lunes, 14 de noviembre de 2011

Aquellas cosas que unen a las personas

Mucha gente, cuando yo les pregunto: "¿por qué te gusta juntarte con tal persona?", "¿qué cosas extrañás del otro?" o "¿qué cosas te unen a ellas?" me da respuestas muy simplonas o simplemente no sabe qué responderme. Supongo que la postura de la mayoría de las personas, por lo visto, es dedicarse a querer, disfrutar y sentir, y no cuestionarse o reflexionar muy seguido sobre qué cosas están presentes en ellas y en su vínculo formado, como para conocer el por qué una persona les agrada o los verdaderos motivos que hacen que estén (supuestamente) unidas. Yo después de reflexionar todos y cada uno de los vínculos que tengo, sean del tipo que sean, tengan la constancia que tengan, descubrí muchos factores que son aplicables a otros, por el simple hecho de que todos somos humanos y compartimos esa condición. Sí, ya sé, tengo mucho tiempo libre y quizá esto no sirva mucho, pero alguien lo tenía que hacer supongo (además me entretiene y nadie me obligó, aclaro). Voy a hacer un listado de factores que identifiqué que fomentan que una persona establezca un vínculo (del que sea) con la otra y sus explicaciones breves:


Empatía y humor: Dudo que un sociópata o alguien demasiado egoísta, primeramente, quiera compartir tiempo con alguien porque le nazca de adentro, sino generalmente por compromiso o para saciar deseos individuales. La empatía hace que uno logre sentimientos tiernos y profundos con otra persona, ya sea compartiendo su dolor, sus alegrías, apoyando a la persona, escuchándola, extrañándola, dejándose llevar por aquellas mociones afectivas que la otra persona "inspira" y que despierta en la persona. Una mirada tierna o sonreír sincera y amablemente, o un par de palabras gentiles generalmente compran a una persona y la conmueven, e inevitablemente, en la mayoría de los casos, la hace vulnerable al otro ser humano. Además, ¿qué mejor cosa que juntarse con otra persona y compartir risas o alegrías por medio de chistes o anécdotas para ellas graciosas? Las personas siempre que están con otra generalmente en algún momento, aunque uno de los tantos instantes donde está con otra, ríe, y no me refiero a sonreír: ríe en serio. Quizá por un comentario ocurrente, por algo gracioso que sucedió o por alguna experiencia del pasado graciosa. Ni siquiera las personas mismas tienen que ser per se graciosas de hecho, sino que ambas puedan compartir risas cuando se refieren a una cosa que ambos les causa gracia más o menos igual. Dudo también que dos personas con un sentido del humor muy diferente o que no compartan al menos un tipo del mismo puedan llevarse de manera distendida, pacífica y cómoda. La gente siempre lo dice: "con ese me muero de la risa", "siempre dice alguna pavada", "esos comentarios o gestos suyos son re graciosos", "me junto con tal persona porque sé que me voy a reír". Esto posibilita muchos momentos sentidos como agradables y placenteros, además de poder dar espacio a lo lúdico y la diversión de alguna forma, con las famosas "flasheadas", o el "hablar boludeces", "decir pavadas", "hablar un poco de todo". Dudo que una persona que considera "mala onda" a otra pueda relacionarse con la otra, al menos no a regañadientes. Tampoco creo que un depresivo pueda estar siempre con alguien con un ánimo alegre, salvo que de alguna forma se complementen. Las personas de carácter fuerte o muy criticonas tampoco suelen llevarse muy bien, ¿eh?


Simetría o complemento: Las personas, como decía Hegel, pareciera que están regidas por un principio de amo-esclavo en sus relaciones, o como varios dicen, de "activo y pasivo", "esas dos personas se necesitan una a la otra", "tienen un sentimiento de compañerismo", "se entienden". Esto puede incluir desde una persona que adore discutir con la otra porque se entretiene o aprende como también en aquella persona de ánimos débiles o poca iniciativa que necesita a otra que le de vitalidad (aunque sea con un par de palabras alentadoras o un abrazo por ejemplo). Los otros son un reflejo nuestro y pueden indicarnos si estamos metiendo la pata o nos pueden remarcar nuestros excesos, compulsiones y vicios, y así nosotros necesitar a la larga de ese espejo para mirarnos cada tanto. La "competencia" o el "estar de acuerdo", además de uno sentirse "superior" o "inferior" a otro en tal o cual cuestión, junto con el asunto de dar y recibir, esperar o tomar la iniciativa, también se hacen presentes.


Evitar el aburrimiento y la soledad: Si bien un exceso es verlo en un sentido utilitarista puramente, donde una persona usa a otra como medio para llegar a su fin (entretenerse o no sentirse sola), es cierto que las personas necesitan de otras para "llenar su vacío", "no embolarse", "no deprimirse encerrada en su casa", "reírse y pasarla bien aunque sea un rato", "despejarse". La soledad y el aburrimiento por lo visto son inherentes al ser humano y muchas personas tienen una capacidad natural de contrarrestarlo en otras. El problema es definir una relación y basarla en esto solamente, puesto que hay un afecto o atracción muy condicionados. Cabe destacar, además, que no cualquier persona nos ayuda con estas cuestiones, salvo que uno esté muy desesperado o algo así (que generalmente sucede). Inclusive muchas personas pueden estar aburridas o solas, pero se juntan con otras para aburrirse juntas o compartir su condición de soledad, lo que también sirve como influencias para unirse.


Sexo/género: Muchas veces, las relaciones afectivas de pareja comienzan por el simple hecho de que uno es varón o mujer (o bueno, algunos casos que se pueden discutir), y porque tenemos una tendencia al sexo que nos gusta o nos produce placer. Acá hay otro extremo: estar por alguien para sacarse las ganas o porque llena nuestro ego o fantasías de estar con alguien, como quienes dicen: "seee, ¡al fin una me da bola!", "Me siento más hombre porque tengo una amiga", "está bueno mi amigo, le re daría si pudiera". No digo que sea algo malo, de hecho, quizá para muchos es divertido y reconfortante y reafirma su sexualidad y bla bla bla, pero reducir un vínculo al sexo es estúpido y es una reducción al otro ser humano por su condición biológica. Cuestiónense: ¿querrían a sus amigos si fueran amigas? ¿o a sus amigas si fueran amigos? Yo al menos sí, quizá no de la misma manera, pero sí los querría, porque va más allá de su sexo o género. Además convengamos que los varones y las mujeres, por cuestiones culturales, comparten ciertas cosas con su sexo o género y no con el otro, incluyendo obviamente el tema de la intimidad. Además dudo que una chica se junte para escuchar a sus amigos varones babosearse por tipas que les gusten, o viceversa. Tampoco creo una chica ande completamente desnuda en frente de su amigo, ¿no?


Historia compartida: Esto sucede cuando dos personas tienen, para decirlo en términos formales, una gran cantidad de experiencias compartidas que convergen en una historia también compartida, recuerdan una serie de sucesos y eventos (aunque también se pueden recordar hechos aislados o fragmentos de memorias) que ambos experimentaron y que, por así decirlo, los unieron, puesto que lo que tienen en común en general se expresa como "altas tardes hemos pasado", "las hemos vivido todas con él", "tenemos muchas historias que contar", "la otra vez me acordaba con tal persona cuando...", "nos conocemos hace mucho", "compartimos muchos momentos juntos". En general son buenos momentos, aunque también situaciones críticas o perjudiciales también se tienen en cuenta, como por ejemplo cuando una persona salió herida o estaba pasando un mal momento y la otra atestiguó todo, participando o no en ayudarla. Ejemplos son: "me acuerdo cuando me ayudaste esa vez", "estuviste ahí conmigo cuando estuve mal", "siempre a mi lado cuando te necesité".


Costumbre/rutina: Obviamente la costumbre o rutina influyen, ya que se supone que las personas que queremos o necesitamos son parte de nuestra rutina, al menos teniendo contacto de algún tipo con ellas. Uno comienza a hacer un espacio y un tiempo para juntarse con las personas o para al menos tenerlas presentes en el pensamiento. Obviamente la pura costumbre es algo triste, uno debe querer y necesitar querer estar con el otro. El querer al otro hace querer incluirlo en nuestra rutina, pero a la vez que alguien sea parte de ella por tal o cual razón puede ser un comienzo para relacionarnos con la persona y lograr un vínculo. Eso se manifiesta en frases como "¿nos juntamos el finde como siempre?", "ya sos parte del grupo", "faltaste, se notó tu ausencia", "¡hace rato no nos juntamos!", "te extrañé", "uno se acostumbra a vos".


Concepto que se tiene de la persona: Es lo que uno conoce o cree conocer del otro, aquello constante que está siempre ahí que conforma nuestra representación y afecta a nuestra percepción del otro ser humano. Es difícil querer a alguien sin conocerlo, y por eso muchas personas fallan: por apuradas. Muchas cualidades o actitudes de la otra persona, tales como su escala de valores, sus conductas, su historia y su forma de relacionarse con nosotros, crean una imagen dentro de todo estable de lo que la otra persona es, haciendo que su sola presencia nos haga sentir bien: "es un capo, me gusta juntarme con él", "es muy sabio, está bueno charlar con él", "es re buena onda", "es re buena persona", "me cae bien", "es macanudo", "es educado y sabe escuchar", "ya la presencia suya me hace sentir bien", "me gusta tener cerca a esa persona", "sé que es decente", "sé que esta chica no es mala gente", "esa persona al menos es limpia y sabe ubicarse". El conocer algo, además hace que nos permitamos sentir aprecio por ello y darle una valoración, además de confiar en la persona y familiarizarse con ella. 


Comunicación: Las personas poco expresivas o que no tienen maneras claras de expresarse (ya sea por desinterés, torpeza, entre otras razones) generalmente producen ansiedad, desconfianza y/o misterio. Además la mentira, la sinceridad, el expresar, el inhibirse claramente pueden influir en cómo nos relacionamos con el otro o cuántos nos atrevemos a conocerlo o a mostrar de nosotros mismos. A la hora de resolver diferencias o comunicar cosas importantes al otro, las vías por las que lo hacemos saber son importantes, y pueden permitir conocernos mutuamente o al menos reconocer en el otro su carácter, su forma de ser y sus verdaderas creencias o pensamientos. Esto evita gritos o situaciones muy tensas donde de repente se larga todo lo guardado o donde a las personas se les escapan cosas que luego se arrepienten de haber dicho. 


Distancia/proximidad: Es muy raro que gente que viva a kilómetros interactúe seguido, o que al menos sean esas personas con las que más interactúa uno. Generalmente las personas que tienen acceso a tomar contacto real con otras son las que más se juntan y son esas relaciones en las que más énfasis se hace. Es difícil que las condiciones de espacio y presupuesto permitan a veces que uno se junte cuando quiera con otra persona, salvo que se conforme siempre con chatear o algo así. Es obvio que además una persona vecina de otra va a juntarse más seguido que alguien que viva a 40 minutos caminando o 2 horas de colectivo, pero eso no condiciona del todo, o que un compañero de banco quizá simpatice más con el otro que alguien con quien uno nunca se saluda.


Gustos y/o intereses en común: Eso hace que las personas (en general, no siempre) se lleven bien y se conozcan, además de lograr afinidad y confianza. Uno al tener una película, música, ideología o actitudes en común con otro tiene más posibilidad de charlar o más riqueza en el contenido a comunicar a otra persona, además de una constancia más fluida. Ni hablar si desprecian o detestan las mismas cosas (que, aunque suene raro, unen a las personas también). De esto puede surgir por ejemplo la identificación con el otro o aprender o conocer cosas nuevas que podrían agradarnos, además de uno sentirse orgulloso o contenido al poder compartir cosas con el otro. También se disminuyen el desagrado, aburrimiento o indiferencia a cosas que a uno podrían no importarle, darle rechazo o simplemente darle igual.


Obviamente me faltan muchos factores, pero bueno, estos son básicos a mi parecer. También considero que es totalmente relevante intentar identificar qué hace que estemos unidos al otro, porque si luego hay problemas en el vínculo uno sabe a qué cosas atenerse, cuáles mantener, cuáles cambiar, o darnos cuenta por qué de repente nos damos cuenta por qué alguien nos agrada o simpatiza tanto, o por qué cuando menos nos damos cuenta queremos y necesitamos tanto a alguien. Considero que hay que cuestionarse con qué intensidad y con qué riqueza nos nutrimos del otro, y no simplemente tener un vínculo "porque salió", "porque sí", "porque así se dio todo" como si fuera un mero azar o como si la vida hubiera dado un golpe de suerte. Eso va en cada uno y en su necesidad e interés de saber por qué está tan unido al otro. Yo particularmente lo hago siempre y no es tiempo desperdiciado en divagar o especular en vano: realmente sirve y me hace ser consciente de por qué tengo tendencias hacia tales personas y por qué con otras no, y sinceramente: se siente bien...

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