martes, 29 de noviembre de 2011

Mentiras y secretos

Todas las personas tienen secretos, tengan una vida aburrida inclusive, y todas las personas mienten mínimamente con algún gesto.


Algunas cosas, con el simple hecho de que haya un testigo existiendo, nos producirían asco, vergüenza, miedo, ansiedad, angustia. Otras, en cambio, nos permiten aliviarnos, sentirnos comprendidos y/o entrar en confianza con alguien. 


Todos necesitamos eso que llamamos intimidad, eso que ocultamos para la conciencia y sentidos ajenos: usamos prendas para esconder ciertas partes de nuestro cuerpo, disimulamos heridas físicas o anímicas, disimulamos con gestos nuestras aflicciones o experiencias internas, nos esforzamos por destacarnos en ciertas cosas para compensar u ocultar ciertas debilidades. La intimidad, aquello que para cada persona es distinta y que tiene distintos grados dependiendo de la relación que tenga con cada persona.


Algunas personas nunca cuentan nada de ellas, otras lo cuentan todo, otras cuentan cosas muy generales, otras profunda y detalladamente. Pero no todos cuentan lo mismo a todos: hay cosas que preferimos guardarnos para nosotros, otras que confiamos porque sabemos que al otro no le van a afectar (o al menos no lo suficiente y negativamente). 


La aceptación y el rechazo, la condicionalidad e incondicionalidad, sinceridad e hipocresía, confianza y desconfianza son cosas entre las que uno está, son extremos donde uno va y viene, y que en parte está eligiendo siempre cuando se relaciona con los otros. Hay personas que ante cierta información manifiestan repulsión (sea con tristeza o con asco por ejemplo), les da igual (total indiferencia, hasta inclusive se olvidan) o les produce interés y/o atracción (intentando conocer por curiosidad por ejemplo una realidad que se presenta como nueva o diferente)


Las mentiras nos ayudan a resguardarnos, a ayudar a otra persona de alguna situación comprometedora o molesta, pero también sirven para otra cosa: no solamente para negar al otro, sino para negarnos ciertas cosas a nosotros mismos, ya sea de manera útil o inútil, como cuando no queremos saber ciertos pensamientos, acciones o sentimientos de una persona que sabemos que podrían afectarnos.


El misterio, lo ambiguo, lo desconocido, el tabú, la culpa también están constantemente presentes, puesto que nos influyen a la hora de transmitir fielmente o no tanto una supuesta realidad, o al menos aquello que consideramos real. Hay ciertas cosas, por ejemplo, que preferimos no saber, algunas que preferimos no hablar, otras que mejor si dejamos como misterio y otras que nos producen ansiedad al saberlas y/o transmitirlas. De allí que surjan hipótesis sobre otras personas o que estemos escrupulosos ante todo lo que damos a conocer.


Se dice que las personas se conocen cada vez más cuando conocen su lado malo, sus defectos, o también cuando se conoce su hogar, su entorno social cercano o su rutina diaria. Todos reflejos de aquello interior que sin querer plasmamos en el mundo externo, y que no siempre se puede simular o disimular. De hecho se puede modificar la percepción, representación, valoración y significación de un ser humano de manera casi instantánea (y posiblemente permanente) al conocer ciertos aspectos suyos, es un hecho.


Sin embargo las mentiras y los secretos también pueden servir para manipular, dominar, amenazar o herir a la otra persona. Manejos de informaciones, inventar chismes, retorcer, sacar de contexto, revelar ciertas (o supuestas) realidades: también reflejos de cobardía, conveniencia, sadismo, masoquismo, curiosidad o impulsividad.


Todo el mundo miente, y todos tienen su lado nocturno.


Dos frases interesantes de dos genios de la humanidad:


"Pocas amistades quedarían en este mundo si uno supiera lo que su amigo dice de él en ausencia suya, aún cuando sus palabras fueran sinceras y desapasionadas" (B. Pascal)


"Tres pueden guardar un secreto si dos de ellos están muertos" (B. Franklin)



A fin de cuentas: al artista se lo conoce por sus obras, al patético por sus fracasos, al cobarde por estremecerse, y al débil por su sufrimiento, ¿no?

domingo, 27 de noviembre de 2011

Expectativas y seres humanos

En general uno puede ver de manera evidente que las personas tienen un grado de exigencia con toda persona que conocen, que puede ir desde que alguien sea educado y ubicado, hasta que sea la persona que más seguido ven y que más cariño les da.


Hay distintos tipos y grados de exigencia entre distintas personas, y eso tiene total relación con las valoraciones y significaciones que tengamos sobre ciertos gestos o cierto ser humano. Supongo que lo especial que es una persona en nuestra vida se ve reflejado en el alto nivel de exigencia que le damos en algunas cosas, y la poca que le damos en otras.


Algunas personas exigen poco a nivel estético a otra, otras exigen que se vean más seguido, otras exigen que la persona sea agradable y educada, otras no se sacían con esto y exigen intimidad y gestos cariñosos. Las personas tienen un yo que necesita ser llenado o satisfecho con ego. 


Supongo que todos tienen cosas que ven o consideran reales de las otras personas que cada tanto expresan, y por eso los halagos suenan tan lindos y endulzan no solamente los oídos, sino el alma/parte interior de la persona, sin que eso signifique que cualquier persona produzca eso. Algunas personas buscan sentirse agradables estéticamente y un halago general les gusta, otras exigen admiración o atención de ciertas personas, u otras exigen eso de una persona específica.


Los vínculos, como ya dije, se crean, mantienen, modifican y se disuelven, y las exigencias influyen mucho en estos: las personas que crean y mantienen vínculos siempre llegan a acuerdos, comparten más o menos los mismos significados y valoraciones, y se demandan más o menos en una similar medida ciertas cosas que quieren de la otra, quizá por puro ego, quizá por necesidad, quizá por ambas cosas.


Yo sugiero, como siempre, que veamos con cada persona qué le exigimos, en qué grado, con qué constancia, y qué exige ella de nosotros, y si realmente cada uno pone su parte y si hay un equilibrio entre cuánto quiere una persona a la otra y si más o menos de la misma manera (ahí hay complementariedad y el vínculo no es "injusto" para ambas partes).


Se pueden exigir, por ejemplo, cariño, modales, compañía, constancia, que la persona escuche, que la persona hable, que sea graciosa, que sea seria, que esté de acuerdo con uno en ciertas cosas, que discuta en otras, que desafíe, que acepte, etcétera, etcétera. Hay miles de combinaciones de estas cualidades "reclamadas" y las esperadas por parte de uno o por la otra persona. Si todos usan algo de reflexión y sentido común, notan enseguida qué cosas lo unen a otro ser humano, o cuánto se reclaman ambos.


Las relaciones (de todo tipo) fallan por eso: falta de reciprocidad en intereses, valoraciones, significaciones o el "intercambio" de un dar y un recibir, el consenso, el acuerdo, el equilibrio de tener cada uno lo que considera justo para uno y para el otro.


También depende qué cosas necesitemos nosotros, qué cosas vemos en el otro que podemos esperar recibir, qué cosas nos atrevemos a dar por el otro y cuáles en cambio reservar, es todo un tema complejo la estructuración, re-estructuración y desestructuración de los vínculos.


Para algunos los gustos en común son suficientes, para otros los valores, para otros los intereses, y así se puede seguir con otras cosas.


Por eso seguramente nos duelen mucho ciertos comentarios, por eso algunas personas nos decepcionan y otras nos producen admiración, y ni hablar de que por qué queremos de cierta manera a una persona específica y no a otra, o por qué queremos fácilmente a alguien y por qué con otro ser humano nos costó tanto (ya sea en energía, tiempo, etcétera).


El capricho, el ego, el altruismo, el sacrificio, los gestos, el conmover, la voluntad, son todos conceptos relacionados a esto, que nos atraviesan directamente.


Divertido darnos cuenta de cuántas revoluciones suceden con el simple charlar de dos personas durante un buen rato, ¿no?

martes, 22 de noviembre de 2011

Las situaciones de la vida como una peli

Es algo que siempre imagino cuando me aburro, empiezo a hacer comparaciones de por ejemplo mi vida y la de los otros como si fuera una película (no, no se lo tomen tan en serio):


De repente uno puede sentirse el protagonista de la historia, porque muchas cosas giran en torno a uno y pareciera que constantemente se desarrolla una trama donde el universo siempre apunto a uno. Uno puede tener el ego por las nubes o hasta inclusive sentirse observado por todo el mundo.


Otras veces, pareciera que no somos el protagonista, y que somos el boludo secundario que aparece cada tanto para apoyar al protagonista, ese personaje que es opacado por la estrella, contemplando toda escena importante con el protagonista o acompañándolo.


También sucede que a veces sentimos que la película tiene escenas muy crudas, graciosas, innecesarias, asquerosas o totalmente random, y son escenas que nunca vamos a entender bien, pero que acontecieron, sea de manera decente o no, y de hecho nuestra vida quizá tenga unas cuaaantas de esas escenas.


Otras veces pareciera que un escritor macabro nos está haciendo jugarretas feas y nos pone situaciones complicadas, insólitas o increíbles realmente, haciendo que uno se ponga nervioso, y de haber público, hacer que ellos abran bien sus ojos y coman pororó/pochoclo/palomitas de maíz de manera compulsiva de nervios.


Otras veces parecemos una peli de bajo presupuesto donde los escenarios son siempre los los mismos, y nos desenvolvemos en la monotonía y rutina. Otras veces, parece que vivimos una peli densa, insoportable, larga innecesariamente, y queremos saltear algunas partes o nos quejamos con el director que hizo un corte final muy largo. Otras veces, parecemos vivir escenas de una superproducción, llena de efectos y colores que muchas veces rellenan lo hueca y vacía que son la trama o las actuaciones, y nos entontamos con tantos estímulos distrayentes.


También puede suceder que nuestra peli sea muy corta, y el final te haga decir: "WTF?", porque daba para más o porque terminó de manera ambigua, brusca o tontamente, haciendo que nos agarremos la cabeza. A veces también comienza muy de golpe, haciendo que no entendamos nada y que nos tengamos que adaptar al ritmo de la trama.


Algunas veces, también sucede que esperamos una secuela, para saber cómo sigue todo, y ver qué posibles personajes van a regresar, cuáles no, o cuáles nuevos aparecerían. Otras veces queremos una precuela, para saber el por qué o cómo llegamos a la situación actual.


Para algunas personas, nuestra peli puede parecer muy interesante y digna, porque se dejan llevar mucho por la promoción o por las imágenes que ven, pero quizá resulta que es tonta, plana o floja, y después los críticos nos dan duro. 


Si los críticos nos aceptan, nos sentimos geniales, si nos hunden y condenan, no nos dan muchas ganas de seguir la historia. También podemos decir que sus opiniones no nos importan, y que vamos a hacer lo que consideramos bien y decente, o inclusive a veces, les prometemos que vamos a hacer algo mejor y que por favor no nos den tan duro.


Respecto al presupuesto muchas veces no tenemos el apoyo de alguien, y no nos queda otra que arreglárnoslas con lo que tenemos para llevar a cabo la peli, otras veces, nos dan o usamos poco, pero por miedo a no obtener buenos resultados: no apostamos por ella. Otras veces, tenemos muchos recursos (alto presupuesto) y terminamos haciendo una porquería que no recaudó ni siquiera el presupuesto usado.


Repito: no se tomen esta analogía en serio, es simplemente una de mis ideas locas que necesitaba expresar, aunque quizá no es tan mala, ¿no?

lunes, 21 de noviembre de 2011

El altruismo no siempre es altruismo

No solamente la filosofía, sino también el sentido común de la vida cotidiana ha tratado el asunto relacionado con esa experiencia que dicen que muchos vivimos: el altruismo. ¿Qué es básicamente el altruismo? Sin dar una definición muy precisa, es ceder nuestro "yo" para un "tu", es dejar de lado tendencias egoístas o egocéntricas para darnos al otro o los demás. También podría ser una especie de entrega, sacrificio, hacer un bien al otro, descuidarnos a nosotros mismos aunque sea un rato para el otro, ceder a nuestras necesidades o deseos, dar energía a quien no la tiene.


Muchos autores han utilizado el término "pseudo-altruismo" para hacer referencia a lo que supuestamente parece ser un gesto noble, honesto, decente y bla bla, pero que en el fondo es una satisfacción de necesidades egoístas o donde algún beneficio se obtiene. De hecho hay distintas situaciones que evidencian esto claramente, y quizá estamos atravesadas por ellas y no nos damos cuenta fácilmente.


Puede darse la situación donde una persona muy creyente ayuda a los necesitados y se porta bien, pero en el fondo hace todo eso por temor a ser castigada por la justicia divina o para sentirse mejor persona, diciendo cosas como: "tengo que portarme bien", "mejor si hago cosas buenas así me pasan cosas buenas".


También están las personas que pareciera que siempre están obedeciendo órdenes porque alguna figura les impuso un código de reglas y las obedecen sin conocer la naturaleza de las mismas, cuestionarlas, o que al menos sus actitudes les nazcan de adentro, como la gente que dice: "hacer tal cosa está mal y punto", "hay que ser bueno porque es así", nunca dan un fundamento personal, original y propio de por qué hay que hacer ciertas cosas u omitir otras.


Luego están las personas que por ciertos factores no pueden cumplir sus metas, sueños o deseos, y ayudan a los demás a que los cumplan, como esas personas inválidas que se alegran que su hermano corra en una maratón, o aquel que apoyó siempre a su amigo muy inteligente que obtuvo varios títulos, siendo que él siempre quiso entrar a la NASA básicamente. También están los infelices que nunca se enamoraron pero que se alegran demasiado si todos consiguen a alguien, o quienes nunca obtienen nada para sí y ayudan siempre a los otros, de manera compulsiva o constante, a tener justamente eso que no tienen (es básicamente un masoquismo)


Las personas manipuladoras son las más obvias en todo caso, y son aquellas que son sonrientes, amables, compañeras y demás, pero que en realidad buscan hallar puntos débiles y usar al otro para sus intereses, ya que no tienen otra cosa por la cual vivir. 


Quienes constantemente hacen favores al otro para después ir tomando nota mentalmente de los mismos, esperando que el otro lo quiera más o le devuelva de alguna forma todo, son los que echan en cara: "¡yo siempre te apoye!", "¡acordate eso que te regalé!", "¿a quién vas a encontrar que te de tanto como yo?". Y acá voy desde una amistad hasta un genio de la humanidad que espera aplausos, premio o una buena cantidad de billetes a su favor, sin haber tenido motivación por el acto per se, sino por su posible recompensa. Eso es, a mi criterio, patético.


Supongo que todos en el fondo tenemos no solamente la necesidad de dar, sino también de recibir, y es de hecho una manera equilibrada de relacionarnos. Todos tenemos distintos apetitos, ya sea el de la compañía, el ser útiles, el no sentirnos una escoria viviente, de admiración, aceptación, cariño y demás, pero tampoco es que séamos unos seres crueles o ruines determinados por fuerzas oscuras, tampoco la pavada, simplemente que hay que asumir que nuestro ser es complejo y por lo visto funcionamos así en algún que otro "nivel" de nuestra estructura.

Es una cuestión simplemente de reconocer siendo sinceros con nosotros mismos, si realmente esperamos algo del otro o no, para tampoco creernos las mejores personas del mundo o algo así. Quizá en el fondo muchas veces nos "usemos" o necesitemos, y quizá varios están conscientes de ello, siempre y cuando uno se acuerde, que el otro, no es herramienta o medio en algunos casos solamente, sino también una persona, es decir, un fin en sí mismo.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Apocalipsis zombi: medidas a tener en cuenta

Series, pelis, historietas y demás tratando de lo mismo últimamente: algo raro pasa en algún laboratorio o de repente aparece un infectado por quiénsabequécosa y saliendo de quiénsabedónde, y por un descuido de alguien que se dejó infectar comienza la pandemia. Las fuerzas especiales tratan de detener la infección pero se pudre todo igual. Entonces las personas restantes intentan sobrevivir ya sea por medio de reflexión y evaluación de la situación hasta cometer imprudencias impulsivas que pueden llegar a joder a todo el grupo.


¿Querés seguir vivo viendo cómo el mundo se cae a pedazos y viendo cómo gente que conocés se va haciendo un caminante con el neocórtex muerto, pero de todas formas vivo? He aquí unas cuantas sugerencias y tips:



Lo que NO es aceptable:


1) Estar solo: si estás durmiendo o en el baño y de repente aparece un zombi encima tuyo, ¿qué hacés? Si necesitás auxilio, ¿quién te va a escuchar? Siempre es bueno estar en grupos y cuidarse uno a los otros. El estar en compañía además te produce alivio y tranquilidad, sabiendo que están velando por vos, o de hecho no volverte demente, hablando solo o estando en un rinconcito en posición fetal largando carcajadas y pegando tiros al aire diciendo: "¡el mundo se fue al carajoooo!"


2) Mandarte a escuelas, hospitales, centros comerciales u otro lugar donde suele haber muchos individuos cotidianamente así nomás: Son lugares siempre plagados de gente, y si hubo gente en el momento del contagio, se pudre todo. Una manada de zombis siguiéndote de ya sentirte cerca.


3) Cagar a tiros por diversión o en distintas partes del cuerpo: Gastás balas, hacés ruido que puede atraer a más zombis. A LA CABEZA, ahí hay que pegarles, para que sus funciones vegetativas no puedan ser comandadas por su cerebro cuasi-vivo. En todo caso hay que torcerles el cuello (chau bulbo raquídeo) o quebrarles la columna (quedan inválidos al menos)


4) Seguir las señales de emergencia: No, nunca hay nada, están grabadas de hace rato y siempre que vas está lleno de zombis y gente siendo devorada. No vayas ahí, ahí van todos, y ahí con que uno esté infectado aunque sea secretamente facilita que todos se morfen entre todos. ¿Y desde cuándo hay gente tan generosa que te de refugio y recursos? Con la cantidad de gente que va, en caso de ser cierto, se agotaría todo mientras más sean, tengan lo que tengan.
5) Tomar/comer/usar lo que veas tirado: Puede estar infectado, no seas retrasado y no comas un animal muerto por desesperación ni te tomes una Coca-Cola tirada en la calle para darte el gusto de una gaseosa cuando el mundo está básicamente hecho mierda. Menos usar un jabón o shampoo para bañarte, donde por el contacto con alguna herida mínima en tu piel, en tus oídos, nariz, ojos o boca, te podés infectar. Salvo que veas que el lugar estaba cerrado, como un almacén o un mercado totalmente intactos.


6) Hacer wiki-wiki: Con protección o no, siempre hay de los famosos "¿pero cómo pudo pasar?", "¡no puede ser! ¡tomé las medidas!". Si querés dejar la posibilidad mínima de criar un hijo en un mundo lleno de predadores y atraerlos por el olorcito o sangre fresquita, hacelo. Además cabe destacar que salvo que tengas un hospital cerca (limpio de infección) y un médico (no infectado) que te controle con ecografías y tratamientos a la tipa y su bebé, nada te asegura que una mujer embarazada, que además de tarada por el embarazo tarada por el mundo donde viven, quede cuerda y que su hijo nazca sano. O sea, simple: un bebé y una embarazada son una carga. Punto.


7) Putearte con tus camaradas: Si querés ser el maldito de la historia, a ese que dejan abandonado apenas pueden, al que no le dan una mano cuando está a punto de ser morfado o que siempre usan de carnada o nunca le avisan nada, hacelo. Si no, llevate bien y no discutas al vicio. Quedate en el molde y ganate la confianza y/o simpatía de los del grupo.


8) Quedarte inmóvil: Ves un zombi, ¿qué hacés? ¿Te quedás mirando lo feo que es? ¿La cruel realidad que se desenvuelve ante tus ojos? No, salí corriendo o alejate, intentando no darle la espalda mucho. No te quedes como bobito viendo cómo te mira o cuántas ganas te tiene.


9) Gritar o hacer ruido innecesariamente: Si vas a estar gritando: "AAAAAAAAAAH ZOMBIIIIII" mientras vas corriendo o escapando, primero que agotás oxígeno para correr, y segundo que gritar como pelotudo mientras corrés (siempre y cuando no sea para avisar) es como tener una campanita en el cuello, atrayendo más y más zombis, que por cierto, son primitivos, no sordos.


10) Tener piedad de un miembro infectado recientemente: Te va a saltar al cuello en cualquier momento, nunca sabés cuándo se van a convertir. 



Lo que es sugerible/necesario:


1) Desquitarte matando zombis: Si de repente sentís ansiedad, desesperación, impotencia, frustración, y tenés puntería y municiones, volá cabezas sin parar maldiciendo y puteando al aire. Plus si de repente ves una persona que nunca bancaste y que mataste más de una vez en tu cabeza, como algún profesor insoportable o alguien que te cagó alguna vez. Quita el stress y es catártico, de paso evitás pegarte un tiro o pegárselo a un camarada tuya por complejos emocionales.


2) Prepararte físicamente: Siempre que los sobrevivientes están hacen nada: se preocupan o lloran, o pierden forma por estar sentados o comiendo y tomando por puro vicio. ¿Por qué no salen a trotar, hacer ejercicio físico, flexiones, abdominales, técnicas de respiración aunque sea? Ni siquiera digo que se hagan una maratón, pero que al menos hagan valer bien los líquidos y comidas que consumen, a diferencia de algunos que ganan barriga nomás.


3) Conseguir gente nueva: Que se unan, pero que pongan voluntad y aporten lo suyo, quizá te conseguís algún médico o algún especialista en armas o algo así, ¿no?

4) Usar protector de mosquitos y tener cuidados con otros bichos: Sí, parece una huevada pero... ¿qué te hace creer que los mosquitos que chupan sangre no están infectados o al menos no son portadores? Ni hablar de otros seres vivientes chiquitos y supuestamente inofensivos. Mucha referencia a cuervos o perros infectados en todos lados, pero nunca a hormigas, termitas o escarabajos y demás.


5) Charlar con los demás: compartir anécdotas o experiencias, para no quedar demente y conocer bien al otro o darte a conocer a vos, así hay confianza, aunque siempre está el desgraciado que si puede te manda a la caca para poder sobrevivir y que se caga en el grupo, pero mejor hacer un perfil de cada persona dentro del grupo.


6) Conseguir recursos: Tener mapas, ir a hospitales por medicamentos, conseguir alimento sin abrir, conseguir municiones. Nunca te estanques con lo disponible en tu base: se te va a acabar todo, pase el tiempo que pase. El que se enclaustra termina aislado de todo y se termina cagando de hambre y/o sed, además de carecer de contacto humano.


7) No exponerte demasiado a los zombis: Me refiero a proteger tu piel, ojos y boca, o tu cuerpito entero a la hora de enfrentar zombis. Un contacto mínimo con su sangre o carne puede infectarte. 


8) No putear y/o enojarte con Dios/la vida/el destino: Si vas a estar llorando pegate un tiro directamente, porque angustiás a tus compañeros y perdés tiempo pataleando o derrochando lágrimas. Poné huevos que capaz podés hacer la diferencia (aunque sea mínima)



Ojalá nunca pase, pero por las dudas a prepararse, ¿eh?

martes, 15 de noviembre de 2011

La imperfección, nuestra condición

"Nadie es perfecto" es lo que uno siempre escucha de todo el mundo en múltiples situaciones, muchas veces como una excusa para meter la pata, o muchas veces para uno intentar no presionarse tanto o reducir la carga de responsabilidad o auto-reproches sobre los hombros. En esta cuestión muchas palabras/términos/conceptos clave y relacionados son, por ejemplo, madurez, crecimiento, cambio, aprendizaje, arrepentimiento y auto-crítica.

Lo más curioso que he notado es que las personas no esperan, toleran o demandan el mismo grado de perfección en una persona y en otra: por lo visto, al tener ciertas expectativas sobre ciertas personas, tenemos la predisposición o demanda más alta o intensa de que no metan la pata y se comporten, piensen o sientan de una manera recta, impecable o poco cuestionable... ¿Por qué? Bueno, las razones pueden ser desde que es una persona que es un modelo a seguir de varias, que tiene supuestamente demasiada inteligencia, capacidad, potencial o bondad como para "caer bajo" y que las personas le tengan que decir frases como "esperaba más de vos", "¿quién se imaginaba que vos fueras a hacer eso?", "qué triste". En cambios de otras no se espera nada, y de otras uno se lleva más de una sorpresa al ver cuánto puede cambiar o "evolucionar". Eso depende de qué importancia tenga la persona desempeñe en nuestra vida o cuán activo es su rol en la misma.

Las compulsiones, vicios o inhibiciones respecto a nuestro accionar también tienen que ver con todo esto: gente que cae siempre en lo mismo, que no avanzó, que no logró nada aunque sea a nivel personal, respecto, por ejemplo, en sus dimensiones sociales, afectivas, intelectuales, etc. Todos tenemos algún vicio, un punto débil, algún aspecto donde fallamos o somos torpes. Dependiendo de nuestra naturaleza, podemos compensarlo, cambiarlo por refuerzo, o simplemente aceptarlo. Muchas personas de hecho que muestran ser excelentes o impecables son abandonadas o rechazadas cuando muestran esta parte viscosa y desagradable suya, y no es muy bonito que a uno siempre le estén remarcando sus defectos o haciéndolo sentir inferior o alguien indigno de estar en la presencia del otro o de recibir su cariño y dedicación (aunque, séamos sinceros, nada de otro mundo, porque son cosas que todos podemos ver seguido). 

También sucede que a algunas personas, al perfeccionarse, no se las felicita ni remarca, puesto que uno esperaba que justamente logren eso. En cambio a otras, con levantar un dedo simplemente les aplauden y las elogian. Quizá nunca esperaron nada de ellas o las subestiman respecto a su capacidad de llegar alto, y por eso las felicitan tanto (¿o quizá necesiten mucha motivación?), sin embargo, no es justo muchas veces, y todos estarán de acuerdo con eso.

Otra cuestión también presente: el intentar no sentirse inferior. Ese retorcijón de estómago que uno siente al ver que otro tiene algo que uno alguna vez tuvo o que nunca poseyó, el sentimiento de celos o envidia entre personas por tener ciertas perfecciones o cosas que uno desearía tener, al menos por curiosidad o saber cómo se siente, la competencia, el ganar, el perder, el quedar en tercer o cuarto lugar, el nunca estar en la lista de los más importantes, útiles o reconocidos, es todo un tema. Muchas veces, directamente para reducir su ansiedad se desentienden y deciden no competir, de ahí el dicho: "el que no arriesga no gana", al cual yo contesto de manera pesimista pero realista: "pero tampoco pierde". El ser un buen o mal perdedor, el asumir que a veces tenemos las manos vacías al lado de personas que se desbordan de riquezas del tipo que sea, el ser un ganador y tener pena por los otros, o de hecho, sentirse superior, implacable, poderoso y que puede hacer lo que se le cante: también cuestiones presentes y totalmente cotidianas en la vida.

Otras personas, para compensar lo que ellas consideran su parte plana, vacía, miserable o triste, intentan abusar mucho de algún don, ejercicio o arte suyo, creyendo que con él pueden recuperar aquello que perdieron o reforzar aquellas partes frágiles y sensibles que tienen, vulnerables ante un simple golpe, como quienes abusan de un conocimiento o de una habilidad, o como quienes trabajan su personalidad para encubrir ciertos defectos. Ser agresivo, crítico o tener un torpe contacto con otros por ejemplo indican que una persona, posiblemente, intente constantemente imponer por medio de algún tipo de violencia el poco poder que creen que poseen potencialmente para imponer señorío, pero que en realidad intentan encubrir o superar sentimientos de insuficiencia, inseguridad o patetismo.

Animarse a ciertas cosas desenvolviéndonos con tanta seguridad y tranquilidad, como inhibirnos y paralizarnos ante otras, indican que realmente tenemos perfecciones y debilidades, y que tenemos una postura ante ellas, porque de hecho nos afectan y son también parte de nuestro ser. Quizá por experiencia, quizá por el don natural, pero muchos son geniales en algo y controlan la situación de una manera totalmente espontánea y precisa, mientras que otros dan vueltas en su cabeza para nunca hacer nada, o tienen manos inmóviles a la hora de realizar alguna ejecución. La perfección o la imperfección también están presentes acá...

El cambio, que va desde alejarnos de una persona, dejar un hábito, notar que una pared está pintada de otra forma, o que algo que antes tenía tanta vida está muriendo, o que algo tan pequeño floreció y abarca su buen espacio, son maneras de notar que el tiempo y el cambio están presentes: hasta en nuestro mismo cuerpo tenemos marcas que antes no, y que nos recuerdan de hecho lo que vivimos y que siempre nos vamos a la tumba con algo faltándonos. Los cambios producen tristeza, producen incomodidad, una readaptación, y posiblemente encontrar nuevas vías o métodos para poder seguir adelante y mantener un equilibrio o nuestra cordura: de ahí también se puede madurar, por sabiduría y experiencias de la mano directa de la vida, y no de un libro de auto-ayuda o de la boca de otra persona. Quizá lo que alguna vez tanto necesitamos, hoy día ya no nos mueve un pelo, y quizá aquello que nunca valoramos o que siempre ignoramos, se hace presente como una necesidad interna (una persona, un hábito, una valoración, una significación, una perspectiva).

El madurar, por último, nos indica que, aparte de estar poniéndonos viejos, nos da vergüenza recordar ciertas cosas que hicimos en el pasado, o que nos agarremos la cabeza al ver cómo metimos la pata y que hubo al menos un testigo de ello. El madurar hace que también nos riamos de ciertas cosas nuestras, y hace que lloremos otras que antes no sabíamos que ahí estaban. También nos hace aceptar de manera menos insoportable que cambiamos, que ya podemos prescindir de algunas cosas, y que podemos hallar otras o no necesitar tanto soporte como creíamos para otras. Hace que muchos se sientan orgullosos de nosotros, o que otros se lamenten de que no crecimos junto a ellos, a su ritmo, a la par del compás de su vida. Algunos golpes en la vida, algunos muy bajos y humillantes, automáticamente nos despiertan, nos sacuden y nos hacen notar que estuvimos mal, o que al menos podríamos haber hecho las cosas de una manera diferente. De ahí el auto-castigo, como el perdón a uno mismo, la auto-exigencia, como la auto-satisfacción y el tiempo que cada una nos conlleva experimentar.

La imperfección: aquella condición, carencia, falencia que muchos poseemos en distintas formas, y que mostramos orgullosamente, o aquella que otros ocultamos vergonzosamente...

lunes, 14 de noviembre de 2011

Aquellas cosas que unen a las personas

Mucha gente, cuando yo les pregunto: "¿por qué te gusta juntarte con tal persona?", "¿qué cosas extrañás del otro?" o "¿qué cosas te unen a ellas?" me da respuestas muy simplonas o simplemente no sabe qué responderme. Supongo que la postura de la mayoría de las personas, por lo visto, es dedicarse a querer, disfrutar y sentir, y no cuestionarse o reflexionar muy seguido sobre qué cosas están presentes en ellas y en su vínculo formado, como para conocer el por qué una persona les agrada o los verdaderos motivos que hacen que estén (supuestamente) unidas. Yo después de reflexionar todos y cada uno de los vínculos que tengo, sean del tipo que sean, tengan la constancia que tengan, descubrí muchos factores que son aplicables a otros, por el simple hecho de que todos somos humanos y compartimos esa condición. Sí, ya sé, tengo mucho tiempo libre y quizá esto no sirva mucho, pero alguien lo tenía que hacer supongo (además me entretiene y nadie me obligó, aclaro). Voy a hacer un listado de factores que identifiqué que fomentan que una persona establezca un vínculo (del que sea) con la otra y sus explicaciones breves:


Empatía y humor: Dudo que un sociópata o alguien demasiado egoísta, primeramente, quiera compartir tiempo con alguien porque le nazca de adentro, sino generalmente por compromiso o para saciar deseos individuales. La empatía hace que uno logre sentimientos tiernos y profundos con otra persona, ya sea compartiendo su dolor, sus alegrías, apoyando a la persona, escuchándola, extrañándola, dejándose llevar por aquellas mociones afectivas que la otra persona "inspira" y que despierta en la persona. Una mirada tierna o sonreír sincera y amablemente, o un par de palabras gentiles generalmente compran a una persona y la conmueven, e inevitablemente, en la mayoría de los casos, la hace vulnerable al otro ser humano. Además, ¿qué mejor cosa que juntarse con otra persona y compartir risas o alegrías por medio de chistes o anécdotas para ellas graciosas? Las personas siempre que están con otra generalmente en algún momento, aunque uno de los tantos instantes donde está con otra, ríe, y no me refiero a sonreír: ríe en serio. Quizá por un comentario ocurrente, por algo gracioso que sucedió o por alguna experiencia del pasado graciosa. Ni siquiera las personas mismas tienen que ser per se graciosas de hecho, sino que ambas puedan compartir risas cuando se refieren a una cosa que ambos les causa gracia más o menos igual. Dudo también que dos personas con un sentido del humor muy diferente o que no compartan al menos un tipo del mismo puedan llevarse de manera distendida, pacífica y cómoda. La gente siempre lo dice: "con ese me muero de la risa", "siempre dice alguna pavada", "esos comentarios o gestos suyos son re graciosos", "me junto con tal persona porque sé que me voy a reír". Esto posibilita muchos momentos sentidos como agradables y placenteros, además de poder dar espacio a lo lúdico y la diversión de alguna forma, con las famosas "flasheadas", o el "hablar boludeces", "decir pavadas", "hablar un poco de todo". Dudo que una persona que considera "mala onda" a otra pueda relacionarse con la otra, al menos no a regañadientes. Tampoco creo que un depresivo pueda estar siempre con alguien con un ánimo alegre, salvo que de alguna forma se complementen. Las personas de carácter fuerte o muy criticonas tampoco suelen llevarse muy bien, ¿eh?


Simetría o complemento: Las personas, como decía Hegel, pareciera que están regidas por un principio de amo-esclavo en sus relaciones, o como varios dicen, de "activo y pasivo", "esas dos personas se necesitan una a la otra", "tienen un sentimiento de compañerismo", "se entienden". Esto puede incluir desde una persona que adore discutir con la otra porque se entretiene o aprende como también en aquella persona de ánimos débiles o poca iniciativa que necesita a otra que le de vitalidad (aunque sea con un par de palabras alentadoras o un abrazo por ejemplo). Los otros son un reflejo nuestro y pueden indicarnos si estamos metiendo la pata o nos pueden remarcar nuestros excesos, compulsiones y vicios, y así nosotros necesitar a la larga de ese espejo para mirarnos cada tanto. La "competencia" o el "estar de acuerdo", además de uno sentirse "superior" o "inferior" a otro en tal o cual cuestión, junto con el asunto de dar y recibir, esperar o tomar la iniciativa, también se hacen presentes.


Evitar el aburrimiento y la soledad: Si bien un exceso es verlo en un sentido utilitarista puramente, donde una persona usa a otra como medio para llegar a su fin (entretenerse o no sentirse sola), es cierto que las personas necesitan de otras para "llenar su vacío", "no embolarse", "no deprimirse encerrada en su casa", "reírse y pasarla bien aunque sea un rato", "despejarse". La soledad y el aburrimiento por lo visto son inherentes al ser humano y muchas personas tienen una capacidad natural de contrarrestarlo en otras. El problema es definir una relación y basarla en esto solamente, puesto que hay un afecto o atracción muy condicionados. Cabe destacar, además, que no cualquier persona nos ayuda con estas cuestiones, salvo que uno esté muy desesperado o algo así (que generalmente sucede). Inclusive muchas personas pueden estar aburridas o solas, pero se juntan con otras para aburrirse juntas o compartir su condición de soledad, lo que también sirve como influencias para unirse.


Sexo/género: Muchas veces, las relaciones afectivas de pareja comienzan por el simple hecho de que uno es varón o mujer (o bueno, algunos casos que se pueden discutir), y porque tenemos una tendencia al sexo que nos gusta o nos produce placer. Acá hay otro extremo: estar por alguien para sacarse las ganas o porque llena nuestro ego o fantasías de estar con alguien, como quienes dicen: "seee, ¡al fin una me da bola!", "Me siento más hombre porque tengo una amiga", "está bueno mi amigo, le re daría si pudiera". No digo que sea algo malo, de hecho, quizá para muchos es divertido y reconfortante y reafirma su sexualidad y bla bla bla, pero reducir un vínculo al sexo es estúpido y es una reducción al otro ser humano por su condición biológica. Cuestiónense: ¿querrían a sus amigos si fueran amigas? ¿o a sus amigas si fueran amigos? Yo al menos sí, quizá no de la misma manera, pero sí los querría, porque va más allá de su sexo o género. Además convengamos que los varones y las mujeres, por cuestiones culturales, comparten ciertas cosas con su sexo o género y no con el otro, incluyendo obviamente el tema de la intimidad. Además dudo que una chica se junte para escuchar a sus amigos varones babosearse por tipas que les gusten, o viceversa. Tampoco creo una chica ande completamente desnuda en frente de su amigo, ¿no?


Historia compartida: Esto sucede cuando dos personas tienen, para decirlo en términos formales, una gran cantidad de experiencias compartidas que convergen en una historia también compartida, recuerdan una serie de sucesos y eventos (aunque también se pueden recordar hechos aislados o fragmentos de memorias) que ambos experimentaron y que, por así decirlo, los unieron, puesto que lo que tienen en común en general se expresa como "altas tardes hemos pasado", "las hemos vivido todas con él", "tenemos muchas historias que contar", "la otra vez me acordaba con tal persona cuando...", "nos conocemos hace mucho", "compartimos muchos momentos juntos". En general son buenos momentos, aunque también situaciones críticas o perjudiciales también se tienen en cuenta, como por ejemplo cuando una persona salió herida o estaba pasando un mal momento y la otra atestiguó todo, participando o no en ayudarla. Ejemplos son: "me acuerdo cuando me ayudaste esa vez", "estuviste ahí conmigo cuando estuve mal", "siempre a mi lado cuando te necesité".


Costumbre/rutina: Obviamente la costumbre o rutina influyen, ya que se supone que las personas que queremos o necesitamos son parte de nuestra rutina, al menos teniendo contacto de algún tipo con ellas. Uno comienza a hacer un espacio y un tiempo para juntarse con las personas o para al menos tenerlas presentes en el pensamiento. Obviamente la pura costumbre es algo triste, uno debe querer y necesitar querer estar con el otro. El querer al otro hace querer incluirlo en nuestra rutina, pero a la vez que alguien sea parte de ella por tal o cual razón puede ser un comienzo para relacionarnos con la persona y lograr un vínculo. Eso se manifiesta en frases como "¿nos juntamos el finde como siempre?", "ya sos parte del grupo", "faltaste, se notó tu ausencia", "¡hace rato no nos juntamos!", "te extrañé", "uno se acostumbra a vos".


Concepto que se tiene de la persona: Es lo que uno conoce o cree conocer del otro, aquello constante que está siempre ahí que conforma nuestra representación y afecta a nuestra percepción del otro ser humano. Es difícil querer a alguien sin conocerlo, y por eso muchas personas fallan: por apuradas. Muchas cualidades o actitudes de la otra persona, tales como su escala de valores, sus conductas, su historia y su forma de relacionarse con nosotros, crean una imagen dentro de todo estable de lo que la otra persona es, haciendo que su sola presencia nos haga sentir bien: "es un capo, me gusta juntarme con él", "es muy sabio, está bueno charlar con él", "es re buena onda", "es re buena persona", "me cae bien", "es macanudo", "es educado y sabe escuchar", "ya la presencia suya me hace sentir bien", "me gusta tener cerca a esa persona", "sé que es decente", "sé que esta chica no es mala gente", "esa persona al menos es limpia y sabe ubicarse". El conocer algo, además hace que nos permitamos sentir aprecio por ello y darle una valoración, además de confiar en la persona y familiarizarse con ella. 


Comunicación: Las personas poco expresivas o que no tienen maneras claras de expresarse (ya sea por desinterés, torpeza, entre otras razones) generalmente producen ansiedad, desconfianza y/o misterio. Además la mentira, la sinceridad, el expresar, el inhibirse claramente pueden influir en cómo nos relacionamos con el otro o cuántos nos atrevemos a conocerlo o a mostrar de nosotros mismos. A la hora de resolver diferencias o comunicar cosas importantes al otro, las vías por las que lo hacemos saber son importantes, y pueden permitir conocernos mutuamente o al menos reconocer en el otro su carácter, su forma de ser y sus verdaderas creencias o pensamientos. Esto evita gritos o situaciones muy tensas donde de repente se larga todo lo guardado o donde a las personas se les escapan cosas que luego se arrepienten de haber dicho. 


Distancia/proximidad: Es muy raro que gente que viva a kilómetros interactúe seguido, o que al menos sean esas personas con las que más interactúa uno. Generalmente las personas que tienen acceso a tomar contacto real con otras son las que más se juntan y son esas relaciones en las que más énfasis se hace. Es difícil que las condiciones de espacio y presupuesto permitan a veces que uno se junte cuando quiera con otra persona, salvo que se conforme siempre con chatear o algo así. Es obvio que además una persona vecina de otra va a juntarse más seguido que alguien que viva a 40 minutos caminando o 2 horas de colectivo, pero eso no condiciona del todo, o que un compañero de banco quizá simpatice más con el otro que alguien con quien uno nunca se saluda.


Gustos y/o intereses en común: Eso hace que las personas (en general, no siempre) se lleven bien y se conozcan, además de lograr afinidad y confianza. Uno al tener una película, música, ideología o actitudes en común con otro tiene más posibilidad de charlar o más riqueza en el contenido a comunicar a otra persona, además de una constancia más fluida. Ni hablar si desprecian o detestan las mismas cosas (que, aunque suene raro, unen a las personas también). De esto puede surgir por ejemplo la identificación con el otro o aprender o conocer cosas nuevas que podrían agradarnos, además de uno sentirse orgulloso o contenido al poder compartir cosas con el otro. También se disminuyen el desagrado, aburrimiento o indiferencia a cosas que a uno podrían no importarle, darle rechazo o simplemente darle igual.


Obviamente me faltan muchos factores, pero bueno, estos son básicos a mi parecer. También considero que es totalmente relevante intentar identificar qué hace que estemos unidos al otro, porque si luego hay problemas en el vínculo uno sabe a qué cosas atenerse, cuáles mantener, cuáles cambiar, o darnos cuenta por qué de repente nos damos cuenta por qué alguien nos agrada o simpatiza tanto, o por qué cuando menos nos damos cuenta queremos y necesitamos tanto a alguien. Considero que hay que cuestionarse con qué intensidad y con qué riqueza nos nutrimos del otro, y no simplemente tener un vínculo "porque salió", "porque sí", "porque así se dio todo" como si fuera un mero azar o como si la vida hubiera dado un golpe de suerte. Eso va en cada uno y en su necesidad e interés de saber por qué está tan unido al otro. Yo particularmente lo hago siempre y no es tiempo desperdiciado en divagar o especular en vano: realmente sirve y me hace ser consciente de por qué tengo tendencias hacia tales personas y por qué con otras no, y sinceramente: se siente bien...

sábado, 12 de noviembre de 2011

La dicotomía entre el interior y el exterior

Algo que siempre se manifiesta en todas las personas es que están atravesadas por un adentro y un afuera, y por lo visto esos dos polos son gran influencia a la hora de desempeñarse en su vida. Otra cosa por lo visto, es que estos dos polos son opuestos y uno excluye al otro... Sé que suena bien raro y uno dirá: "¿de qué caca está hablando o a qué quiere ir?"... Bueno, como siempre voy a intentar dar un par de postulados con algunas explicaciones para ver si se entiende la idea:








1) Las personas en general cuando experimentan afectos (y acá voy a emociones, que son intensas y temporales, y a los sentimientos, que son más tenues y más perdurables) tienden a  expresarlos o no manifestarlos, pero sí hacen catarsis/descarga/elaboración de los mismos. Generalmente esto se evidencia en personas que se pueden estar retorciendo o carcomiendo por una emoción rebalsante o por experimentar un sentimiento de manera constante, que si bien es tenue o estable, es influyente. Las personas optan básicamente hacia dos direcciones: hacia adentro, donde se guardan los mismos y los descargan en pensamientos o fantasías, usando su imaginación o por medio de una expresión hacia el mundo externo, por ejemplo desquitándose con algo o alguien, o hacia afuera, donde se entregan a la realidad y evitan escuchar sus voces internas, yendo a lo superficial o sensitivo por ejemplo. Esto incluye desde una inmensa alegría hasta un estado melancólico bastante intrusivo y repentino que inhibe a una persona. Quien tiene cara de nada constantemente no es una persona que no sienta o que no sea sensible: simplemente está haciendo expresión de ello de otras maneras, quizá externamente pero nunca lo notamos (por ejemplo haciendo obras de todo tipo dentro del arte), o quizá simplemente en su interior se sumerge para intentar aplacar sus demonios.


2) Sucede que las personas no solamente tienen afectos a elaborar, sino también su atención... ¿A qué me refiero? Simplemente a que las personas no siempre están pendientes de la realidad externa o totalmente abiertos a la misma: a veces están muy sumidas en sí mismas, en un estado de repliegue narcisístico, en un estado de autismo, se envuelven en un capullo, de manera temporal (y desgraciadamente a veces permanentemente). Las personas en general tienden mucho hacia el exterior como quienes se la pasan haciendo sociales estando con gente o interactuando físicamente con su espacio, o hacia su interior, como quienes poco interés tienen en lo que acontece y fluye a su alrededor y se desentienden del mundo, quizá por aburrimiento, indiferencia u otras razones. Obviamente dependen las circunstancias y la condición vital de la persona para ver qué tendencia tiene más predominante. Ninguna es buena ni mala a mi parecer: simplemente son maneras de manejarse en la vida se podría decir, pero un exceso o predominancia de una puede causar problemas, siendo por ejemplo las personas que tienden al exterior a ser dependientes u olvidarse que tienen un mundo interno, o siendo las personas "autistas" personas que se olvidan que hay un mundo que las está afectando, directa o indirectamente.


3) Pero a veces también acontece que ambos aparentemente se confunden, y esto se ve por ejemplo en personas pseudo-altruistas que en realidad buscan satisfacer su egocentrismo y/o egoísmo, pareciendo por fuera que quieren trascender su persona. También se ve en personas que constantemente interactúan con, por ejemplo, lo físico de este mundo, siendo que en realidad están teniendo un predominio e influencia fuerte de los esquemas de su interior por sobre los externos (como cuando un investigador se sirve de la realidad para saciar sus curiosidades). Con las personas que intentan llamar la atención es parecido: a veces no la quieren llamar, simplemente están muy preocupadas por ellas mismas y no se dan cuenta que su presencia realmente es llamativa o tiene fuerte influencia, como quien se viste de una manera peculiar o que habla de una manera bastante excéntrica, siendo el caso contrario personas que parecen profundas o reflexivas, además de misteriosas y/o calladas, pero en realidad están imponiendo gritos silenciosos de necesidad de contacto con los demás por ejemplo. ¿Y qué sobre los sueños, alucinaciones, fantasías, expectativas, prejuicios o creencias? También hay una línea delgada entre ellos que muchas veces nos desorientan o sesgan a la hora de poder distinguir entre un adentro y un afuera de manera contundente, y ver si lo objetivo y lo subjetivo realmente interactúan o cuál es causa o efecto del otro. Hay una constante lucha para intentar distinguir uno de otro, muchas veces fallida, o llegando a un resultado donde ambos son lo mismo o donde se produce un producto resultante de una mezcla de ambos.




Creo que todos tenemos distintas vías de elaborar nuestros conflictos, comprender el mundo o intentar equilibrar nuestra vida, simplemente hay que aprender a reconocer cuándo el interior prevalece sobre el exterior o viceversa, y aprender a interpretar y conocer a los demás a la hora de tender hacia el afuera o hacia el adentro. Dicotomías como egoísmo o altruismo, expresión o inhibición, interés o desinterés, hacen presencia y tienen una relación directa con estos dos caminos que el ser humano siempre tiene para optar de manera inevitable...

jueves, 10 de noviembre de 2011

La iatrogenia

La palabra iatrogenia viene del griego "iatros" ("médico") y "genia" (que a la vez viene de "génesis", o sea, "origen"). Es una palabra que hace referencia a un médico que, queriendo curar o asistir a un paciente, termina produciendo el efecto contrario, perjudicándolo o dañándolo aún más. 


Ahora... ¿esto pasa en la medicina solamente? No, sucede constantemente entre los seres humanos, y la aplicación es la misma pero dejando de lado el rol y relación médico-paciente: algunas personas quieren o creen que van a hacer un bien, pero les termina saliendo todo al revés, empeorando inclusive la situación de la persona. Esto es algo que se ve seguido: basta con mirar a nuestro alrededor o las interacciones de las personas que conocemos para evidenciarlo. A continuación ejemplos:


Ejemplo 1: Imaginemos que una persona quiere hacer un chiste para hacer reír a otra, y hace un chiste pésimo o que es en parte ofensivo para la persona, puesto que ella lo interpreta como una verdad implícita o se sintió realmente identificada con el comentario supuestamente gracioso. Lo que pretendía ser una sonrisa y un momento efímero de bienestar o alivio terminó siendo un comentario humillante o molesto. 


Ejemplo 2: Supongamos que nosotros vemos que una persona que conocemos está metiendo la pata, y feo, y estamos seguros de ello. Varias personas le están remarcando y objetando sus actitudes y decisiones, pero ella no reacciona. ¿Qué hacemos? Nos sentimos todopoderosos y vamos y comenzamos a decir de manera cruda, directa y agresiva objeciones, críticas y comentarios para nada amigables para la persona. ¿Queríamos que reaccione ante su situación? La intención valió, pero terminamos haciendo que se cierre a todo el mundo o terminamos haciéndola sentir peor, ya sea incomprendida, abandonada, no apoyada, despreciada, etcétera, etcétera. Y acá no se valen expresiones prepotentes como "yo siempre digo la verdad", "no me importa si soy directo o sincero", "me tienen que aguantar así como soy", porque hay maneras de decir las cosas para cada situación específica. 


Ejemplo 3: Una persona desea saber una respuesta o una información que no van a ser de lo más agradable si la afirmamos o si revelamos parte de ella, por lo que mentimos para que sea una mentira piadosa y la persona no sufra estando consciente de algún aspecto de la realidad que podría ser doloroso o simplemente molesto para ella. Imaginemos que le mentimos y negamos cierta información, por lo cual la persona suspira, se alivia y sonríe. Pero luego se termina enterando la verdad por otra parte. ¿Qué logramos? Que la persona, aparte de sentirse pésima porque le dimos una alegría que estada condenada a decaer, se decepcione o enfurezca con nosotros porque le mentimos en la cara, y dudo el "solamente quería lo mejor para vos" sea algo que sus oídos quieran aceptar.


Ejemplo 4: Vemos que alguien necesita ayuda porque anda flojo o pésimo en algún aspecto de su vida, y queremos echarle una mano ofreciéndole nuestra ayuda, supongamos con el estudio. Ayudamos a estudiar a la persona y le damos mucho apoyo y soporte, quizá de manera excesiva. ¿En qué puede derivar esto? Que la persona sea una haragana, o que de hecho se sature/harte/canse de tanto estudio, porque nos excedimos. No digo que nunca más vaya a tocar un libro, pero que va a quedar con una memoria con sabor desagradable por un tiempo quizá... 


Ejemplo 5: Imaginemos el mismo ejemplo anterior, pero en este caso con una chica que queremos que se vea, supuestamente, más linda o agradable. La atoramos de consejos y además la ayudamos a transformar su cuerpo y su actitud con los demás. La pobre quizá comience a sentirse insuficiente consigo misma, va a toda costa intentar verse bien, tanto que comienza una dieta bastante exigente, se maquilla excesivamente, y realiza cambios hasta en su forma de dirigirse a los demás para ser deseable. ¿Posible resultado? Una tipa enferma por su condición estética.


Estos ejemplos dejan al descubierto cómo por exceso, presión, insistencia, prepotencia, imprudencia o ingenuidad somos capaces no de solamente producir el efecto contrario en la persona, sino también dejar secuelas que acompañen ese efecto contrario. ¿La culpa quien la tiene? Depende cada caso, pero hay que ser lo más cuidadosos, reflexivos y bien intencionados posibles con las actitudes que tengamos para con los otros, y no simplemente abrir la boca o empujar a alguien al abismo para que intente volar de una primera vez.


Eso demuestra cómo el ser humano es influenciable o manipulable por los demás, y cuán sensible es al tacto de aunque sea un comentario supuestamente gracioso, y qué tan frágil es a la hora de intentar sobrellevar o enfrentar una situación para la cual no está listo... Lo que se intenta como un acto elegante, termina siendo una torpeza, y lo que uno desea que sea el fin de una enfermedad, puede ser el principio de una, como dice la expresión popular: "es peor el remedio que la enfermedad". 


Para terminar, un par de frases de Hipócrates, un médico griego muy famoso que, además de influir en la medicina y el trato entre personas con ciencia y práctica, también lo hizo de modo ético y humano:


"La vida es breve; el arte, largo; la ocasión, fugaz; la experiencia, engañosa; el juicio, difícil"


"No daré veneno a nadie aunque me lo pida, ni le sugeriré tal posibilidad"


"Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buenos los límites establecidos por la naturaleza"

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Afectos difusos y afectos intencionales

Bueno, mi destacada habilidad y testarudez de rebuscar y analizar absolutamente todo hasta sus partes más ínfimas y básicas dio sus frutos durante éstos meses de manera práctica: llegué a elaborar una hipótesis que por ahora la realidad no me ha contradicho y con ella he podido explicar muchas situaciones y experiencias vitales (tanto propias como de otras personas): La separación de los afectos (artificial en parte obviamente) en difusos y en intencionales.

Afectividad: no voy a definirla porque todos por sentido común saben lo que es y todos la experimentan en diversos matices, intensidades y duraciones.

Ahora voy a la dicotomía que descubrí que es prácticamente inherente al ser humano (y digo ésto porque toda persona que conozco la vive de alguna forma): afectos difusos y afectos intencionales.

Afectos difusos:

Cito a la RAE: "Difuso": "Vago, impreciso."

Ahora, ¿qué serían los afectos difusos? Fácil de contestar: Son aquellas sensaciones que experimentamos, ya sean de a ratos o constantemente, pero que no tienen un referente específico por el cual los sentimos.

¿Ejemplos? Llorar por simplemente llorar en ciertos momentos, momentos de aburrimiento, momentos de angustia, curiosidad inespecífica, ganas de tener o poseer algo que prácticamente nunca tuvimos. También se incluyen momentos de tranquilidad, paz, alegría, "normalidad", sosiego, buen humor. Los más famosos serían ganas de tener sexo, un abrazo o querer estar con alguien que nos ayude a superar el "embole", aunque también son los muchas veces reconocidos "peor es nada".

Lo bueno de ellos: Son innatos, nos sirven para conocernos a nosotros mismos y nos permiten funcionar, además son básicos para los afectos intencionales (donde sí hay un objeto o persona exclusiva que los produce).

Lo malo de ellos: Podemos creer que una persona o un objeto u otro referente (valor, ideal, carencia, capricho) los están produciendo, siendo que son producción puramente nuestra.El ejemplo más famoso es la gente muy cariñosa que es así con todos y cree querer a todos profundamente, cuando en realidad es ese afecto difuso proyectado a esas personas, también el caso de personas que se sienten solas y miserables y depositan toda su fe y esperanza en una persona, creyendo que sienten algo. También se incluirían objetos "nuevos" o "curiosos" que temporalmente nos entretienen y después nos producen nada de nada.

Afectos intencionales:

Cito a la RAE de vuelta: "Intención": "Determinación de la voluntad en orden a un fin.", "Intencional": "Se dice de los actos referidos a un objeto y de los objetos en cuanto son término de esa referencia."

Son a la vez opuestos y a la vez complementos necesarios de los anteriores. Son menos probables de experimentar, puesto que muy pocas veces genuinamente un referente los produce sin que séamos nosotros los que nos engañamos por una producción exclusivamente interna.

Ejemplos contrapuestos a los anteriores: no se tendrían ganas de un abrazo, tener sexo o tener cerca a "alguien" o poseer o disfrutar "algo", sino en referencia a [ponga nombre de la persona u objeto aquí]. Además no se tendrían ganas de llorar por llorar, sino por tal o cual motivo, razón o circunstancia. Románticamente uno no querría "tener pareja o un vínculo especial", sino que una persona específica ya le produciría eso, superando el "capricho" de ello. Lo mismo cuando tenemos hambre o sed, porque va a haber algo específico que sacíe nuestro apetito, y no un referente genérico que con tal o cual característica que posea nos llene. En el caso del aburrimiento y la angustia también sería igual: por una situación o carencia específica de algo o alguien, y no por simple "embole".

Lo bueno de ellos: permiten vínculos especiales, particulares y exclusivos con tal o cual referente/intencional, y hallaríamos la causa o el agente productor de nuestras emociones o sentimientos, haciéndolos más "voluntarios", más genuinos y más estables con el tiempo o ante ciertas situaciones.

Lo malo de ellos: son muy exclusivos, y si el "objeto" se pierde o deja de ser éstos afectos ausentes o atrofiados van a producir posiblemente melancolía, duelo o desesperación por la pérdida, y por ejemplo muchos buscarían objetos sustitutos del ausente o constantemente serían nostálgicos, regrediendo al pasado para recordar el sentimiento (pasa en general con personas ausentes o perdidas). Un grave error es intentar suplantar algo con otra cosa, aunque quizá sí produzcan algo similar, aunque no se justifica comparar tampoco.

Si ambos afectos se mezclan, podría decirse que realmente estamos sintiendo por causa interna y externa, lo cual sería equilibrado y justificado, puesto que sentiríamos por nosotros mismos (pero no egocéntricamente) y a la vez por un intencional (y tampoco dependeríamos pura y exclusivamente de él).

Con esta explicación prácticamente hallé la explicación a toda situación molesta, grave o persistente afectiva: hay que reflexionar qué nos mueve a sentir: ¿nosotros solamente? ¿o algo externo? ¿o ambas de alguna forma equilibrada?. Si llego a hallar casos concretos y sigo ampliando esta base teórica les juro que voy a escribir un libro, no conozco a nadie más que haya desarrollado así este fenómeno. En fin, espero alguien alguna vez lo lea y le sirva quizá para reflexionar.

martes, 8 de noviembre de 2011

Los vínculos humanos como sinónimo de caos

Sip, y lo afirmo sin miedo y con total seguridad: los vínculos humanos no son perfectos, más que eso: son totalmente impredecibles y a veces totalmente caóticos. Estabilidad, dolores de cabeza, angustias, desacuerdos, distanciamientos y situaciones enfermizas caracterizan a los vínculos/lazos/relaciones entre los seres humanos. Reafirmo totalmente que las conexiones entre humanos son aleatorias, inestables, impredecibles, fluctuantes, y muchas veces un completo desastre. No voy a negar que hay cosas lindas como ser querido, admirado, respetado, escuchado, acompañado y bla bla: esas cosas están, totalmente, el que lo niega es básicamente un apático o alguien que está muerto en vida, pero esta vez no voy a referirme a esas cosas porque nadie las niega. Voy a centrarme en lo que muchos niegan, rechazan o disimulan: la imperfección que los rodea y que recae sobre todos y cada uno de quienes los rodean. Obviamente, como siempre, voy a dar ejemplos bieeen reales para demostrar cómo las personas se afectan entre sí, y cuando digo "bieeen reales" me refiero a casos bien bien posibles:


Ejemplo 1: Supongamos una persona está afinada con otras porque cree firmemente en su religión. Rezan, hacen obras de caridad, se dedican a adorar a su deidad y compartir rituales. Allí, entre esas personas que se congregan, se crea un sentimiento de pertenencia, identificación, apoyo, compañía y soporte grupal. De repente una persona pierde la fe y se torna cada vez más escéptica, racional, y comienza a ver sus textos sagrados como simples escritos mitológicos o como metáforas creadas por cualquier ser humano con un poco de imaginación. ¿Posible resultado? Que echen a la persona de esa comunidad de personas, porque sería totalmente en vano que siga estando allí, puesto que lo que los unía, primordialmente, además de su condición de humanos necesitados de otros, eran sus creencias: hablaban tooodo el condenado día de su deidad y no hacían otra cosa que analizar y opinar sobre ella.


Ejemplo 2: Supongamos hay una parejita muy feliz de hace 10 años o más, pero de repente, la esposa, perseguida, le pregunta a su esposo si alguna se fijó en otra mujer por la calle. El tipo, medio dormido, y por lo visto con el lóbulo frontal poco activo, le contesta que sí, que lo hace seguido y que si una tipa está buena inclusive fantasea con ella, sin que eso signifique que vaya a hacer algo o que no ame a su querida esposa. ¿Resultado? El tipo en la calle a las 2 de la madrugada, recién despertándose y sin puta idea de qué pasó. La esposa humillada y llorando diciendo: "todos los hombres son una mierda" y "siempre supe que la monogamia era un consenso social nada más".


Ejemplo 3: Supongamos que dos amigos salen a caminar seguido, comparten cosas tales como gustos, creencias, intereses, se confían cosas personales y uno ayuda al otro a superarlas o darle otras ópticas para abarcar el problema. De repente, uno de ellos va a la casa del otro, abre la heladera y... ¡ta-dá! Encuentra en el congelador no un par de hielitos que buscaba, sino partes humanas embolsadas y sangre congelada. Desenlace de la historia: un amigo denunciando al otro, diciendo: "no lo puedo creer, ¡creí conocerlo! ¡fui un iluso!" y un par de señoras por la tele diciendo: "¡era buen vecino, siempre saludaba!"


Ejemplo 4: Adolescentes enamorándos mutuamente, ya planificando que cuando terminen el último año van a estudiar ambos una carrera para apoyarse, amarse, hasta pensando en matrimonio y vivir para siempre juntos, mimándose y demás. Hay una pelea, pero de la más pelotuda [inserte ejemplo aquí] y ambos discuten. El cariño misteriosamente desapareció, el proyecto se arruinó, se distanciaron. ¿Resultados? Uno diciendo al otro "así no se puede seguir, no sé qué pasó", "dejé de sentir lo que sentía" o frases como "con vos no puedo estar, idiota". Meses después nunca más se vieron y se engancharon con otra persona. ¿Proyecto y promesas? A la basura creo.


Ejemplo 5: Imaginemos que un músico recibe a sus fans todos los años en su casa porque lo van a visitar. Toman y comen juntos, el artista se pone a interpretar canciones y sus fanboys y fangirls cantando a corito sus canciones y llorando mientras tanto. De repente el músico promete esto: "voy a sacar un trabajo genial, el mejor de todos". Sus fans mojadas y sus fanboys rugiendo de alegría. ¿Qué pasó al final? Sacó un CD horrendo, flojísimo, cambió de estilo, sus fans piden reembolso de sus gastos por semejante porquería y empiezan a putear al músico en su Muro y en recitales para que "toque temas viejos" o que por favor vuelva al estilo anterior, además de que se mandó cualquiera con su nueva "obra maestra musical" de la que tanto dio para hablar.


Vamos a ejemplos más bobos y personales para muchos de uds. que les voy a cuestionar: ¿dónde está ahora su primer amigo de la infancia? ¿y la primer persona con la que tuvieron su primer beso? ¿dónde está todo ese cariño que le tenían a su maestra de primer grado? ¿qué saben de ese vecino que se mudó que jugaba con uds.? ¿qué pasó con todas esas cartas románticas o charlas de MSN de amistad eterna entre ambas personas? Repito: pregunto, porque la verdad no sé. Ah, otra cosa: ¿y sus fotos con ex-amores o ex-amigos donde se abrazaban y sonreían tanto naturalmente como posando? ¿por qué dejaron de juntarse con ciertas personas con las que adoraban pasar horas y horas pasándola bien? ¿por qué muchos lloraron o tuvieron dolores de estómago culpa de alguien y ahora no les mueve un pelo? ¿por qué no extrañan ciertas cosas de otra persona específica, que juraron necesitar constante o regularmente? Todas estas preguntas seguro pueden ser contestadas con cosas como "Las cosas cambiaron", "yo cambié", "nos distanciamos", "fue en el pasado", "no sé, ni idea, simplemente pasó"... 


Ahora, yo pregunto: ¿por qué esas respuestas tan escuetas y poco elaboradas? Difícilmente alguien me conteste realmente, más por la etapa de la vida en la que se encuentren o porque depende del caso particular de cada uno.


¿Por qué pasa esto? Porque somos imperfectos, y no podemos esperar una creación perfecta de un artesano imperfecto, y es un hecho. ¿Esperan que sus actuales vínculos duren para siempre? Creo que vale la pena tener fe y esperanza, pero a no descartar la posibilidad de rechinar los dientes a futuro...