sábado, 31 de diciembre de 2011

La influencia que producimos

Sigo con las reflexiones respecto a los seres humanos y cómo se influyen entre sí, y esta vez voy a escribir algo sobre lo que pienso seguido: la influencia de una persona en otra u otras.


Somos seres sociales (para alegría o desgracia de muchos) y como ya dije no podemos aislarnos del contacto o influencia humana directa o indirecta, salvo que nos vayamos a una isla con una pelota de volleyball o algo así. Inclusive quien es una persona resentida o que detesta a toda la esfera social tiene en su cabeza imágenes de personas que alguna vez conoció o con las que tuvo contacto, y eso ya es básicamente una influencia en nosotros: desviar nuestro pensamiento o dedicar aunque sea unos segundos a contemplar a alguien en nuestro interior.


Respecto a este asunto, las cosas que en general se notan son muy variadas pero también, a mi parecer, muy universales. ¿Qué quiero decir? Que más allá de nuestra edad, sexo, creencias o status social, hay fenómenos que se repiten - y que para mi sorpresa - nos afectan más o menos igual. Voy a ir a cosas más específicas para no dar más vueltas:


Puede suceder que nosotros seamos una influencia para alguien para al menos un asunto y la verdad no lo sepamos realmente, como cuando una persona es auxiliadora, consejera, compañera o amiga. Estas influencias obviamente varían dependiendo de las necesidades de cada persona y qué puedan ofrecerle una a la otra en determinadas situaciones, y ejemplos posibles son el necesitar mucho de alguien para ciertos asuntos, como recurriendo a ese alguien, el echar de menos la compañía o ayuda de otro o simplemente conocer los puntos de vista u opiniones de específicamente una persona para ciertos asuntos.


También están las influencias un tanto efímeras, que en realidad suelen "dominar" a una persona cuando ella está confundida, desorientada o cuando quiere conocer cosas distintas o nuevas. ¿Ejemplos? Bueno, una nueva amistad que te influye, una persona que te "llena la cabeza de cosas" cuando estás vulnerable emocionalmente, hábitos o conductas nuevas para uno intentar cambiar y saber quién es, o simplemente una frase o un momento que se recuerde con esa persona. Esto se da generalmente en relaciones con otras personas pasajeras, que si bien no dejan una marca en nosotros, dejan aunque sea un recuerdo pequeñito (o en realidad a veces ni eso).


Las grandes influencias, por otro lado, son personas que yo ya dije que básicamente parecen un "dios" para otro: se someten a su voluntad, inclusive a veces le temen, y ni hablar que confían en sus palabras (promesas, mandamientos, etc.) y que son capaces de sufrir y sacrificarse por ella. En general esto se da en dos situaciones: en una relación un tanto masoquista (y enfermiza) de devoción al otro, tanto que nuestra vida gira en torno a esa persona (o al menos la mayoría de las veces y tiempo), o cuando realmente hay un vínculo fuerte, genuino y constante (como dos personas realmente enamoradas o una amistad añeja), capaces de marcar, condicionando o determinando durante mucho mucho tiempo. En este tipo de influencias (dejando de lado si son sanas o no) también se destacan los líderes, quienes innovan y tienen fuerza y creatividad para el cambio, quienes son capaces de hacerte ver las cosas de otra forma, motivarte a actuar y además saber organizar y planificar cambios. ¿Se necesita un traje y ser famoso? En realidad no, quizá sos una figura muy importante para un pequeño "séquito" y nunca lo supiste, y quizá te admiren o idolatren sin que lo sepas (o sin que lo quieras admitir).


Obviamente hice dos extremos básicamente opuestos, pero nada niega que podamos ser una influencia aunque sea mínima para alguien. ¿Dónde se ve esto? Oh, muchas veces son demasiado evidentes: expresiones al hablar, peinados, vestimentas, gustos musicales, hobbies e intereses, lugares a los que se recurre ocasional o regularmente, afinidades y hasta en maneras de concebir o vivir la vida


Muchas veces quizá hagamos conscientes a otra persona de tales o cuales cuestiones, o quizá otras veces no podamos ofrecer nada más que un chiste o un recuerdo breve de alegría o felicidad: pero estamos influyendo. Otras veces algunas personas son más efectivas que nosotros a la hora de influenciar a la misma y la verdad desconocemos el por qué, y muchas veces pareciera que podemos manipular o ejercer nuestro señorío sobre toda persona que conocemos. Curioso, ¿no? Personas que se suicidan, que están enfermas en cama, que derrochan lágrimas por otra, que rechinan los dientes, que rompen cosas o que quedan en la ruina por otra es algo realmente impresionante, tan impresionante como la capacidad de una persona de sanar, cuidar, hacer sonreír o enamorar a otra sin darse cuenta. Ser héroe o verdugo a veces no es algo que elegimos.


Sin embargo, voy a destacar algo: aquellas personas que parecen insensibles o frías a la influencia de otra persona. Las causas son múltiples pero creo que las más generales o esperables son egoísmo, insensibilidad o soberbia. Son personas que por más que uno intente conmoverlas con gestos muy eficientes para la mayoría, apenas pestañean de lo que uno hizo por ellas, tanto que uno se cuestiona si realmente tiene alguna relevancia en su persona (siendo la "falla" uno mismo o la otra persona). También puede ser que sean personas muy inteligentes, seguras de sí mismas o que en realidad sí pueden ser influenciables pero se cierran al cambio por exceso de rigidez, orgullo o falta de conciencia o madurez.


¿Conclusión? Todos necesitamos de la influencia, y todos podemos en cierta forma inspirar a alguien o modificar su interior - ya sea por gestos, palabras o siendo simplemente nosotros mismos -, y quizá, sin darnos cuenta, estamos influenciando en su dicha o en su miseria.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Esos momentos tensos

En realidad, esta entrada no es algo totalmente nuevo, sino que es una vuelta a un hecho que siempre resalto: las relaciones entre personas son problemáticas, y decir que ello no es así es una graaan mentira.


Yendo directamente al grano, voy a explicar las causas principales que ocasionan que las personas se peleen, detesten, odien, distancien y demás. 


Aunque antes de desarrollar esto, resalto nuevamente que soy un tanto misántropo y receloso con las relaciones humanas, y con esto no quiero decir que odio a la raza humana y bla bla bla, sino que aclaro que me dedico a ver el lado oscuro o que muchas personas niegan o evitan recordar de su condición: defectos, fallas, inestabilidad, confusiones, imperfecciones, etcétera. 


Ahora sí, vamos al desarrollo de esto:


De por sí cuando uno se relaciona con una persona tiene intenciones de llevarse bien con ella o al menos no pasar tantas situaciones incómodas, pero eso es algo que uno espera que suceda, o que sea lo ideal inclusive, pero todos sabemos que eso es mentira porque de por sí parece que somos bastante peleadores y que metemos la pata inevitablemente. Y nooo: no voy a negar que las personas pueden llevarse bieeen, pero simplemente quiero recordar que roces, tensiones o diferencias surgen en algún momento u otro, ¿o no? 


Bueno, ¿qué hacen las personas a la hora de situaciones incómodas? Eligen entre estas opciones en general:


a) no volver a tocar el tema
b) intentar resolver las diferencias negociando (es decir, cediendo sus intereses en parte)
c) distanciarse de la persona
d) utilizar violencia física
e) vengarse de la misma o hacerle la vida imposible
f) echar en cara cosas
g) plantear las cosas de manera sincera y racional (lo más indicado, cosa que nadie elige casi)


Ahora vamos con cada una:


a) Eso en general se hace para evitar dolores de cabeza o discusiones, además de disgustos y posibles picos de presión o infartos (para personas sensibles o ya ancianas). ¿Qué se hace en realidad? Bueno, se olvida el tema, se le da vuelta la cara, se ignora muchas veces una real necesidad de la que estamos conscientes para tratar el asunto. Esto generalmente se usa cuando ya las personas intentaron arreglar las diferencias y no han podido, o también cuando al menos una de las partes definitivamente no está dispuesta a revisar o modificar sus valoraciones y concepciones.


b) Esto es civilizado, pero acá también están las treguas, que, a mi parecer, son hipocresía, porque se intentan refugiar sentimientos o pensamientos poco agradables que se tienen hacia la otra persona, y muchas veces los mismos no ven la luz. Uno comienza a ser (realmente o no) amable, agradable, comprensivo, paciente y demás, para intentar llegar a una posición cómoda y beneficiosa con la otra persona, para no armar una guerra que nos cause problemas a ninguno. ¿La negociación siempre es justa? La respuesta es "no", y por eso en general son acuerdos que se hacen que no se pueden sostener por mucho, o al menos no con un par de desquites cada tanto para amortiguar la presión.


c) "No lo/a quiero ni ver", "si lo/a veo lo/a golpeo". Si es por un mero impulso agresivo, ja-ja-ja, ¡qué maduro y qué útil! ¡Esconderse o esquivar a alguien porque no te lo bancás! Eso es un asunto que no se quiere resolver. Uno prefiere cruzar la calle de en frente o agachar la mirada cuando ve a la otra persona, ¿por qué? Quizá porque la simple presencia de la persona te recuerda que hay algo no resuelto, ya sea por factores como cobardía, orgullo, dolor y demás. A esto recurren las personas muy infantiles o muy impulsivas que no saben controlar su agresión, o básicamente quienes esquivan una cuestión por los factores ya nombrados un poquito más arriba. ¿Huir para siempre? Si podés, adelante.


d) Sep, todos hemos querido golpear o insultar bastante a alguien, no lo nieguen, ¿por desesperación? ¿cansancio? ¿irritación? Sea cual sea la causa, el impulso está ahí. No voy a negar que una golpiza a alguien sería bastante catártico, y acá dejo de lado los insultos verbales, porque siempre acompañan a la violencia, y cuando ya no podés golpear a la persona o eso no te llena, los largás a todos juntos. ¿Decís cosas que no consideraste ciertas? Mentira, se largan cosas que uno tiene bien guardadas en el sector de la memoria de "cosas que nunca debo decir a alguien para no herirla, cerrar con llave y candado". ¿Golpeaste, rasguñaste o escupiste a alguien y mientras le dijiste un par de ataques verbales? Hacete cargo de lo que hiciste. ¿Se sintió bien? Quizá, pero repito: a hacerse cargo.


e) Oh, sí. Estas son personas en general más calladas y disimuladas que un ninja y que, dejando de lado si fingen o no llevarse bien con vos, planean algo maléfico para desquitarse, una especie de plan maestro para, de un golpe, enseñarte que con ellas no te tenés que meter. Primero que nada partamos de la base que quien está dedicando horas o días para un plan maestro contra otra persona es básicamente un salame, porque podría estar haciendo otras cosas o directamente ir al grano con la persona. La venganza a veces llega cuando menos te lo esperás y como consecuencia puede desatar un conflicto mucho más fuerte, o un bucle infinito de venganza contra venganza, hasta que uno termine rindiéndose, muerto, o algo así. En general son personas resentidas o que quieren que vos cedas ante su deseo o voluntad, como una especie de intento de dominio. Algunas ladran pero no muerden, pero en su cabeza inclusive pudieron haberte lastimado al menos una docena de veces.


f) Esta me es la máaas divertida de todas, ¿por qué? Porque la gente, dejando de lado si fue violenta o no en la forma de decir (o en el contenido mismo) refiriéndonos al mensaje, para mí dice grandes verdades. La echada en cara es básicamente decir cosas que, como dije, uno intenta no decirle a la otra persona cosas que realmente considera o siente como ciertas sobre la otra. Quizá le agradaste a la persona más allá de esas cosas, pero que le molestaron o tuvo que hacer un esfuerzo en intentar no darles atención es seguro. Después vienen los "nunca quise decir eso", "estaba enojado/a y por eso dije eso". Acá también incluyo los famosos "chistecitos" o "bromas", donde las personas usan eufemismos o maneras amables de decir verdades molestas o despreciables para ellas. Es interesante ver cómo las personas se comienzan a decir cosas bastaaante impensables o sorpresivas a la otra en un momento de euforia. ¿Catártico? ¡Seguro! Pero a no arrepentirse de lo que uno dijo. Es una mala manera de sincerarse a mi parecer.


g) Es simple: ¿taaanto cuesta escuchar a la persona, pedirle justificaciones, hacerle saber que ciertas cosas nos molestaron y decir todo aquello que tenemos guardado de ella de una manera no exagerada? Quizá da vergüenza, miedo o demás, pero es más preferible que terminar con varios golpes en la cara, con maldiciones encima o con un estado de Facebook de odio dedicado a uno, ¿no? Si hay un acuerdo sincero genial, ahora, si no hay acuerdo... bueno... cosas que pasan (no digo que sean justas) pero uno debería tener la conciencia limpia que hizo todo lo que pudo por su parte.


¿Cuándo se aplican tooodas estas cosas? En casi cualquier situación: ya sea porque una persona hace chistes pesados para nosotros, porque alguien tuvo una actitud despreciable con nosotros, por simples ganas de llamar la atención o pelear o quizá porque cometimos un error o no dijimos/hicimos lo que hubiera sido correcto en el momento. Recelo, rencor, envidia, orgullo, egoísmo, altruismo, creencias, vicios, virtudes y voluntad de cada participante influyen obviamente en la decisión que se tome, y en su limitación o posibilidad de aceptar o rechazar tales o cuales cuestiones.


¿Personas que siempre se llevan bien? Más que seguro tienen una comunicación fluida, justa y sincera, además de valorar y concebir muchas cosas de la misma manera (eso afecta en nuestra conducta respecto a cómo actuamos por ejemplo). El lado negativo de esto: o son dos hipócritas que fingen, o son dos personas que no se conocen realmente, y oh casualidad son quienes se distancian apenas conocen los defectos del otro (muy injusto, las bondades de alguien no siempre se contradicen por sus defectos).


¿Conclusión? Va en cada uno qué manera de proceder elija (o pueda o quiera elegir) con el otro. ¿Problemas? Quizá no siempre tan graves/dramáticos/existenciales, pero la tensión está impregnada en nuestra vida cotidiana, tengamos vida social o no, tengamos vínculos independientemente de tal o cual naturaleza...

martes, 27 de diciembre de 2011

La indefensión adquirida

Si bien ando "retirado" de la psicología porque quiero vacaciones, voy a intentar explicar esto porque ando aburrido y porque es muy interesante, además de evidente y no un invento de la nada de la psicología en general. 

Bueno, en realidad el título no dice bien el nombre de este fenómeno, puesto que en realidad se llama "síndrome de indefensión adquirida", y la verdad, es bastaaante interesante.

Lo voy a explicar en términos simples y con ejemplos para ilustrar bien, sin dar explicaciones rebuscadas y bla bla (como hago de costumbre).

Comencemos con esta anécdota: una profesora mía en la secundaria nos contó que una vez vio a un elefante en un circo que estaba básicamente atado con una soga al cuello que estaba enroscada en esas-cosas-de-metal-que-se-clavan-en-el-suelo (no sé cómo se llaman), y se preguntó el por qué no intentaba liberarse siendo tan grande y fuerte. Le explicaron que el elefante de chiquito fue acostumbrado a eso, y que seguramente de chiquito intentó zafarse y no pudo, por lo que con el tiempo se dio por vencido. Por tanto, ya de adulto/viejo/maduro/como-le-quieran-decir, se dio por vencido y ni siquiera lo intenta, por más que inclusive fuera pan comido. Esto se ve también en mascotas que pueden ser básicamente asesinas (como perros de ciertas razas) que son totalmente mansos, sea por el método que se haya usado/se use en él.

Otro hecho que demostró esto fue un experimento hecho con perros por unos investigadores con los siguientes apellidos: Overmier, Seligman y Maier. En términos simples a los perros se les daban descargas eléctricas. Cuando les aplicaban descargas de las que podían escapar se les intentaba enseñar una conducta de huída (la cual aprendieron). En cambio, cuando les daban descargas eléctricas de las que no podían escapar, luego de un tiempo, ni siquiera intentaban huir: se sometían a ellas pasivamente.

Ahora, dejando de lado animalitos condenados/conductuados/"educados", vamos al ser humano con ejemplos. Alguien que toda su vida fue un fracasado en ciertas cosas, o que fue frustrado o que no pudo realizar con éxito ciertas tareas o funciones, se va a sentir, básicamente, una porquería y ni siquiera va a intentarlo (o inclusive, va a evitar las situaciones si puede también). Los ejemplos van desde una persona que todos maltrataban (resultando una persona con auto-estima por el piso o bajo tierra) hasta una persona débil que fue abusada que ahora es más grande y fuerte (resultando una persona sumisa o pasiva).

También incluye personas que fracasaron en cosas intelectuales (como quienes dejan la escuela y no quieren saber nada con leer o estudiar) o en rendimiento físico (quienes se rinden en aprender un deporte por ejemplo). A esto también se asocian obviamente preconceptos, prejuicios o experiencias poco agradables que las personas tuvieron, no precisamente con esas experiencias y eso que también pueden influenciar aunque sea indirectamente, aclaro.


Esto también explicaría el por qué personas fuertes, inteligentes, dotadas o talentosas no se esfuerzan en nada, o se acobardan ante inclusive idioteces, desaprovechando oportunidades, lamentándose y arrepintiéndose atrofiando sus vidas. Uno por fuera puede quedar sorprendido realmente ante dichos fenómenos, pero todo está en el interior de la persona y de su historia vital: es innegable.

Ahora, lo que puede suceder también es su efecto contrario: personas a la defensiva o agresivas. ¿Dónde se ve esto? Fácil: personas recelosas, criticonas, secas, distantes, frías. Y acá va la posible explicación de por qué muchas personas son así: no conocen una manera distinta o más eficiente de relacionarse con otros que distante, agresiva o a la defensiva. El que critica mucho es alguien que fue criticado, el que es distante o frío también es porque tiene huellas o cicatrices de heridas del pasado. No es un comportamiento justificado en "porque soy así", "porque me da la gana": a otro perro con ese hueso.


¿Se puede culpar a esas personas? No, porque al menos activamente intentan conocer y utilizar sus recursos para poder modificar la situación molesta o dolorosa, en lugar de someterse por miedo o cansancio ante algo. Dependiendo de la vitalidad, voluntad y libertad de uno mismo se puede llegar a ser de tal o cual forma (y esto también depende respecto a qué cosas, porque no se puede generalizar a toda situación en la vida).


Acá también tendrían sentido las fobias: una experiencia desagradable (y quizá muy tonta objetivamente) nos condicionó a huir o entrar en pánico ante ciertos estímulos, sintiéndonos desbordados por la situación y escapando de ella y de toda cosa que pueda relacionarse con ella (que va desde una salida con una persona del sexo opuesto hasta una entrevista de trabajo), que hasta inclusive podrían darnos náuseas o dolores de estómago y/o cabeza.

Reflexión que intento dar con esto que publico: ¿realmente no podemos con ciertas cosas o es el eco de nuestro pasado que nos hace alucinar obstáculos donde no los hay? ¿realmente no podemos lograr o afrontar ciertas cosas? ¿que en el pasado no hayamos podido realmente significa que ahora no podamos? No intento sonar como un libro de auto-ayuda y toda esa literatura que detesto, pero es la verdad: a veces estamos condicionados o "educados" por situaciones adversas o porque la vida no fue de lo más justa con nosotros algunas veces, y nos rendimos al poco tiempo. 

Es normal sentir esto igualmente, salvo que uno sea un masoquista, no quiere sufrir o exponerse una y otra vez a lo mismo. Es más que obvio que un cuchillo hiere, que una comida en mal estado da un malestar desagradable, que un golpe deja un moretón, que un trueno puede asustar al desprevenido, que el rechazo de alguien duela o que un animal salvaje pueda devorarte, pero son ejemplos extremos y uno no creo que se encierre alejándose del mundo por ello.


Sin embargo, a la vez habría que realmente cuestionarnos y desafiar aquellas limitaciones que tenemos hoy día, y ver si conocemos el posible origen de ellas para comprender que es un eco del pasado que es nada más que una molestia (nada de pagar a un psicoanalista, ¿eh? Uno puede por sí solo reflexionando, insisto). Tampoco digo querer volar tirándonos al vacío o ser el mejor del mundo en algo de repente, ojo, me refiero a cosas realistas, ¿eh?

¿Conclusión? La vida nos educa, nos asusta y/o nos condiciona, quizá por días, meses, años o  para siempre. Pero posiblemente, en el fondo, aquel monstruo de la infancia, aquella resistencia que nos frustraba o aquellas alturas inalcanzables hoy día son nada al lado de un yo nuestro desarrollado, maduro y fuerte.

lunes, 26 de diciembre de 2011

La mentira de razón versus emoción

Cada tanto suelo escuchar que las personas clasifican, tipifican y juzgan a otra por ser fría/lógica/racional o sentimental/impulsiva/visceral, y voy a decir la verdad: me ENFERMA que hagan eso. Después de meses y meses pensando sobre estas cuestiones tengo una postura en particular, y la voy a compartir porque quizá a varios les ayude, pero no pienso imponerla como verdad (otra cosa que me enferma de las personas es que impongan sus creencias como verdades universales ciegamente).

Bueno, vamos por partes:

Yo en lugar de andar separando a las personas en tiernas o frías, racionales o impulsivas, lógicas o sentimentales, digo otra cosa: las personas somos más que eso, se diría por ahí, somos más que la suma de las partes. Imaginen que somos un conjunto de factores, agregados, elementos, ingredientes, pero ni siquiera una comida es eso cuando queda hecha: es más que todos los ingredientes juntos y no se puede negar. Las personas somos una unidad afecto-razón, así de simple. 

Neurológicamente el cerebro siempre está funcionando plenamente (eso del uso del 10% es una huevada exagerada por una persona descuidada que hizo famosa esa explicación), y tanto el lóbulo frontal y pre-frontal (relacionados con lo lógico y la personalidad), junto con el sistema límbico (lo emocional e instintivo) son parte de una unidad: el cerebro. Pero dejemos de lado la base biológica.

Sonny, robot protagonista de la película "Yo, Robot", quien se 
supone que no tenía sentimientos por ser una máquina lógica

Toda persona, si se da cuenta, tiene sentimientos y pensamientos, pero, ¡oh, sorpresa! TODO pensamiento tiene un contenido o tinte afectivo, por más que sea una cosa sin sentido/random/flasheada/pavada, y todo afecto tiene una imagen o representación en nuestras mentes.

Desde el querer a alguien hasta el miedo pueden explicarse en términos bien simples, y acá no voy a usar psicología precisamente para explicarlo: una imagen o pensamientos nos pueden producir emociones (una escena de una peli, un ideal imaginado, una situación hipotética) y un afecto puede producirnos pensamientos o ideas (oportunidades que nos hacen proyectar, personas que nos producen opiniones sobres ellas, etc.). Ahí tienen: una prueba bien concreta de que ambas cosas están unidas.

Ahora uno me dirá: "explicame por qué algunos son tan racionales y otros tan emocionales". Simple: es como preguntar por la lateralidad de alguien, digo: que alguien sea zurdo no hace que su brazo derecho deje de existir, ¿no? Es simplemente una preferencia. Razón y emoción son subdivisiones de una totalidad que es la dimensión de lo interior de la persona (lo biológico para los materialistas), tanto como dos brazos son partes de un cuerpo. 

¿Qué pasa cuando un brazo se sale de su cuerpo? Es nada, y básicamente queda muerto e inútil. ESO pasa con pensamientos y emociones al ser aislados del todo. Conclusión: ser racional o emocional, como todos dicen generalmente, es un exceso o un abuso de aquello que poseemos como humanos. ¿Qué consecuencias trae esto? Que personas sobrepiensen, represión de sentimientos, personas impulsivas que se niegan a reflexionar el origen de sus sentimientos o que son imprudentes y se ciegan por pasiones, personas que confunden pensamientos con afectos y viceversa (expectativas e ideales que por ejemplo llevan a decepciones o no permiten asumir ciertos afectos o sentimientos), etc. etc. etc.

Voy a dar otro ejemplo más simple: uno quiere a alguien por el concepto que tiene de la persona, y ese concepto hace quererla más, pero a la vez por querer a alguien de manera inicial y tenue hace que tengamos interés/motivación/necesidad/curiosidad de conocer más al otro. También pasa cuando las personas chatean mucho o comienzan a preguntarse todo tipo de cosas: gustos, intereses, lugar de origen, preferencias, cosas que detesta y bla bla bla, todo para regular y "calibrar" el posible vínculo que está surgiendo.

"El grito", obra famosa de un artista noruego de apellido Munch, 
que representa la angustia y la desesperación existencial



Ahora, volviendo bien a lo emocional y racional como supuestamente separados: es cierto que muchas veces las personas se encaprichan por pavadas, que sienten celos tontamente, que se enamoran estúpida y rápidamente, que sus impulsos sexuales las hacen cometer cosas atrevidas, que algunos sobrepiensan cosas que no existen, que otros se angustian por cosas que quizá nunca pasen. ¿Por qué? Repito: hay un exceso de lo racional o emocional, que son las caras de una misma moneda. ¿Evitable? Oh, no, en lo absoluto. Como mucho podremos equilibrarnos y aprender a desafiar nuestros pensamientos y no dejarnos llevar por impulsos como si fuéramos adolescentes alborotados por hormonas, pero siempre va a haber un exceso, con consecuencias tan dispares u opuestas tales como miedo, ansiedad, ternura, confianza, recelo, desprecio, rechazo, simpatía y demás.

Otros ejemplos son las batallas internas: ¿sentís que pensás y no llegás a más? ¿que no paraste de desquitarte agresivamente y/o llorando? Quizá estás fallando en no utilizar la otra parte que separaste voluntaria o involuntariamente, y podrías considerarla para concebir las cosas de otra forma. Apuesto a que hay un abuso de "lo emocional" o "lo racional", que intentaste separar del todo y que así le va...

Una persona racional tranquilamente puede ser muy sensible, como alguien muy amoroso y pasional puede ser muy racional: depende de la situación y el estado regular de la persona (cosas como tóxicos o factores de presión nos llevan al límite y actuamos de una manera fuera de lo común por ejemplo), solamente que la regularidad que conocemos del otro a veces nos hace creer que la otra cara está en coma o que básicamente no tiene su señorío sobre la persona. 

No voy a negar tampoco que hay personas muy frías a quienes les dan igual (supuestamente) sus instintos y sentimientos, como personas muy instintivas o impulsivas que parecen infantes que no razonan sus motivos o razones de dejarse llevar, pero son ilusiones o complejidades que se crean en nuestro interior por la constante interrelación de distintos factores, que, de hecho, tampoco voy a negar que nos hacen ver las cosas como blanco o negro en lo emocional o lógico, cosa que, repito, es algo que yo considero un error en el cual es fácil caer.

Conclusión general: el placer constante como la abstracción, el sobreanalizar como el dejarse llevar pasional y ciegamente, son excesos. Quizá necesarios para ciertas situaciones, o excesos innecesarios porque ya nos acostumbramos  a "funcionar" así, que nos hacen olvidar (qué raro el ser humano siendo prejuicioso) que somos un todo. 

¿Vas a ser racional o emocional dividiendo ambas cosas? Intentalo, pero es como separar las aguas: vas a poder establecer límites artificiales, de algo que sabés que nunca fue separado en realidad, sino llevado a un exceso, opacando su mal considerada "contraparte". 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Diferentes personas en una persona

No estoy haciendo referencia a una persona con personalidades múltiples ni a alguien hipócrita que tenga vidas paralelas o algo así. Intento hacer referencia a lo siguiente: todos tenemos distintas máscaras en nuestras vidas ("persona" en la antigüedad era una palabra que se usaba para la máscara que usaban los actores en el teatro). Digo esto porque obviamente en una sociedad o ante la presencia de otro tenemos una identidad, una individualidad, tenemos un rol, un papel. Metafóricamente, si la vida fuera una obra de teatro que se está ejecutando, nosotros, un actor, podríamos llegar a cumplir no solamente un papel, sino varios.


¿Qué quiero decir? Bien, partamos de la base que las personas son complejas y tienen una riqueza bastante amplia en su persona. Ahora, uniendo el concepto de "riqueza" con el de "rol" y "sociedad" podemos pensar esto: las personas son tan complejas que en la sociedad tienen al menos un rol. Y digo "al menos uno" porque tener un solo papel en la vida es una mentira y algo insostenible.


Ejemplos que desmienten instantáneamente esto son que alguien puede ser hermano, padre, hijo, abuelo, alguien no-gracioso, tierno y ridículo al mismo tiempo. ¿Esto indica contradicción? De hecho no: muchas personas a quienes se les atribuyen roles no los obtienen por una mera construcción social, como un consenso de conveniencia o una especie de relativismo o construccionismo social. Simplemente las personas tenemos ciertos rasgos o características cambiantes o permanentes, bien claros o difusos, que hacen que se nos "clasifique" en un desempeño o papel social esperado. 


No es contradictorio, además, porque alguien puede ser un pésimo padre pero un buen hermano, se puede ser un pésimo comediante pero a la vez un buen novio, también se puede ser tierno y repulsivo al mismo tiempo. ¿Dónde se nota esto? En la vida en sí, siempre podemos oír frases tales como "en el fondo es buena persona", "me enferma cuando se comporta como idiota", "es raro pero con el tiempo se hace agradable", "para mí es gracioso pero a veces ridículo". 






Habría que diferenciar ciertos estados y ciertos momentos atravesados por un cierto contexto (que incluye tanto factores físicos como sociales, aclaro) para ver cómo una persona se comporta. De repente algunas personas pasan a ser poco educadas en ciertas situaciones, o pueden tornarse muy densas con ciertas personas. ¿A qué se debe? A que tenemos más de una persona/máscara en nosotros, y lo necesitamos. 


Muchos son juzgados por lo que muestran seguido, en general, un personaje, y no por aquello que se puede conocer de ellos (como aspectos ocultos o no potenciados). La manera en la que uno conoce a una persona en su totalidad es simple: pasar tiempo con la persona en distintas situaciones para ver cómo reacciona y se desenvuelve. Muchas personas meten la pata en esto: tienden a decir que conocen a alguien lo suficiente para quererlo, pero luego comienzan a ver otros aspectos que parecieran contradecir ese lado que conocen: de repente el otro es desconocido, mentiroso, compulsivo, imperfecto, incoherente, etc. etc. etc.


¿Qué postura propongo yo? Afirmar sin miedo alguno, como ya lo hice antes, que nuestras metidas de pata, nuestros defectos, no tienen por qué contradecir nuestra bondad o aquellas virtudes. Por ello, vuelvo a retomar ejemplos de arriba, fracasamos en ciertos roles y en otros somos exitosos o eficientes, por ello somos por parte de ciertas personas una pésima referencia y para otra somos un ser muy agradable y de quien hablan bien.


¿Dicen que una amiga tuya es una traidora mentirosa? Habrá que ver cómo sucedió todo, y si lo es con las demás personas. ¿Dicen que tu amigo es un desubicado e hipócrita? Habrá que ver el contexto y la relación que tiene con la persona que sostiene tal afirmación. ¿Qué acaso no son populares frases como "no sabía que tenía ese lado suyo", "conocí una faceta de él que no conocía", "se sacó la careta y resultó ser otro tipo de persona"? Esas expresiones dicen bien en claro esto que estoy intentando desarrollar.


El problema de todos nosotros es que usamos prejuicios para ahorrarnos pensar mucho, así que resumimos todo de esta manera: "hizo [inserte aquí cualquier verbo], por tanto es un [inserte aquí un adjetivo que haga referencia a un accidente que refiera dicho verbo]". Es una generalización se podría decir, también con las referencias que recibimos de otros: "esa persona me [inserte aquí cualquier verbo], así que yo que vos me cuido porque es [inserte aquí un adjetivo que haga referencia a un accidente que refiera dicho verbo]".


Nuestros personajes forman parte de nosotros mismos, que en el más esperable de los casos, es una unidad firme, que abarca a todos los personajes, como un escritor que los imagina y les da cualidades, carácter, identidad: él es cada uno de esos personajes, ellos le susurran con sus voces qué sienten, piensan y quieren. Nosotros nos quitamos una máscara para colocarnos otra, ya sea por presión (ejemplo: hacernos los serios para no mostrar nuestra sensibilidad), por exigencia social (ejemplo: ir bien vestidos al trabajo siendo que odiamos el saco y corbata) o quizá para intentar saber quiénes somos (ejemplo: nos identificamos con alguna figura y tomamos sus valores o conductas para ver si podemos interiorizarlas, como los adolescentes hacen).



Ahora, ¿cuándo una persona tiene un rol prominente? Posiblemente cuando varias opiniones, en diferentes contextos, afirman básicamente lo mismo de la persona: "es en general tranquila", "es muy tierna", "es una persona que piensa mucho". Ese personaje, quizá, es aquel que se hace presente casi siempre, pero, insisto, es UNO de los TANTOS que tenemos. ¿Cómo conocer al humano más allá de esas múltiples facetas? Unificando todas esas máscaras y viendo la constancia que cada ser manifiesta: así hay personas serias que pueden ser tiernas, graciosos que son depresivos, educados que son sexópatas, personas con toxicomanías educadas y elegantes, mentirosos que por fuera dan lástima, etc. etc. etc. 


¿El problema? Cuando dos máscaras son contradictorias, más allá que sean distintas, y diesen a uno una gran confusión o un buen dolor de cabeza o sorpresa a la hora de ver cómo la persona realmente se comporta y cómo, por ejemplo, valora, siente, percibe o considera muchas cosas. No es lo mismo una persona tierna que a la vez es desordenada (se puede ser ambas cosas a la vez, que a otro no le agrade es otra cosa) que alguien que dice defender la vida pero que asesina gente (evidente contradicción).


¿El otro problema? Admitámoslo: no siempre damos a conocer todas nuestras facetas, quizá por miedo al rechazo o a la desconfianza, porque ni siquiera nosotros las conocemos o simplemente porque no lo vemos necesario. También convendría admitir que muchas personas tienen repulsión a ciertos aspectos de otras personas, y que, por más que todas nuestras personas estén en armonía, con un solo rostro que no agrade o inspire recelo al otro ser ya estamos básicamente condenados.


Síntesis para concluir: ¿tenemos una sola cara en nuestra vida? No, tenemos muchas, y no porque queramos exactamente. ¿Una cara contradice a la otra? No, salvo que la persona sea enferma y tenga un accionar incoherente (que no significa diferente exactamente). ¿Cómo conocer a alguien realmente? Conociendo sus diferentes rostros.


Ahora, la pregunta más importante sería: ¿estás dispuesto a conocer todos los rostros de alguien, o inclusive los tuyos?

domingo, 18 de diciembre de 2011

Ser interesante o aburrido

Convengamos que ahora todos somos geniales porque nos la pasamos en Internet leyendo cosas, viendo vídeos, escuchando música de todo el mundo, leyendo artículos científicos o viendo imágenes graciosas, pero, ¿hace doscientos años qué? Imagino que si las computadoras se fueran, o la televisión, muchas nos volveríamos dementes del aburrimiento. Aunque en esa época calculo las personas hablaban de otras cosas que las atravesaban, al menos eso supongo, de ser así nadie hubiera tenido amigos nunca o nadie se hubiera reunido con nadie, ni mucho menos convivir.

Algo a lo que presto atención es a las personas que juzgan o califican a otra de "interesante", "divertida" o "aburrida". En general las personas prefieren a alguien interesante o divertido con quien pasar el rato, o cuando se aburren no tienen ganas de nada y no quieren ver a alguien en su misma condición, salvo que ambas puedan entretenerse o levantarse el ánimo de alguna forma.


¿Maneras de divertirse? Bueno, hay muchísimas, más que hace años en parte, debido a la gran cantidad de material multimedia que hay disponibles de manera instantánea y sencilla. Pero lo más curioso es que esto no tiene grado de universalidad en su mayoría: por ello hay personas que son interesantes para algunas y totalmente aburridas para muchos grupos.


En general las personas tenemos gustos e intereses marcados, y ciertas tendencias. Sí, ya sé: chocolate por la noticia/manzana/no me digaaas/es re obvio. Ahora vamos a lo menos obvio: cómo las personas juzgan a otras y cómo y cuánto se relacionan con otra por gustos e intereses. Es simple: hay dos cosas que intervienen: 1) el aprecio que tenemos de la persona, 2) el concepto que tenemos de ella.


Ejemplos: un charlatán mentiroso no va a ser la preferencia de muchos, salvo que sean estúpidos, una persona que no te simpatiza difícilmente va a lograr que su discurso o mini-charla te simpatice, una persona que apreciás por más que te hable de huevadas quizá te entretenga. Algunas personas se juntan a básicamente decir incoherencias, a hacer chistes, a hablar de cosas reflexivas y profundas, a simplemente escuchar, observar, o a simplemente a hacer verborragia. 


En términos simples: mientras más cosas compartas con alguien, más te puede simpatizar, y viceversa (aunque hay casos donde podemos compartir ideologías, creencias o gustos con alguien que no soportamos y nos queremos inclusive agarrar la cabeza).


Aparte también no siempre todo depende de uno: hay gente que, quejándose o no, no pone su iniciativa, voluntad o "buena onda" para mejorar las cosas, así que a no quejarse si el otro está callado o algo así para hacer justas las cosas.


Dejando de lado el tema de charlar o lenguaje verbal, también hay otros recursos: no todos tenemos una vida súper divertida de la que podamos contar siempre historias, tampoco somos héroes antiguos que cazamos monstruos, tampoco somos aventureros que escalamos montañas y luchamos contra sectas como para entretener siempre. Así que, ¿qué hacen las personas para entretener al otro? Simple: se juntan a jugar videojuegos, a ver películas, a estudiar, a dibujar, a escribir, a caminar. ¿Por qué? Porque a veces las personas necesitan depender de un elemento externo: es más fácil, uno no tiene que andar siempre entreteniendo y ambos están en compañía del otro prestando atención a algo, en general digital hoy día. 


El distenderse es aflojar nuestra cabeza, relajarnos, no movernos mucho, ser casi vegetales. Ejemplo: ¿qué cosa "útil" hace alguien en una joda? Nada, va y viene, toma, grita, canta, baila. ¿Se divierte? Totalmente, pero haciendo nada en particular, simplemente disfrutando invadiéndose de estímulos, porque pareciera que cada tanto necesitamos salirnos de nosotros  mismos. Dos personas bailando pueden comunicarse mejor que dos personas que charlan malentendiéndose o con total desinterés, dos músicos pueden improvisar música llevándose mejor que dos compañeros de clase. Es así de compleja la cuestión.


También agreguemos que las personas en general se juntan con otras personas a las que les confían cosas, supongo que en algún momento la reserva de cosas a compartir se agota y uno tiene que recurrir por necesidad a contar cosas personales, o pavadas de la rutina diaria. Por algo las famosas expresiones de "vamos a juntarnos a boludear" o "vamos a tomar unos mates para charlar". ¿Resultado en general? Hablar de NADA, y hasta a veces ni se acuerdan de qué hablaron.


Ahora yo pregunto: ¿Cómo se mide el aburrimiento? ¿Con qué medida? ¿A partir de cuándo algo es divertido o pasar a ser aburrido? ¿Hay grados? ¿Densidades? ¿Límites realmente fijos? 


Hoy día es divertido ver cómo muchas personas chatean un montón de cosas compartiéndose imágenes y canciones y bla bla, pero es curioso ver cómo en persona quizá no saben qué decir o no tienen espontaneidad. La rutina en parte, supongo yo, a algunas personas les da totalmente igual, debido a que las personas a veces eligen a las mismas personas,  mismos días y mismos lugares para juntarse a, bueno, ¿hacer nada?


Las personas que tienen complejos de no ser interesantes o divertidas es porque generalmente deben tener una gama reducida respecto a intereses o contenidos que tengan en su cabeza. Quizá también sean realmente agradables y tengan mucho qué compartir, pero nunca encontraron a nadie que las estimule o las haga sentir escuchadas o que vale la pena que hablen.


Las personas divertidas en general no son personas que la tienen re clara en todo y que tienen una ajetreada vida: a veces simplemente son personas que saben inclusive contarte la misma historia una y otra vez sin cansarte, tienen parla/chamullo/capacidad de discurso. De hecho me atrevo a decir que la gente siempre habla de las mismas cosas en general: de las mismas personas, las mismas situaciones, los mismos aspectos de la realidad, y con esa constancia se logra afinidad, conocer al otro, costumbre, rutina y aprecio.


Si sos fan de pelis de culto, vas a conocer a alguien con quién hablar de eso, y posiblemente puedas explorar otras afinidades o temas para tocar. Si tenés un fetiche con las cosas de ciencia ficción, quizá no haya muchos a los que les guste eso, pero alguien quizá que no conozca de ello va a escucharte o aprender de vos. Hay personas, por cierto, a las que las cosas complicadas o misteriosas no les interesan mucho: les interesan cosas como comida o qué le gusta hacer al otro de hobbies, sin rebuscar o complejizar el tema.


Además ser interesante no te hace ser querible, te hace ser admirable o divertido en todo caso. La gente que tiene vida aburrida se junta con otra, la gente no muy inteligente también, el que nunca cuenta nada se incluye, ¿no?






¿Conclusión? No te preocupes en no ser interesante o divertido. La cuestión es pasarla bien un rato y dejar de acomplejarse si uno es entretenido o no, el aburrimiento nos atraviesa a todos, no lo podemos controlar del todo, y quizá nos aburrimos de nosotros mismos, pero para otros somos algo nuevo, curioso, misterioso o interesante realmente. En todo caso, si unas personas están aburridas, a aburrirse juntas, ¿no?

domingo, 11 de diciembre de 2011

El apego

El apego es algo que afecta a todas las personas y que tiene una relación directa con el sentimiento de pertenecer a algo o a alguien. También sería muchas veces el porqué extrañamos o necesitamos tener contacto con ciertas cosas o ciertos seres humanos durante ciertos períodos. No es mi intención obviamente aportar nada nuevo al asunto, simplemente reflexionar y "analizar" el tema, que al menos me parece bastante interesante y digno de considerar en nuestras vidas.

Dicen por ahí que el apego recibe una fuerte influencia de nuestras primeras relaciones en la vida, ya sea con objetos del mundo que nos rodea o con nuestra madre, quien nos estimuló con contacto, calidez, cariño, etcétera, y lo más probable es que sea cierto: en general las personas apáticas o sociópatas no tienen mucha capacidad de empatía (bah, es nula en la mayoría de los casos que yo sepa), y tampoco muestran demasiado interés en otras cosas que no los beneficien de alguna manera. Otras personas se relacionan con ciertos sentidos: algunas tocan las cosas, otras prefieren escuchar, otras son observadoras distantes. También están quienes dominan el ambiente y quienes son sumisos, pero como sea: interactúan.

En el caso de las personas que viven autistas (no me refiero a la enfermedad misma) tampoco son de demostrar demasiado apego o interés a las cosas, se prenden de aquellas cosas que les sirven o que pertenecen al mundo que permiten introyectar en su persona. 

¿Sobre las personas solitarias? No son de tener mucho contacto con las demás (tengan la necesidad o no) y son quienes en general proclaman o manifiestan aparentemente ser autónomos, independientes, libres de ataduras u obligaciones, etcétera, pero no pueden negar que de todas formas necesitan obtener beneficios interactuando, aunque sea por mínima necesidad.

Respecto a quienes no pueden estar solos mucho tiempo: tienen un apego un tanto patológico, se sostienen demasiado sobre otras personas u objetos externos, y esto va desde materialismo hasta la incapacidad del silencio de la soledad.

Algo, sin embargo, es seguro: y es que necesitamos comer, tomar, dormir, regular nuestra temperatura, darnos gustos y lujos y sentir que pertenecemos o que somos alguien apoyándonos en otros. ¿Cómo? Teniendo un grupo de amigos, compartiendo experiencias, gustos, imitando figuras ideales, intentando tener fe y esperanza ante ciertas creencias inculcadas, contagiar nuestros pensamientos y sentimientos, con relacionarse de alguna forma con el cajero del supermercado, con el vendedor de ropa, caminando sobre el asfalto, robando la manzana de un árbol, aprendiendo de una persona experimentada, y la lista sigue...

Un nenito que extraña a su mamá, su papá o su hermanito, puede tener un objeto que le recuerde a la persona (desde un osito de peluche hasta un perfume). Una amiga que extraña a otra con ver una foto de ambas sonrientes, memoria de una linda historia, va a sonreír y va a sentir a su amiga menos ausente de lo que está. En un finde aburrido una persona va a tener la necesidad o la idea de querer al menos charlar con alguien, o darle un abrazo o expresar su cariño (o recibirlo de la otra persona): todo esto es apego, la vulnerabilidad que un ser humano nos imprime sobre nuestro ser.

En cambio, otras personas que intentan desapegarse, sea por una pelea, una mudanza, un objeto roto, deshecho, inútil, o por alguien que perdieron por ejemplo, si realmente estaban apegadas al objeto o a ese ser, les va a costar olvidarlo o despedirse: he ahí entierros, homenajes, imaginarse que hablan con la persona, dedicaciones, canciones que recuerdan a un lugar o a alguien, memorias dolorosas que conmueven, el intentar no retomar contacto con lo perdido, el intentar (tonta e inútilmente muchas veces) sustituir esa cosa por otra y demás: distintas maneras de adaptarnos a una realidad cambiante que nos produce tristeza y nos produce estupor al mostrarse cambiante...

Aunque también hay, como dice un autor de apellido Bowlby, un apego, digamos... falso: es un apego que se hace por pánico, necesidad, situación extrema o límite, y va desde que un nene vaya corriendo llorando a abrazar a un desconocido porque se perdió hasta ponerse a chatear con alguien por aburrimiento o desesperación. También se presenta en por ejemplo, personas que intentan sobrevivir estando juntas en grupo, colaborando. Este falso apego dura poco y está determinado por el estado anímico y/o la situación de al menos una de las dos personas. También obviamente se incluyen las necesidades afectivas o sexuales, como la gente desesperada o que quiere perderse en otra de una manera vana y muchas veces objetable.

Películas, música, hábitos, pensamientos, actitudes, fotografías, libros, perfumes, palabras, gestos: nos identificamos con esas cosas, aquellas que introyectamos, que replicamos en nuestro interior para evocar lo ausente (se esté consciente o no de dicha ausencia). Ejemplos de frases que manifiestan esto: "sos una parte de mí", "te quiero tener cerca", "estás re lejos", "¡hace mucho no nos veíamos!", "¡hace rato no sé nada de vos!", "me estaba acordando de vos los otros días", "extraño mi casa", "esta canción me trae lindos recuerdos", "siento que pertenezco a este lugar", "me siento parte de este grupo", "te olvidaste de mí", "tengo un lindo recuerdo de esa persona", "me gusta recibir tu cariño", entre otras expresiones tan populares y cotidianas.

Aunque también la distancia y otros factores físicos, aparte de discusiones, junto con otras condiciones y sucesos adversos, provocan molestia, dolor, aflicción, ansiedad: intentamos cambiar las condiciones o adaptarnos a ellas para no perder el lazo que tenemos con ese referente. Si uno no se esfuerza mucho en ello, yo diría que se reconsidere cuán importante o valioso fue realmente ese apego que afirmábamos y creíamos tener.

¿Conclusión? Somos débiles, necesitamos del mundo, de los demás, ¿para qué? Para nuestro equilibrio y nuestra salud. ¿Tenemos una ventaja? Sí, muchas, entre ellas lo abstracto, lo que evoca, lo que hace presente, lo que nos permite recordar. ¿Esto nos atraviesa a todos? Obviamente, aunque sea por pura necesidad...

domingo, 4 de diciembre de 2011

Las personas como medios o fines

Con esta entrada quizá varios me detesten o crean que realmente me pasé de la raya, pero es un pensamiento que vengo sosteniendo hace un tiempo y que intento aplicar lo más que puedo: las personas como fines o como medios. Para dar un par de definiciones sobre medio y fin voy a decir que un medio es un instrumento que permite llegar a un fin o algo que queremos, y que de hecho es desechable. En cambio el fin es aquello que queremos, es nuestra meta, objetivo, aquello que nos empuja, y que a veces las personas usan todo tipo de medios (hasta los más retorcidos) para llegar a él y poseerlo, degustarlo, etc.

En la vida real constantemente estamos aplicando esto sin darnos cuenta y a veces no es fácil distinguirlo, o inclusive a veces hay ambigüedad. Voy a dar muchos ejemplos para explicar las diferencias básicamente (al menos yo seguido creo que las puedo hacer y es muy útil para no meter tanto la pata):

1) Respecto a las necesidades fisiológicas:

a) Supongamos que una persona tiene dolores de espalda. ¿Qué necesita? Un kinesiólogo. ¿Le importa si él se encuentra bien anímicamente? ¿Cómo se llama realmente? No, ni le pregunta ni se va a acordar en unos años seguramente su nombre y su apellido. Simplemente tiene un acuerdo con él para aliviar su dolor. Acá el profesional es un medio, dejando de lado su persona. Quizá un par de buenos modales y suficiente.

b) Supongamos que una persona tiene ganas de... bueno, desagotar fluidos relacionados con la reproducción de la especie. ¿Qué hace? Le ofrece a otra sacarse las ganas mutuamente por conveniencia. ¿La persona se considera acá? Mmm... nop, quizá un poquitín en los famosos "amigos con permisos" o algo así, pero esas personas que constantemente lo único que buscan de otro es calor y contacto piel a piel y toquetearse y demás me parece que no están muy bien del coco. De hecho es un acto donde la esencia del otro ser humano se opaca o se deja totalmente de lado para simplemente usar su boca y otros agujeros del cuerpo para sacarse las ganas. Inclusive ir a besar o coquetear a alguien porque a uno le parezca interesante es usar a la persona. No niego que se disfrute y bla bla, pero admitan que la persona no les importa, y que si no fuera del sexo que a uds. les interesa, ni siquiera le hablarían. 

c) Las personas en situaciones crítica, como personas que sobrevivieron a catástrofes, colaboran entre ellas o se hacen compañía (en varias series esto se puede ver), y aprecio no se tienen: es simplemente un compañerismo o necesidad de supervivencia para no morir. Es un falso apego que conviene a todos, ya sea para protección o mantener o equilibrar ciertas necesidades fisiológicas.

2) Respecto a las necesidades afectivas:

a) Uno invita a una persona a que se junte con nosotros porque estamos aburridos. Está bien, nos aburrimos a veces y necesitamos contacto con un ser humano cada tanto, pero reunirse con alguien como dicen popularmente como "peor es nada" es totalmente estúpido, de manipulador y de una persona caprichosa que espera que le sacíen su capricho. Si generalmente uno va a encontrarse con alguien a pasar un buen rato debería ser porque quieren estar con esa persona específica y no otra, por más que haya un aburrimiento general o una necesidad difusa de contacto con otro. Si una persona repentinamente consiguiese a alguien "mejor", la otra persona, les apuesto, deja de existir. Esto se ve en personas que por casualidades de la vida estaban solas y hallaron compañía una a la otra, o que por estar en un ambiente donde había pocas opciones tuvieron que conformarse. 

b) Cuando una persona tiene su auto-estima por el piso o está desesperada por tener un amigo/a, compañero/a, necesitada de un afecto, atención, etc. Bien, hay una necesidad general de ello, pero conseguir a alguien para que nos ande adulando o acariciando es algo pésimo, porque es algo absurdo reducir a un ser humano a su expresión de cariño. Tendría que importarnos la persona, sea cariñosa o no, sea expresiva o no. Y dar un abrazo porque "se necesitaba abrazar a alguien" o "enamorarse porque uno estaba solo" es algo típico de una persona que se aferra generalmente a lo primero que conoce, tiene o que apenas aprecia, apresurando las cosas y luego metiendo la pata. Si estas personas perdieran su contacto cariñoso en alguna expresión, ¡oh casualidad! se pudre todo o repentinamente ni se extrañan como dicen. En esos casos la persona no importa tanto, pasa a segundo plano: lo relevante sería su cariño o sus gestos, y este es un gran de error de el 99,9% de las personas: enamorarse de los gestos de alguien y no de ese alguien, más allá de sus gestos (que no voy a negar sin embargo que ayudan)

3) Respecto a necesidad sociales/espirituales:

a) Supongamos una persona cree en un dios y ciertas cosas religiosas. ¿Lo hace porque así lo siente? No siempre: es porque lo necesita, ya sea para sentirse más seguro en esta existencia como para consolarse de un potencial vacío futuro. Quien cree para asegurarse un pasaje VIP a premios y regalos de una entidad superior, o quien es buena persona porque así lo dicen los mandatos religiosos, y no porque le nazca de adentro, es una persona que usa dichas acciones y creencias para un fin: sobrevivir espiritualmente, trascender la imperfecta materia. En términos simples: creer en lo que a uno le conviene, pero decir de boca para afuera que realmente cree porque así lo siente (lo que siente para mí en muchos casos, sinceramente, es miedo).

b) Alguien realiza obras, ya sea dibujos, pinturas, escritos, inventos, música, etc. Generalmente los tiende a exhibir, ¿por qué? Porque, como dice una canción que conozco por ahí, pareciera que el corazón humano demanda ser admirado. ¿Es malo esto? Para nada. Pero usar a tu público y supuestamente amarlo mientras te aplauda es estúpido. Si de repente se pusiera crudo o áspero con comentarios y maneras de valorar tus obras, ¿te sentirías bien? ¿los seguirías queriendo? No, seguro te decepcionarías o los mandarías a la caca. Supongo que todos debemos apreciar lo más que podamos a las personas como fans, seguidores o personas que nos tienen de referencia, y esto también es totalmente aplicable a esa persona que nos sigue o está pendiente de nosotros o nuestras obras. Acá también distingo el querer a un músico, cosa básicamente imposible porque ni lo conocés y un par de palabras no hacen que te enamores o penetres profundamente su mundo interior y singularidad como persona. ¿Qué distinción hago en el artista? Quererlo por su persona (si sos pariente o vecino te creo) o quererlo por sus obras, o querer más a sus obras que a él mismo. Generalmente las personas a veces son muy conscientes de esto y dicen: "si otro músico lo hiciera no me gustaría, él da su toque", " yo a ese escritor lo banco porque me parece un buen ser humano, por más que su último libro sea flojo". 

c) Cuando las personas se juntar a charlar o estar juntas, dejando de lado el factor "peor es nada" o miedo al vacío, el aburrimiento o el patetismo (influyentes en su estado de ánimo y su auto-concepto obviamente), también están en presencia de terceros atestiguando muchas escenas. Las personas que están con otras, sean específicas o no, para verse rodeadas de gente para decir "waaa, tengo a alguien, mírenme, ¡no estoy solo!" con ir caminando en grupo, es totalmente idiota. Sé que se siente bien, pero estar por estar en la masa para usarla como refuerzo o adorno a nuestra condición floja es algo cruel. Lo mismo si nos juntamos con personas que nos agradan mucho y admiramos y lo publicamos mucho: está bien demostrar orgullosamente el vínculo que se tiene con alguien, pero sacarte fotos con alguien o básicamente echar en cara a los otros el vínculo es usar al otro, es lo que comúnmente se denomina "poser" (repito, donde importa más la imagen social dada que las dinámicas acontecidas en esas interacciones vistas por fuera).

d) Cuando un músico busca a un miembro nuevo de una banda para desempeñar un cierto rol dudo que se fijen exactamente en que sea una persona con la que puedan entablar una buena amistad o que sea su preferida exactamente: la buscan porque sea profesional y no les importa mucho su condición de ser humano. Quizá se forma amistad demás y bla bla, pero que admitan que primero la eligieron por tener un cierto talento y profesionalismo para la banda. Es como el caso del kinesiólogo: se reduce todo a un rol de desempeño social, una utilidad. Otra cosa sería que hallen un músico amigo o ya conocido que encaja con el grupo independientemente de su talento o lo que sea que tenga. 

Para ir redondeando y terminar: Es por estos ejemplos cotidianos en los que se evidencia el cómo y/o por qué las personas se separan o misteriosamente dejan de producirnos lo que solían: es porque muchas veces las usamos o desechamos, sin darnos cuentas, a consecuencia de un fin superior a ella. La usamos, haya sido sin querer o no, pero lo hicimos, sea en el grado que sea. Muy pocas personas tienen una relación (sea de la que sea) donde realmente se importan como fin, por más que sean un medio, y eso se nota en la incondicionalidad y la persistencia de su interacción fluida y su constante aprecio mantenido o incrementado. Hay que ver hasta qué punto "usamos" a alguien y hasta qué punto queremos a esa persona o ese objeto más allá de su "utilidad". ¿Nos seguimos hablando con algunos compañeros de la escuela? No, ¿nos relacionaríamos de otra forma con el verdulero si dejara de serlo? Posiblemente no, ¿qué sucedería si una persona dejó de darte lo que siempre te daba? Quizá te molestes, pero podrías elegir si seguir a su lado o no. Siguiendo estas reflexiones sobre estos asuntos creo, sinceramente, que varios dolores de cabeza y varias metidas de pata podrían ser evitadas.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La acritud

Agresividad, crudeza, brusquedad, irrupción, ira, rencor, molestia, desprecio y odio. Todo eso alguna vez hemos experimentado o aplicado en nuestra vida al relacionarnos con los otros y con el mundo.


Hay personas que constantemente son amables y que parece que nada las altera, excita o pone ansiosas. Esas personas son básicamente falsas, reprimidas, autistas o sin vida. Agresividad tenemos todos en nuestra naturaleza: la necesitamos.


Desde que somos un embrión usamos nuestra fuerza para lograr sobrevivir en el vientre materno, cuando crecemos resistimos un mundo nuevo, sufrimos cambios a los cuales intentamos sobrevivir, y cuando más o menos somos conscientes de nuestra fuerza y tenemos un control de ella, atacamos al mundo: lo exploramos, lo tocamos, lo investigamos, lo saboreamos, nos alzamos sobre nuestros pies, intentamos alcanzar lugares altos, intentamos romper cosas para desafiar su resistencia y golpeamos obstáculos o barreras que nos frustran ciertos deseos.


Un ser pasivo, tirado como en estado vegetal, sin esforzarse, sin usar o gastar su energía, no sobrevive: necesita aplicar o presionar los esquemas externos, muchas veces imponiendo esquemas internos para sobrevivir, como cuando nos mantenemos fijos en un lugar más allá de las adversidades, cuando nos defendemos contra agresiones, cuando atacamos para obtener algo de otro, cuando somos celosos o posesivos respecto a algo que sentimos que es nuestro (por más que no lo sea).


Rechinar los dientes, golpear las cosas, fruncir el ceño, tener una mirada amenazadora, hacer chistes violentos, estar crispado por nervios, tener dolor de estómago, el estremecimiento del cuerpo por la adrenalina, el disgusto porque alguien posee algo que alguna vez fue nuestro o que deseamos aunque sea como capricho (conocido como celos y envidia) alguna vez todos lo vivieron: no lo nieguen.


Ni hablar de la intolerancia a la frustración, la desesperación, la violencia, los insultos, el presionar nuestros ojos y nariz comprimiendo nuestro rostro cuando lloramos, el cerrar el puño, el daño a uno mismo tironeándose los pelos o comiendo mal, castigándose, martirizándose, la culpa, el dolor. Ninguna de estas realidades físicas o espirituales nos tienen piedad y nos discriminan a la hora de manifestarse.


Hacer actividad física, leer compulsivamente, intentar aprehender la realidad de la forma que sea, imponer nuestros sentimientos o pensamientos ante otro, dar órdenes, tolerar una enfermedad y luchar contra ella: eso también es acritud.


Todos tenemos nuestra forma de catarsis, descarga o alivio temporal: algunos golpeando gente o cosas, otros desentendiéndose de la situación ansiógena, otros básicamente insultando y criticando todo lo que pueden, y otros con la tortura auto-administrada, quizá porque esa violencia querríamos aplicarla sobre el objeto existente, pero por tal o cual razón no lo hacemos (ya sea por imposibilidad o por prohibición cultural por ejemplo). La agresividad puede ser directamente descargada o puede ser de manera sublimada, pero es un hecho: es descargada hacia afuera (el mundo y los demás) o contra el interior (nosotros mismos)



¿Ejemplos cotidianos? Desde el rebelde sin causa hasta el deportista que le pone actitud y garra a su actividad. También se puede incluir una persona que encubre verdades desagradables con chistes, ¿o por qué no una chica celosa porque su ex consiguió a alguien?. Ni hablar de que alguien sea mejor que nosotros en algo y lo consideremos injusto, o el acto sexual mismo, donde la supuesta ternura se acompaña de un factor agresivo explícito. 


También, por cierto, somos agresivos al ser tercos, persistentes o al tener una hiperactividad con o sin propósito en nuestra vida cotidiana, puesto que socialmente una cierta carga y tipo de agresividad están permitidas para ciertas situaciones o dirigidas para ciertos propósitos.

Es un hecho: todos necesitan desquitarse de alguna forma, todos tienen un límite de paciencia y tolerancia, un ser tranquilo puede sacar su monstruito guardado a la hora de discutir con ira o frustración excesivas como alguien al sentirse herido u ofendido comienza a ladrar en vez de hablar. 

"La venganza no es buena, mata el alma y la envenena" solía decir Don Ramón, y es cierto: la agresividad liberada, justificada o no racionalmente, es muchas veces incontrolable e inclusive adictiva para muchas personas, más en caso de haber un sadismo o masoquismo (o ambas cosas) presentes en ellas


La acritud: aquello que permite ser, estar, permanecer, expandirse y crecer.