jueves, 13 de octubre de 2011

"Te quiero pero con la condición de..."

"Incondicionalidad", me encanta cuando las personas usan esa palabra como si nada, y me causa gracia cuán tercas pueden ser cuando aspiran, muchas veces de manera desesperada, a obtenerla por parte de alguien o cuando esperan que otra persona les inspire eso y las haga sentir bien (o algo así como hacerlas sentir mejores humanos), como intentando demostrarse que son capaces de querer y ser queridos.

Bien, la querida incondicionalidad, ¿es sencilla de experimentar? ¿somos dignos de ella? ¿existe realmente? Bueno, yo tengo varias respuestas después de ajustar unos cuantos tornillos sueltos de mi cabeza. Vamos por cada pregunta por separado y voy a tirar ejemplos para demostrar que la realidad me devuelve una teoría que sale airosa de su examen...

Primera cuestión/interrogante/pregunta/dilema/reflexión: ¿es sencilla de experimentar? No, no... Mmm... y no. ¿Por qué? Súper fácil. Nosotros en general no nos relacionamos con una persona en sí, sino más que nada con su presencia y con aquella representación que tenemos de ella, nuestra percepción, nuestra visión de ella (que no por eso es fantaseada o imaginaria, ¿eh? sino incompleta).
Tiro ejemplos:

Ejemplo 1: Una chica está (supuestamente) profundamente enamorada (supuestamente) de su novio/amigo/loqueseaquees debido a que ella dice (supuestamente) quererlo profundamente, además de sentirse identificada, acompañada, querida, admirarlo, preferirlo, extrañarlo y demás (sí, también supuestamente). Ahora... vamos a esto: supongamos que cuando le preguntamos a la chica qué le gusta de él o por qué lo quiere tanto ella nos dice que es por los buenos momentos que pasó con él o por lo divertido que es. Genial... vamos a dos situaciones: ¿qué si ella se da un golpe en el coco y de repente esos lindos recuerdos en su gran mayoría son borrados? Respuesta: el afecto ese va a disminuirse, diluirse, evanescerse, o cualquier otra metáfora física que se quiera usar. Segunda situación: ¿qué si ese tan heroico ser humano deja de ser gracioso y divertido? Pueden pasar, entre tantas cosas, que por ejemplo el vínculo cambie y se distancien, o que ella se adapte, porque en el fondo le interesó la persona de él en su totalidad y no su cualidad.

Ejemplo 2:  Supongamos dos mejores amigos, independientemente del sexo, se quieren profundamente por (supuestamente) conocerse mucho, lo cual hizo que se quieran mucho y que se confíen mucho y (supuestamente) se respeten. Bien, ahora... de repente una de las partes se entera que ese tan querido (y supuesto) confidente contó cosas que no debió (sí, se portó mal, como todo ser humano) y además tiene un dudoso buen concepto de su (supuesto) mejor amigo. ¿Qué va a pasar? ¿Hacer las paces como si nada, pedirse perdón, abrazo de oso y todo en final feliz? Oh, no, eso es en las series de Disney o pelis donde tienen alrededor de 100 minutos para acelerar vínculos entre los personajes, pero la realidad no es así. ¿Posible desenlace? Persona que no confío -> persona que no es mi mejor amiga -> no la puedo querer tan plenamente como creí -> si no la conozco tanto y quiero tanto -> no puedo confiar tanto (y puedo seguir, ¿eh?)

Segunda pregunta: ¿es sencilla de experimentar? No, nicht, non, não, не, niet. ¿Por qué? Por el simple hecho de que:

- No todos sabemos reconocer nuestros afectos y de dónde surgen (y no estamos pendientes tampoco).
- No es algo totalmente voluntario el querer a alguien de tal o cual forma.
- Nosotros cambiamos, y por tanto, las relaciones con los demás tienen un potencial rango de cambio.
- No todos consideran la palabra "incondicionalidad" y lo que ella significa y/o implica de la misma manera (tal como expresiones como "te quiero", "te extraño", "te amo", "amigo", "compañero", etcétera, etcétera).
- Al tener nuestra representación de la persona maleable y modificable, los afectos suscitados por ella pueden cambiar en intensidad o duración por ejemplo, sean cuales sean.
- Hay personas demasiado egocéntricas o egoístas como para llegar a ser conmovidos por alguien genuinamente (y acá meto en la misma bolsa al psicópata, al histriónico o a personas con algún que otro autismo leve inclusive).

¿Ejemplos? Sin rebuscar: miren a su alrededor, miren las fotos de Facebook de personas abrazadas que tuvieron que ser borradas o que quedaron de adorno porque el vínculo se arruinó o quedó nulo por ejemplo, miren álbumes de casamientos y bautismos, miren dedicatorias en tarjetas, postales y mails. ¿Las personas mintieron o crearon un sentimiento para con la otra por crueles? No, quizá no en todos los casos, pero simplemente sucede que la realidad no es tan maleable y predecible como uno cree (y los vínculos con otros mucho menos por supuesto).

Tercer planteo: ¿somos dignos de ella? Deeepende. Al criterio de muchos, personas genocidas, crueles, molestas o egocéntricas no se merecen el aprecio, preocupación o dedicación de alguien, por el simple hecho de que el ser humano no solamente busca querer como un héroe que se sacrifica por su patria sin recibir ningún mérito, sino que buscan un complemento egoísta a su aprecio (buscan ELLAS sentirse bien y poder decir cosas como "ME quieren", "YO puedo querer", siempre en referencia a ellas, aunque sea parcialmente). ¿De qué sirve aplicar algo o dedicarse a alguien si no se obtiene un placer que uno experimenta en su interior? Vamos, que uno no vive como esclavo a otro sufriendo si al menos en parte no se siente bien (¿sadomasoquismo quizá?).

Concluyo: ¿a qué quiero ir? Que entre los vínculos entre personas hay factores que influyen, condicionan o determinan: ¿ejemplos? El tiempo (meses o años para conocer y/o dedicarnos a alguien), la madurez de cada persona (ser un tarado enamoradizo o un ser demasiado egoísta), qué tengamos en nuestra cabeza (si estamos enquistados con la idea de no estar solos o ser populares, aferrándonos al primero que nos caiga bien), nuestras creencias (dudo un creyente pueda llevarse demasiado bien con un ateo que constantemente es blasfemo o dudo que alguien que no se cree digno de querer a alguien se mueva o persiga esa meta), nuestros miedos (quizá encontramos una persona en la cual refugiarnos o a cual temer), las cosas que compartimos o tenemos en común con ellas (gustos, intereses, creencias, opiniones, pensamientos, sentimientos, lugares físicos, horarios durante la semana, etcétera).

Por tanto, ¿la incondicionalidad existe? Bueno, quizá sí, pero si hay un intento o aspiración de equilibrio entre sacrificio (para no ser un héroe caído arrastrado) y egoísmo (esta vez en buen sentido, en referencia a intereses propios a veces por el de sobre otros), además de que haya una constancia e intensidad regulares (y de manera mutua) entre dos personas ya pasado un bueeen tiempo (no como parejitas que se aman profundamente en un par de meses cof cof). Además no vendría mal reflexionar el por qué queremos al otro, qué significa esa persona para nosotros y cuánto la conocemos (y cuánto creemos).

Vamos, ser humano, no seas tan imprudente de que se te escapen un par de palabras o gestos tiernos de los cuales después podrías arrepentirte...


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