que la persona introyectó el sistema de normas colectivo y que está bien inmerso en su sociedad).

¿Qué cosas nos pueden hacer doler la cabeza o hacer sentir mal? Cosas que realizamos esperando que salieran de una forma y que salieron de otra, el hacer sufrir a alguien por no considerar bien las consecuencias, el sentir culpa por algo efectuado (que realmente no vimos en el momento) que quizá no era lo más conveniente hacer, el ser juzgados duramente por haber dado expectativas altas de buen comportamiento a otras personas, el ser comparados con modelos a seguir, la ambigüedad respecto a quién podría salir perjudicado o beneficiado al hacer o no tal o cual cosa (como contar un secreto, el mentir, el ocultar algo, el distorsionarlo, etc.).

Así surgen enojos, decepciones, rencores y sufrimiento, como también surgen el orgullo, el reconocimiento, la rectitud, la fama y la admiración. Humillaciones y escupitajos, medallas de honor y aplausos, son distintos fenómenos contrarios pero con lugar propio en todos estos asuntos. Para concluir, rescato lo ya he dicho en otras entradas: hay que tener un sistema de creencias y valores firme, ordenado, lo más claro posible e intentar ver qué aplicaciones prácticas podemos darles, para al menos orientarnos a actuar, y que posiblemente nos corrijan o nos auto-corrijamos por la experiencia de la consecuencia, en lugar de estar sometidos a condiciones o determinantes que podrían hacernos menos libres. ¿Hasta qué punto vamos a ser juzgados o aceptados? ¿De qué manera sabemos que hicimos algo como debimos en ese momento? Esas cosas, desgraciadamente, se averiguan en la conciencia y en la experiencia...


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