lunes, 21 de noviembre de 2011

El altruismo no siempre es altruismo

No solamente la filosofía, sino también el sentido común de la vida cotidiana ha tratado el asunto relacionado con esa experiencia que dicen que muchos vivimos: el altruismo. ¿Qué es básicamente el altruismo? Sin dar una definición muy precisa, es ceder nuestro "yo" para un "tu", es dejar de lado tendencias egoístas o egocéntricas para darnos al otro o los demás. También podría ser una especie de entrega, sacrificio, hacer un bien al otro, descuidarnos a nosotros mismos aunque sea un rato para el otro, ceder a nuestras necesidades o deseos, dar energía a quien no la tiene.


Muchos autores han utilizado el término "pseudo-altruismo" para hacer referencia a lo que supuestamente parece ser un gesto noble, honesto, decente y bla bla, pero que en el fondo es una satisfacción de necesidades egoístas o donde algún beneficio se obtiene. De hecho hay distintas situaciones que evidencian esto claramente, y quizá estamos atravesadas por ellas y no nos damos cuenta fácilmente.


Puede darse la situación donde una persona muy creyente ayuda a los necesitados y se porta bien, pero en el fondo hace todo eso por temor a ser castigada por la justicia divina o para sentirse mejor persona, diciendo cosas como: "tengo que portarme bien", "mejor si hago cosas buenas así me pasan cosas buenas".


También están las personas que pareciera que siempre están obedeciendo órdenes porque alguna figura les impuso un código de reglas y las obedecen sin conocer la naturaleza de las mismas, cuestionarlas, o que al menos sus actitudes les nazcan de adentro, como la gente que dice: "hacer tal cosa está mal y punto", "hay que ser bueno porque es así", nunca dan un fundamento personal, original y propio de por qué hay que hacer ciertas cosas u omitir otras.


Luego están las personas que por ciertos factores no pueden cumplir sus metas, sueños o deseos, y ayudan a los demás a que los cumplan, como esas personas inválidas que se alegran que su hermano corra en una maratón, o aquel que apoyó siempre a su amigo muy inteligente que obtuvo varios títulos, siendo que él siempre quiso entrar a la NASA básicamente. También están los infelices que nunca se enamoraron pero que se alegran demasiado si todos consiguen a alguien, o quienes nunca obtienen nada para sí y ayudan siempre a los otros, de manera compulsiva o constante, a tener justamente eso que no tienen (es básicamente un masoquismo)


Las personas manipuladoras son las más obvias en todo caso, y son aquellas que son sonrientes, amables, compañeras y demás, pero que en realidad buscan hallar puntos débiles y usar al otro para sus intereses, ya que no tienen otra cosa por la cual vivir. 


Quienes constantemente hacen favores al otro para después ir tomando nota mentalmente de los mismos, esperando que el otro lo quiera más o le devuelva de alguna forma todo, son los que echan en cara: "¡yo siempre te apoye!", "¡acordate eso que te regalé!", "¿a quién vas a encontrar que te de tanto como yo?". Y acá voy desde una amistad hasta un genio de la humanidad que espera aplausos, premio o una buena cantidad de billetes a su favor, sin haber tenido motivación por el acto per se, sino por su posible recompensa. Eso es, a mi criterio, patético.


Supongo que todos en el fondo tenemos no solamente la necesidad de dar, sino también de recibir, y es de hecho una manera equilibrada de relacionarnos. Todos tenemos distintos apetitos, ya sea el de la compañía, el ser útiles, el no sentirnos una escoria viviente, de admiración, aceptación, cariño y demás, pero tampoco es que séamos unos seres crueles o ruines determinados por fuerzas oscuras, tampoco la pavada, simplemente que hay que asumir que nuestro ser es complejo y por lo visto funcionamos así en algún que otro "nivel" de nuestra estructura.

Es una cuestión simplemente de reconocer siendo sinceros con nosotros mismos, si realmente esperamos algo del otro o no, para tampoco creernos las mejores personas del mundo o algo así. Quizá en el fondo muchas veces nos "usemos" o necesitemos, y quizá varios están conscientes de ello, siempre y cuando uno se acuerde, que el otro, no es herramienta o medio en algunos casos solamente, sino también una persona, es decir, un fin en sí mismo.

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